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La culpa no es de los perros

Los canes han sido objeto de discordia en Río Gallegos. Mascotas, parte de la familia, pero también consecuencia de años y años de irresponsabilidad de nosotros mismos.

Los perritos sobre una laguna congelada la semana pasada. (C.G)
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Pocos temas locales de Río Gallegos dividen la opinión pública como los perros. El tema ha sido tratado incontables veces a lo largo de los años, siendo tópico para ordenanzas, normativas y opinión de todos. La proliferación de los canes en las calles tiene sus problemas como la rotura de bolsas, la mordedura a los vecinos y la continua reproducción de los mismos. Pero es hora de hacer un mea culpa y encontrar de una vez al responsable, que somos los mismos vecinos.

Los perros son muchas cosas. Pueden ser amigos, mascotas y parte de nuestra familia. Incluso en algunos casos son encasillados en los guardianes de la casa, cumpliendo un rol fundamental en la compañía también de los niños, pero hay algo que no son: Culpables.

Es cierto que los amigos de cuatro patas muchas veces pueden ser causantes de problemas, pero hay que entender que actúan por instinto, no por raciocinio, a diferencia de los seres humanos.

De hecho, este medio pudo conocer en los últimos días -y es solo por citar un caso puntual- que dos canes del barrio Valentín Feilberg tuvieron que ser reubicados debido a la constante violencia a la que eran sometidos por parte de vecinos del lugar, un hecho totalmente repudiable.

¿Qué podemos hacer?

La solución que se ha planteado en Río Gallegos pasa por la castración como único método de control poblacional. Desde hace diez años la capital santacruceña dejó de ser una ciudad eutanásica.

Además, en el año 2018 se aprobó la ordenanza que en un primer momento, hace la distinción de perros domiciliados, semi-domiciliados y callejeros.

Asimismo, establece como prioridad en uno de sus artículos la esterilización como el control masivo de la población, poniéndose como objetivo un total de 6000 perros castrados por año, es decir, 16 animales intervenidos de manera diaria incluyendo sábado y domingo.

Asimismo, establece que se deberá contar con móviles para el retiro –término por el que reemplazaron la palabra “captura”- de la calle, llevándolo a un “predio e instalaciones adecuadas”, algo conocido anteriormente como la perrera.

Por último, establece que por todo animal que sea capturado en la vía pública y figure en el registro de animales se deberá abonar una multa de 30 mil módulos ($1500).


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