Especial para TiempoSur

Guía de Turismo y Docente: La vida de una argentina en Israel, el país que logró la normalidad

Liliana Svirsky Kafensztok se fue en 1990. Estudió para Guía de Turismo y revalidó su título como Maestra Jardinera. "Decidí venirme a vivir al lugar donde siempre soñé, que era Israel, no me escapé de nada", contó. Cómo atravesó la pandemia en un país que desde hace días no es obligatorio usar el barbijo ni la distancia social.

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Israel, el primer país que volvió a lo más cercano a una "normalidad" en medio de la pandemia que azota con su segunda ola, vacuno a casi el 60% de la población que supera los 9 millones de habitantes, con dos dosis de vacunas desde diciembre de 2020.

El país también fue noticia hace días atrás porque permitió a la población el no uso del barbijo, una de las armas fundamentales contra el contagio del Coronavirus.

Según el Ministerio de Salud de Israel, la población puede obtener Certificado de recuperación, para los que se recuperaron del COVID y Certificado Verde (o Green Pass) y Vacunación, cuyo requisitos para estos últimos es haber recibido dos dosis de la vacuna. 

Este "pase verde", que se debe portar junto con su identificación (y puede bajarse en una App) permite asistir a gimnasios, espectáculos deportivos, musicales, teatros, cines, restaurantes, cafés y hasta a conferencias. 

En esta tierra histórica, más precisamente Jerusalén, vive la santafesina Liliana Svirsky Kafensztok (56) con su marido y tres hijos (27, 24 y 16 años).

"Decidí venirme a vivir al lugar donde siempre soñé, que era Israel, no me escapé de nada. Simplemente fue una decisión porque siempre soñé estar acá"", contó Liliana a TiempoSur, que además de Guía de Turismo, es   Docente y reside en Israel desde 1990.

El 13 de marzo del 2020 fue el último día que trabajó por la obvia afectación del pandemia al turismo. "Estaba con un grupo de brasileros, así que los mandé devuelta a su casa", recordó.

Todavía las fronteras están cerradas. "Es lo último que va a abrir, así que pasé de estar todo el día en la calle y tener un país con 5 millones de turistas, a cero, a punto muerto y con el freno de mano puesto. No me fue fácil".

Su situación económica no se complicó. El gobierno hasta la fecha paga un bono de desempleo "a todos los que perdieron su trabajo y recibimos un 70% del salario".

Israel tuvo tres cuarentenas: La primera duró dos meses y la segunda y tercera fue durante un mes y medio aproximadamente.

Liliana fue vacunada el 5 y 26 de enero, y también casi toda su familia fueron inoculados con la vacuna de Pfizer. (Uno de sus hijos se contagió y estuvo aislado durante 38 días).

Cuando llegó a Israel, estudió en Universidad Hebrea de Jerusalén y se especializó para realizar guías a católicos y evangélicos, pero también cuenta con una especialización en Arqueología e Historia principalmente sobre Jerusalén.

"Me encanta este país y que entiendan y conozcan la convivencia, porque Israel es un país que está lleno de minorías religiosas que viven y conviven día a día. Y eso es también lo que trato de mostrarles, porque no sólo es política y enfrentamientos, guerras y conflictos, sino que Israel también es un mercado, un teatro, un cine, una calle. Es convivir con drusos y musulmanes", marcó.

Pero hasta que se recibió como Guía, Liliana debió revalidar su título como Maestra Jardinera que había obtenido en Argentina, y en donde dictaba clases en la Escuela Hebrea de Paraná. 

"Pero mi pasión es ser guía de turismo", aclaró.

Durante la pandemia, estimó que 90% de la población respetó "las leyes y protocolos"."Obviamente la gente se enojaba, como un político que fue a visitar a sus hijos cuando todos estaban encerrados. Eso existe en todas partes. Lo bueno que hizo el primer Ministro fue preveer y comprar las vacunas, pero fue poner cuatro veces más el valor de las vacunas, y comprarlas, y así terminar con esta historia", precisó.

Salvo los lugares cerrados, como colectivos y comercios, se puede circular sin barbijo. "No existe más el distanciamiento social y la semana que viene se pueden ir a estadios. Estará todo abierto", celebró.

La vacunación no es obligatoria, pero Liliana señaló que por ejemplo, los docentes que se vacunaron, deben realizarse testeos continuamente para demostrar que son negativos.

"Todo el mundo en contacto con otras personas en lugares cerrados debe demostrar que no está contagiado porque si no, no terminamos más con esta historia", marcó.

Por ahora, hay pocos casos de variantes del Covid. En Israel llegó la cepa de la India.

"La vacuna en mi caso es válida hasta julio, pero Israel compró vacunas hasta el 2022. Es decir, este año y el año que viene", contó.

 

TS: ¿Que le cuentan sus familiares de Argentina sobre lo que sucede en nuestro país?

Liliana: Tengo familiares en Santa Fe, Capital Federal, Buenos Aires y Bariloche. Cada uno me cuenta lo que vive y como decimos nosotros, está todo el mundo a las puteadas. La Argentina nunca estuvo bien y esto como que la está quebrando del todo. Mi punto de vista, viviendo a 40 mil kilómetros, es que si bien estuvo re bien que el Presidente Fernández haya cerrado las fronteras, creo que no tenía sentido que los encierre a todos cuando casi no había casos. Tenés un país del tercer mundo, con un puñado de clase alta, la clase media casi no existe, y el resto es pobre. Entonces no podés encerrar un país entero, porque sino, ¿de qué se vive?

La gente está podrida, está cansada, se queja todo el mundo, así que los entiendo.

 

TS. Ya hizo su vida allí en Israel. Pero, ¿volvería a Argentina? ¿O no volvería jamás y solo de vacaciones?

 Es una buena pregunta. Pero yo no me fui escapando de Argentina, yo decidí venir a vivir a Israel. Era joven, vivía bien, no tenía problemas económicos. Tenía dos trabajos, no me faltaba nada, aunque obvio que en esa época vivía con mis padres.

No estoy contenta diciendo "qué bueno, estoy acá y por suerte estamos todos bien y con vacunas", sino que me pone mal que la gente allá no esté bien, y no esté vacunada y que la situación económica esté mal. No me podría poner feliz sabiendo que tengo, amigos familiares y seres humanos que la están pasando mal. Que a la Argentina no me iría, seguro, pero tampoco me iría a Chile, el Congo, ni Estados Unidos, ni a ninguna parte. Estoy bien acá y me encanta este país. Soy sionista, nos adoptamos mutuamente. Obviamente iría a visitar amigos y parientes y cada vez que viajo descubro un rinconcito nuevo y la veo con otros ojos, que a veces me duele el alma con esa impotencia de no poder hacer nada.

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