Música

“La música siempre se resignifica”

Fueron las palabras del músico local Raúl Constanzo. Conversò con TiempoSur sobre sus futuros proyectos y sus orígenes, un diálogo musical que pone en movimiento a sus canciones.

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La cotidaneidad, las calles grises, el viento fuerte, son los aspectos riogalleguenses que inspiran la composición de Raúl. “La ciudad tiene una carga fuerte que se refleja en todo” explicó el músico. Con cuna en el barrio APAP y un aprendizaje que va desde tocar de oído hasta universidades de La Plata, suma varios proyectos musicales y no planea parar.

Atravesados por el rock alternativo, formó un dúo que aún no tiene nombre con su hermano Carlos. “Estoy tratando de devolverle un poco de todo lo que me enseñó” comentó, recordando cómo desafinaba sus guitarras en un primer encuentro adolescente con la inspiración de Soda Stereo.

Con su otro hermano, con el que comparte más corazón que sangre, Luciano Varela también graba canciones. Es su productor y amigo de la infancia. Tocan el piano y la guitarra y le ponen melodía a lo que llevan dentro. “Si tenés herramientas para hacerlo, la cuarentena es una oportunidad para estudiar instrumentos, desarrollarse en las redes” comentó.

Sin embargo, el contacto con el público es de las cosas que más extraña. A Raúl le encanta tocar, hacer ruido, que se escuche fuerte y abrirse un espacio en donde pueda acomodarse. A lo largo de su carrera buscó correrse de los lugares comunes y crear sus propios escenarios, tocando en plazas, en la costanera, construyendo la oportunidad de compartir algo de música.

Cada vez que puede, se nutre de diversos estilos, de hecho su banda sonora del proceso de aislamiento social, preventivo y obligatorio es un abanico que varía desde el rock de los ‘60 hasta el trap de hoy. “La ejecución de los instrumentos se reinventa, está buenísimo que haya varios estilos. La música siempre se resignifica” celebró.

El gen de la pasión

Su amor por la música comenzó como un ejercicio de curiosidad. Mamó todo lo que escuchaba e interpretaba hermano mayor, con quien se sentaba a escuchar discos enteros, nutriéndose de cientos de artistas. Empezó a tocar la batería de oído cuando usaban su living como sala de ensayo en proyectos de los que no formaba parte, pero que fueron el puntapié para el camino trazado al día de hoy.

Antes de terminar el secundario, tocó la guitarra en la banda Septiembre con estilo eléctrico y gestó un proyecto solista llamado José Miel, electroacústico. Todos los instrumentos con los que desarrolló los primeros pasos de su carrera musical eran prestados.

 

La aventura platense

En 2006 estudió Educación Musical en la Universidad de Bellas Artes de La Plata. “Requería un nivel que no tenía así que cursé ahí, después en un conservatorio privado y terminé en un terciario de Berisso” detalló. En cada institución se forjó su ser artista, sus ganas de tocar. En la ciudad de las diagonales pudo presenciar shows de los músicos que más admira, desde Charly hasta Radiohead.

Si tuviera que elegir un artista favorito, elegiría a Luis Alberto Spinetta. “El flaco como músico es una nave, un poeta. Personalmente me dio un amor inconcebible” confesó. Entre apuntes de partituras en una pieza de la pensión que habitó formó The Baobabs. Durante más de un año interpretó noise distorsionado en este proyecto.

Posteriormente experimentó con el indie Chefenet, banda de sureños en Buenos Aires. Con este grupo, integrado por Matías y Kevin Shegnfet. La composición colectiva hacía que se turnaran para hacer las bases y cantar entre los tres. Hay registros caseros que dan cuenta de este recorrido en Soudcloud.

Crear de nuevo

En 2012 regresó a la tierra que lo vio nacer. Al año siguiente ejerció como tallerista en una propuesta educativa. Enseñó guitarra en una escuela especial local. Relató que lo contactó el bajista de Ojos Espirituales, Cristian Oliva “él se dedica a eso y en paralelo empecé de cero en el Conservatorio Provincial de Música donde todavía estudio”.

No estaba en sus planes empezar a enseñar de esta manera, pero la práctica lo sorprendió gratamente. “Cuando lo descubrí me encantó, está buenísimo brindar algún conocimiento y que sea retribuido. Me gusta enseñar, que eso se transforme.

La docencia es algo muy lindo” comentó. Casi sin querer, lleva 7 años ejerciendo, inspirando a futuros músicos como idóneo en colegios primarios de Río Gallegos. Se va adaptando a las realidades de las aulas y su herramienta favorita por estos días son las producciones audiovisuales. “Los chicos pueden sorprender” comentó, explicando que se puede despertar una vocación si se los escucha, si se los guía.

En este trayecto, grabó varios temas con Aurora, otro proyecto solista que decidió llevar a una banda con batería, bajo, teclado y guitarra. De manera autogestiva pero prolija, pudo materializar varios singles de rock psicodélico. Al año la banda se disolvió, pero no las ganas de crear.

Por eso junto con Lara Castillo y Marcos Berón nació Simmio. “Tuvo mucha repercusión por lo que pudimos ver y estuvo muy bueno” celebró. Este proyecto atravesó varios cambios de formación y cierta intermitencia en su etapa final. Participaron de Sonoman Sessions en 2018, componiendo un material audiovisual que expresa todo lo que representó su banda más duradera.

El último proyecto del que participó fue en la musicalización del taller de danza experimental A Dos Cuadras de la Luna, dirigido por Marta Ventura. Eligió la palabra empoderante para describir la esencia de esta combinación de artes. En distintos estilos y roles, Raúl Constanzo siempre hizo música. Resta esperar un tiempo para descubrir otra expresión de este escritor y multiinstrumentista sureño que nunca deja de sorprender.


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