Básquet

La Historia del Portentoso Alejandro ‘’Koko’’ Rodríguez

El santacruceño por adopción que fue compañero de Ginóbili  ‘’Manu siempre buscaba nuevos desafíos’’

La Historia del Portentoso Alejandro Koko Rodríguez
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Génesis

Alejandro Ariel Rodríguez (30-07-79), padre de Aaron (22), Agustín (16) y Emma (2), se acomoda en la casilla vial situada a un lado del control policial de Guer Aike, a 17 KM de Río Gallegos, sobre Ruta Nacional 3, en la provincia de Santa Cruz. Ha jugado en CASI todos los equipos de la ciudad de capital, (Hispano, Boxing, San Miguel, Unión Santacruceña y hoy Boca RG), dirigido un proyecto inclusivo en el San Benito y actualmente a la espera de volver a la actividad formativa en Los Tigres, una franquicia nueva en la escena santacruceña que aglomera muchos pibes y necesita de espacio vital para continuar con la actividad. ‘’Koko’’ en un año logró llevar un Promocional desde el puesto 11 a semis, y va por mucho más. Hombre del deporte y conocido por toda la comunidad riogalleguense, sobre sus anchos hombros descansan hasta construcciones de clubes como albañil, caso Boca RG.

De lunes a viernes en el turno tarde del Operativo Verano Vivo, parte de un trabajo conjunto de la división ABORDAJE TERRITORIAL DE AGVP, que otorga a los viajeros una bolsa de residuos para el auto (VIAJAR SIN HUELLAS) y que además contiene en su interior un mapa con todas las rutas de la provincia y su estado actual, Ariel recibe al cronista que llega luchando con el viento. El básquetbol cruza la vida de ‘’KOKO’’ desde los 10 años, cuando siendo jugador de fútbol en su Pedro Luro natal (Suroeste de Buenos Aires, 14.500 habitantes, donde comienza a nacer la Patagonia Argentina), UN ENTRENADOR DE BÁSQUETBOL LE PIDIÓ POR SU ALTURA QUE SE ACERQUE A LAS PRÁCTICAS DEL DEPORTE BASADO EN EL BOTE DE LA NARANJA, más precisamente a las instalaciones de Club Fortín, que era la base deportiva de aquel tiempo en la región. Aceptando el convite, ya no hubo vuelta atrás. Desde su 1.95 metros se relaja al final de la jornada laboral y recibe a TiempoSur, emocionado por hablar de la actividad que lo apasiona. Son contados los casos de haber compartido equipo con dos ex NBA (Pepe Sánchez y un tal Emanuel Ginóbili, cuatro anillos de campeón y dos presencias en los ALL-STAR), y la frutilla del postre, en los tiempos donde dichas estrellas no eran famosas, más bien simples pibes repletos de sueños y una manera de enfocar el profesionalismo novedosa para la época que los llevó a las cumbres del deporte mundial. Alejandro la peleó desde muy chico, su madre es una presencia absoluta en su crianza, y desde la humildad buscó un destino primero como jugador profesional, y luego como un laburante más. Las posibilidades en su pueblo natal son trabajar en el agro (se cosecha mucha cebolla) y en el comercio, así que luego de la experiencia en Bahiense del Norte (club de Bahía Blanca con una de las mejores canteras formativas DEL MUNDO), asomó la posibilidad de llegar al Sur.

2-En 1999 y con 20 años recién cumplidos, Alejandro Rodríguez llegó a la provincia de Santa Cruz, en específico a Caleta Olivia. La misión; la de muchos que emprendieron rumbo al Sur profundo, buscar un bienestar económico junto a su pareja, que tenía un contrato de trabajo universitario en la ciudad del Gorosito. ‘’Al día siguiente de llegar, pregunté en dónde hacían básquet, llevaba un año y medio de inactividad desde que dejé Bahiense, y necesitaba encontrarme de vuelta con la pelota; TODAVÍA ME VEÍA MUY BIEN FÍSICA Y ATLÉTICAMENTE Y HACÍA DIFERENCIA JUGANDO’’. La competitiva Liga local de Comodoro lo llevaba todos los fines de semana a Chubut para defender los colores de los representativos caletenses, llamando la atención de los reclutadores de Gimnasia y Esgrima de Comodoro Rivadavia, que por una cuestión de edad (ya no era juvenil) no concretó el reclutamiento.

Comienzo en Bahía y compañerismo con Manu

‘’Koko’’ siempre se emociona al recordar a quien considera su formador en el básquetbol y en la vida, el entrenador de Bahiense del Norte históricamente, Alejandro Navallo. ‘’Me enseñó todo lo que sé sobre básquet, una manera de jugar sencilla, con fundamentos. Me echaba siempre de las prácticas por mi carácter, creo que batí el récord, pero soy un agradecido porque fue un docente espectacular, hasta el día de hoy es un número uno’’. Año ‘95 y después de varios intentos fallidos para desembarcar en la capital del básquet argentino, golpearon la puerta de su casa cuatro emisarios llegados desde Bahía Blanca, dos entrenadores y dos técnicos. La oferta, vivir en la pensión del club, comer en el buffet tradicional de todas las instituciones, jugar primero en infantil B y al otro año en cadetes y ganarse el lugar en juveniles, progresar, e iniciar un camino al profesionalismo, como Manu, Montecchia, Pepe y tantos otros.  El torneo local bahiense era y es uno de los más fuertes del país, con 16 equipos en una ciudad de 300.000 habitantes. Muchos de ellos, pagos.

Allí fue a ganarse un lugar el oriundo de Luro. Donde están los que juegan de verdad. Al cruzarse por la calle con Diego Apelhans, vecino de la ciudad, este le comentó que tenía un primo en Bahiense y si quería le hacía el contacto. Y así fue.

MANU

‘’Apenas llegué a Bahía, conocí a Manu Ginóbili en el club, me sorprendió que fuera tan pero tan flaco, flaquísimo. Manu es dos años mayor que yo, por lo tanto tuve que destacarme en las categorías cadete para que me promocionen a Juveniles donde estaba jugando Emanuel, que en ese entonces y guardo las revistas de la época, lideraba en puntos, triples y asistencias en las categorías y ya tenía minutos en la primera local, se veía las condiciones que portaba, pero principalmente lo profesional que ya era siendo tan pibe, porque tomaba complejos vitamínicos, ingería proteína, siempre elongaba mucho y al entrar en calor hacía todo progresivo. Yo lo miraba y pensaba, ¿de dónde saca todo eso…?’’, dice Alejandro desgranando recuerdos a mansalva entre el furioso viento patagónico.

‘’Cuando compartís cancha con jugadores así, todo se hace más fácil. Por los recursos con los que cuentan te hacen tu tarea más sencilla, como quien dice te las devuelven todas redondas y te digo algo, yo presencié en la cancha de Estudiantes (hoy Weber Bahía) la primera vez que Manu la volcó en un partido, era de locos la emoción que tenía, hasta ese entonces sólo lo lograba en entradas en calor. Pepe Sánchez fue otro compañero ilustre que tuve (oro olímpico en Atenas 2004), entraba al club y estaba vestido todo de Topper, el ‘’Hombre Topper’’ le decíamos, que lo auspiciaba y le regalaba bolsos enteros de ropa, para nosotros era un marciano. También muy serio a la hora de entrenar, o sea al talento que tenían le ponían mucha constancia, creo que ambos vivían para eso, siempre complementaban gimnasio, buscaban oportunidad en Liga Nacional y después la vida los sorprendió. ESE AÑO Y MEDIO CON Ginóbili no voy a olvidarlo jamás, compartir un quinteto inicial en juveniles con él. Creo que esa guía y esa contención familiar que les brindaban en su casa me faltó a mí y a otros reclutados donde podríamos haber hecho otro camino y lamentablemente no se dio. Pero pude formar parte de un equipo de cadetes histórico, campeón, en el cual aporté mi defensa logrando bajar los puntos de los goleadores rivales. Tené en cuenta que Bahiense contaba con 48 cadetes y yo formaba parte de uno de los cuatro equipos, el A. La prensa bahiense me bautizó ‘’el Portentoso’’ por la manera de luchar por los rebotes que tenía, enfrentando a Pacífico, a Olimpo, a todos los grandes equipos de aquella época en una zona histórica para el básquet’’.

De Manu recuerda que ‘’venía con Luis Desio siempre a la pensión pegada al buffet y hacíamos torneos de truco interminables, donde pude compartir con la persona más allá del jugador. No había PlayStation, nos volcábamos también al póker jaja, y también hemos hecho más de una previa para ir al boliche’’.

 

Argentino U-15 en Santa Fe

‘’Tuve la suerte, la bendición, de que la Federación de Básquetbol de Santa Cruz en el Argentino U-15 de Santa Fe 2018, me eligió como entrenador acompañado en el cuerpo técnico por Alberto Salazar, en ese torneo histórico, que juntó a las 24 federaciones del país, antes de la pandemia. Experiencia única, hicimos un buen papel, donde como padre pude dirigir a mi hijo y a los mejores valores jóvenes de nuestra provincia, que los hay y muchos’’.

 

Un proyecto iniciador en el San Benito

‘’Fue mi primera experiencia como entrenador, 2016, ad-honorem, y realmente apasionante. Tenía más de 80 chicos, nos quedamos sin horarios en el gimnasio ante el poderío económico de patín. Es una semillita sembrada por Mauricio Gómez Bull, un proyecto hermoso junto a otro profe (Mariano Poeta) que incluso tuvo la presencia de jugadores de Liga Nacional y un ex NBA como Derrick Carachter’’.

Recuadro 2

Tigres y una filosofía de barrio más las expectativas de la vuelta

‘’Llegué a través del precursor Martín Aloy y encontré gente que hace todo a pulmón, como en el tema de Alejandro Lerner,  Los Tigres es lucha, PONERLE EL ALMA A LA Escuela 55 y competir,  constancia, beneficios para viajar a través de bingos, rifas, ferias de empanadas, mucho trabajo y pasión. Esperamos espacio para volver. Me gustó mucho el trabajo de los padres y la Comisión’’.