Primera parte

¿Hay una elite decidida a esclavizar o eliminar a gran parte de la población mundial?

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Juan Szymankiewicz
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Por Juan Szymankiewicz

 

En 1798 se publicó un libro titulado “Ensayo sobre el principio de la población”, escrito por Thomas Robert Malthus. Sus ideas sobre las consecuencias de un aumento de la población humana y la necesidad de control, levantaron ampollas en una sociedad que pensaba que la riqueza de una nación dependía de su número de habitantes. Fue el primero que logró llamar la atención sobre un problema acuciante, grave, urgente y silencioso: la superpoblación.

La población mundial actual a tiempo real según datos de Census.gov (2020) sería de 7625 millones de personas.

Paul R. Erlich, en su libro “La explosión demográfica” (1968) dedica un capítulo titulado -¿Por qué no todo el mundo está tan asustado como nosotros?- a explicar la percepción de este conflictivo asunto. Ya decía Albert Einstein que el mayor problema de la humanidad es que no entiende la función exponencial. Quizás lo dijo refiriéndose al crecimiento demográfico…

En 1972, por encargo del Club de Roma, el Instituto Tecnológico de Massachusetts elabora el informe “Límites al crecimiento”, que concluye con que “no puede haber un crecimiento de población, económico e industrial ilimitado en un planeta de recursos limitados”; este informe fue actualizado en 1992 y en 2004, con las mismas conclusiones.

El controvertido político estadounidense  Henry Kissinger, influyente actor en la política de los EEUU y presunto fundador del grupo Bilderberg dijo en 1974: “La despoblación del tercer mundo debería ser la principal prioridad de la política exterior en el tercer mundo”. Esta frase constituye toda una declaración de intenciones.

En un estudio posterior, denominado Informe Global 2000, se concluye: “Con la persistencia de la pobreza y miserias humanas, el crecimiento tan acelerado de la población, y las necesidades humanas siempre crecientes, las posibilidades de un daño permanente a los recursos del planeta son algo muy real”.

Todos estos informes son una muestra de que en EEUU, la superpoblación mundial es considerada un problema de seguridad nacional y que, por consiguiente, les podría llevar a emprender políticas de control demográfico fuera de sus fronteras. Hombres como Cyrus Vance (sucesor de H. Kissinger) y Zbigniew Brzezinski (secretario de Estado y consejero de Seguridad Nacional durante el mandato de Jimmy Carter) señalaron en 1980 que “toda la política norteamericana debería depender del control de la población mundial”.

Algunas fuentes citan que, para Kissinger, la población debería ser, en todo caso, inferior a 500 millones de personas.

Según el informe de la Conferencia Internacional sobre Población y el Desarrollo de la ONU del año 1994, el 80 por ciento de la población vive en subdesarrollo. La cifra que se le atribuyen a Kissinger equivaldría a matar, a ese 80 por ciento.

Asimismo, destaca un libro publicado en 1977 llamado Ecoscience. Su autor, John P Holdren, analiza en profundidad el problema de la superpoblación. Dos cosas llaman la atención sobre este trabajo. La primera es que propone un abanico de soluciones que van desde la planificación familiar voluntaria hasta formas forzadas de control de la población; a saber: aborto obligatorio, adición de esterilizantes al agua o a alimentos básicos y esterilización forzada a las mujeres una vez que han dado a luz un número prefijado de hijos. La segunda cosa que llamó la atención es que Holdren era el asesor científico del expresidente Obama…

En junio de 2012 la revista The Lancet Infectious Diseases alertaba en un artículo de que el 36 por ciento de los 1437 fármacos para combatir la malaria en el Sudeste asiático, eran falsos; también el 20 por ciento de los 2634 estudiados en el África subsahariana. Además de los fármacos falsos, otro tercio de las muestras no tenía la calidad adecuada.

Jean Ziegler, vicepresidente del Comité Asesor del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, en su libro Destrucción masiva: Geopolítica del hambre, afirma: “El hambre tiene un cierto parentesco con el crimen organizado”.

En el libro “El Mundo según Monsanto”, libro de la periodista especializada en agroalimentación Marie Monique Robin, Monsanto (Bayer) domina el mercado mundial de semillas convencionales y transgénicas. En opinión de la autora “Dominar las semillas es dominar los estómagos, la población mundial o sea la independencia alimentaria en el mundo”.

 


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