Lollypop

La espera de un perrito ciego y sordo que devolvieron tres veces

Deambulaba por la calle en situación de discapacidad, nadie sabe cómo sobrevivió solo tanto tiempo. Cada vez que lo daban en adopción, era devuelto. Hoy, gracias a sus rescatistas y a una familia responsable que decidió integrarlo como uno más, Uriel -como lo apodaron- vive una vida feliz lejos del abandono.

Antes lo llamaban Mamba, ahora lo re-apodaron Uriel.
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Claudia Rodríguez y Luis Barrientos son una pareja que se autodenomina “bicheros”. Tienen canes salvados de enfermedades como moquillo, un Pitbull al que personas sin escrúpulos antes utilizaban para peleas clandestinas, gatos, cotorras y un loro. Lo que todos tienen en común es que son rescatados y, recientemente, también se sumó Uriel.

“Lo encontraron deambulando y una chica lo buscó y me contactó para que le busque hogar, pasó por tres. En ninguno se adaptó, en el último estuvo dos semanas y el chico me avisó que ya no lo podía tener porque peleaba con su perra”, indicó Martina Díaz, rescatista voluntaria de Río Gallegos, quien se mostró conforme y agradecida con Luis y Claudia, los últimos adoptantes.

“Es de raza pastor irlandés y los han ido cruzando entre hermanos para sacar dinero y se fue degenerando genéticamente la raza, por eso nació con estas fallas: Albino, ciego, sordo y sin cola. Pero bueno, es un animal que nació así, está acostumbrado a vivir de esta forma y se desenvuelve de una manera diferente al resto”, indicó Luis.

La incorporación de este rescatado se logró gracias a las redes sociales: “Vimos la adopción de él por una familia y a los pocos días la devolución y así varias veces, ya que por uno u otro motivo lo terminaban entregando”, indicó Luis, quien luego de hablar con Claudia, su mujer, decidieron investigar por internet antes de tomar la determinación. Luego, se incorporaron en la lista de espera para posibles adoptantes por si fallaba la última adopción; de donde justamente avisaron que lo devolvían.

Con mucha paciencia, el matrimonio ha logrado cambiar la conducta del animal, al que muchas veces se le tildó de agresivo. Según señalaron, esto le sucedía porque al tener problemas visuales y no tener cómo escuchar, cualquier acercamiento de otro animal lo hacía reaccionar de manera abrupta, provocando una respuesta agresiva por parte del can que solo se acercó a olfatear. Además, daba pequeños mordisquitos como muestra de afecto a las personas, costumbres que, gracias a la calma y el tacto, lograron mejorar hasta tener una total adaptabilidad.

“Tuvimos muy buen feeling con él desde el primer momento, lo trajimos a casa presentándolo a los otros perros y gatos, lo guiamos por los sectores de la casa para que armara un croquis en su cabeza y así arrancó”, indicó Claudia sobre el can, el que sabe dónde está su comida y agua.

En paralelo, también comenzaron a sacarlo de paseo, generando un lazo de confianza que quitó de raíz el nerviosismo o temor del animal. “La convivencia es buena (…) Decidimos darle una oportunidad y él nos devuelve mucho amor”, finalizó la pareja. “Yo creo que él los eligió”, indicó Martina sobre Uriel, quien se quedará junto a esta última familia para siempre.


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