Liga de los Barrios

Feliz cuarenteaños

Una entidad nueva en la ciudad y en la Asociación Independiente de Fútbol de los Barrios cumplió años. Fue el club Espartanos de Río Gallegos. El tercer aniversario le llegó al Tricolor en tiempos de pandemia y cuarentena. Los dirigentes tenían preparada una cena pero la misma debió ser suspendida. Su presidente, Norman Walter Azúa, habló en forma exclusiva con TiempoSur . Contó la historia y mucho más.  

El equipo de Primera, en el último partido antes del parate.
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Fue un cumpleaños distinto. Hace unos días, uno de los equipos más nuevos de la Liga Independiente de Fútbol de los Barrios celebró su tercer aniversario. Con la alegría de lo vivido hasta acá. También la felicidad de, después de tanto sufrir y trabajar, haber podido darle continuidad al proyecto. Y que el mismo, a estas alturas no sólo esté sólido, consolidado, sino también a las puertas de conseguir lo que sería su primer gran objetivo en lo deportivo. Como lo es un ascenso. Más allá de cómo termine la cosa, nada ni nadie podía haberse imaginado este presente. No, al menos, en este corto tiempo. La clave está en la tarea realizada. Con compromiso, constancia, orgullo, pertenencia y pasión. Por todo esto, y más allá de la situación especial en la que se encuentra el país, y el mundo, sin dudas que para Espartanos de Río Gallegos fue un Feliz Cumpleaños. Acerca de cómo nació el club, y poco más también, habló de manera exclusiva con TiempoSur su presidente, Norman Walter Azúa. La historia emociona. En sus palabras, más todavía.

-¿Qué sensaciones te genera este nuevo aniversario del club?

La verdad que me genera una alegría enorme, porque con la actividad desde cero. Apoyando lo que fue un proyecto inicial que surgió de los mismos chicos.  Ese es nuestro club. Nació de un puñado de chicos que eran todos del barrio y jugaban en un mismo espacio. Por ese entonces representaban a una Junta Vecinal. De repente, quisieron ir más allá y crearon lo que hoy es nuestro club. Nosotros los grandes, lo que hicimos fue acompañar el deseo y las ganas de ellos aportando nuestro granito de arena. Más que nada en lo organizativo e institucional. Porque para ellos era simplemente una cuestión de hacer rodar la caprichosa, como se le dice a la pelota, y listo. Pero no, el hacerlo conlleva a responsabilidades y obligaciones con las que hay que cumplir. Gestionar cosas, por ejemplo. Lo hicimos creo que bien, con una conducción apolítica y medianamente ordenada. Les enseñamos que no es sólo querer hacer un club y anotarse en un torneo. Les hicimos ver que se necesitan otras cosas como respetar las reglas de juego o los reglamentos establecidos. En nuestro caso, someternos a lo que es este gigante llamado Liga de los Barrios. Una competencia exigente en todo sentido. No sólo en lo deportivo sino también en lo administrativo y económico. Entrás a un sistema que, entre otras cosas, genera gastos y tenés que crear esas herramientas para poder cumplir con la parte monetaria. Entrar a un torneo así y armar una estructura de trabajo, dentro del club que está naciendo, no es fácil. Mantener todo eso en el tiempo, tampoco. Por eso, cuando cumplís un año más de vida, te brota una alegría grande. Casi inexplicable.  

 

-¿El hecho de que estemos en cuarentena hizo que sea diferente?

Sí, claro. Antes que pasara todo esto nosotros estábamos organizando una cena, para que cada jugador pudiera disfrutar de un momento de alegría y un buen festejo. Algo que creemos que los chicos se merecen. Por este tema del Coronavirus y la cuarentena, obviamente, tuvimos que suspender todo. Quizás más adelante podamos hacerla a la fiesta y cumplir con ese deseo que teníamos. Ese era nuestro objetivo primordial para este año desde la Comisión. Porque además de festejar un nuevo año de existencia y la posibilidad de poder continuar con el proyecto, queríamos celebrar el buen desempeño deportivo que veníamos teniendo tanto en la categoría Primera como en las otras divisiones, con los infantiles. Pero bueno, por ahora esto tendrá que esperar. Confiamos de todas maneras en que en algún momento de este año lo vamos a poder hacer. Es lo que anhelamos. Ojalá llegue con un condimento extra, como sería el tan ansiado ascenso a la C con el equipo mayor. Nos tocó hacer un primer festejo con cada uno desde sus casas. Lo hicimos con la alegría de saber que estamos aislados pero todos unidos.

-¿Cómo fue que arrancó el club?

Fue por decisión más que nada de un grupo de chicos que jugaban siempre en torneos barriales. Éstos organizados por la Junta Vecinal del Barrio Natividad. Ese mismo grupo de chicos, o casi el mismo, se organizaron y empezaron a jugar en distintos torneos. Dejaron el propio barrio y se fueron a competir a otros como Los Lolos y San Benito. Pasó el tiempo y después de deambular por distintos torneos, como le pasa a la mayoría de los pibes de nuestra ciudad, quisieron ser parte de la Liga de los Barrios. Ahí empezó todo, entonces. Nos organizamos como club. Conseguimos las autorizaciones correspondientes para el primer torneo de invierno, que organizó la A.I.F.B. hace unos años y pudimos jugar. Federico Grippo fue el DT. También prácticamente el mentor de todo esto. La experiencia fue muy rica pero sin buenos resultados. Terminamos casi últimos esa temporada. Pero a la vez, tranquilos porque sabíamos por dónde iba lo nuestro. Y que se necesitaba tiempo para poder trabajar con los chicos y competir seriamente. Lo que pasó en aquel primer torneo no nos desanimó. Volvimos a anotarnos al siguiente, ya mejor preparados y más organizados, por ejemplo, administrativamente. El tema del orden institucional es una de las exigencias de la A.I.F.B. Así fue que se armó la primera Comisión Directiva. Un 14 de abril del 2017, con un grupo de padres todos del barrio. Nos aceptaron en la Liga de los Barrios y empezamos a jugar ya los torneos oficiales. Lo hicimos con los chicos de las categorías Cuarta y Quinta. La mayoría del barrio 20 Viviendas Plan AMSA. También se sumaron algunos de los aledaños. Desde entonces que no paramos.

 

-¿Por qué Espartanos?

El nombre surgió por una arenga que usaban los chicos en esos primeros torneos que organizaban las Juntas Vecinales. Es el famoso “ahu, ahu, ahu” de la película 300. Ellos se hicieron conocidos así y cuando hubo que formalizar todo y elegir un nombre se pensó rápida y mayoritariamente en Espartanos. El color para el escudo y las camisetas también fue elegido por los chicos. Con el tiempo se modificó. Se le quitó el naranja original, quedando tres colores, el negro, el blanco y el rojo.  El escudo que identifica al club fue diseñado por los chicos de Quinta. Al igual que la camiseta, que fue una idea de Emanuel Gallardo. Ésta tiene también una historia particular, de ahí que para recordarla y tener presente, en las mangas se haya estampado su nombre. 

-¿Qué cosas consiguieron hacer desde su fundación hasta hoy?

Desde que iniciamos y hasta ahora se lograron muchas cosas. Y se sigue trabajando por otras. La adquisición de la indumentaria deportiva fue algo que nos costó y mucho en los comienzos. De jugar el primer año con un solo juego de camisetas, para ambas categorías, conseguimos que en la actualidad cada categoría tenga su propia indumentaria. Ahora estamos tratando de unificar y que todas las categorías usen la misma camiseta. Con el mismo diseño, para que sea una manera de identificarnos. También para que los chicos tengan un mayor sentido de pertenencia con el club.  

Otra cosa que logramos, con el apoyo de Luis Chacón, Daniel Vidal y Nancy Antinao, fue tener hoy un cuerpo técnico acorde al nivel de competencia. A pesar que todos los clubes hacen esfuerzos extraordinarios para que esta liga tenga como base el rol social, cada vez el nivel de los torneos y sus exigencias van subiendo. Por último, desde el club encontramos los espacios para poder brindarles una mejor preparación a nuestros chicos. Entrenamos en las canchas de la Liga de los Barrios, gracias al apoyo de esta entidad, y también conseguimos unas horas más que importantes en las canchas del club Independiente. Entidad a la que le estamos inmensamente agradecidos. En especial a su presidente, el señor Lerena, quien en forma desinteresada, nos cedió sus espacios. Algo que nos sirvió y de mucho. Tanto es así que hoy están a la vista los resultados de nuestra Primera, por ejemplo, que en su segunda temporada en la Liga se encuentra ocupando la segunda posición de la tabla. Con chances de pelear todavía por el ascenso directo y teniendo casi asegurada la Promoción.  

 

-¿Y cuáles tienen pendientes?

Muchas cosas. En lo administrativo, estamos trabajando para conseguir la Personería Jurídica. Ya iniciamos los trámites y esperemos pronto poder tenerla. No tenemos sede y el conseguir una es uno de nuestros grandes desafíos planteados. Creemos que el tener un espacio físico propio nos va a permitir poder brindarles otras cosas a los chicos. Además de contención, por ejemplo, la posibilidad que a través de convenios, ellos tengan profesores de apoyo escolar. Que los ayude a llevar sus estudios de la mejor manera.

 

-¿Con cuántos socios arrancaron y cuántos tienen ahora?

En lo que respecta a ese tema, somos todavía un club chico que cuenta, en papeles, con muy pocos socios. Pero tenemos un puñado de gente, de no más de diez personas, que siempre están colaborando en forma directa. Además hay otras 40 que también nos acompañan y tenemos un plantel de jugadores que no supera a los 50, teniendo en cuenta a las tres categorías.

 

-¿Cómo están haciendo en este tiempo como para poder entrenar?

Antes de la cuarentena nos juntábamos siempre, antes y después, de los partidos en un garaje/quincho, sobre la calle Che Guevara, que pertenece a uno de los integrantes de la comisión. A quien internamente en el club llamamos “El Manager”. Es Alberto Aballay. Después el cuerpo técnico, de acuerdo con las actividades propias de cada uno, por lo general disponía de tres a cuatro entrenamientos semanales. Dándole a los jugadores la posibilidad de entrenarse física, técnica y tácticamente para cada partido. Ahora, que no podemos juntarnos, tratamos de seguir activos. Y comunicados. Lo hacemos con entrenamientos individuales y con cada uno en sus casas. Les pasamos por las redes sociales trabajos físicos. También ejercicios con pelota como para el que quiera y pueda, continúe moviéndose. 

 

-En cuanto a lo económico del club, ¿cómo subsistían antes de la cuarentena y cómo se las están arreglando ahora?

Gracias a Dios, pudimos generar recursos  antes que se desatara todo este problema de salud social. Logramos casi terminar con los compromisos económicos que habíamos asumido al comienzo de la temporada. El no tener sede propia, profesores comprometidos salarialmente o jugadores pagos, nos da en este momento difícil que atravesamos como país y sociedad, sin dudas, un alivio importante.

 

-¿Qué es lo que más se extraña del club en estos momentos?

Lo que más se extraña, en lo personal, es el estar ahí, en la Liga, enriqueciéndonos todos los días. Conocer más acerca de la competencia, escuchar a ese puñado de gente mayor, que se junta todas las tardes a ver los partidos de Súper Seniors o de las categorías Infantiles. Reírse con cada historia que tienen los que más conocen a la Liga. Que son muchas por cierto. Y de todo tipo. Todo eso se extraña. La Liga es un mundo adentro de esta ciudad con alma de pueblo. Tanto es así que ves jugando desde el que reparte el diario hasta autoridades provinciales y nacionales. Todos gozando del juego y de la competencia a la par. En cuanto al club, lo que extraño son las previas a los partidos. Buscando y llevando chicos a dónde sea necesario. Alentar a cada uno cuando se pierde y compartir alegrías cuando se gana. Lo que nosotros llamamos nuestro folclore diario.

 

-Si tuvieras que pedir un sueño, sabiendo que éste se va a cumplir, ¿cuál sería?

Quizás algunos piensen que el sueño que más anhelo es de salir campeones o llegar a jugar en la Primera A. Está claro que esas dos cosas serían grandiosas para el club en general y para mí en particular. Pero no es lo que me quita el sueño en realidad. Lo que más deseo es poder ver a cada jugador cumpliendo sus propios sueños. Personales. Que cada uno de ellos logre ser alguien en la vida, que termine sus estudios, que sean grandes profesionales cada uno en lo que elija ser. No sólo los que consigan obtener un título universitario. Yo siempre les digo a los chicos que estudien y que sean independientes. Además, que profesional es aquel que se desempeña eficazmente en lo que elija ser.

 

La moraleja

Sinceramente no recuerdo en este momento alguna anécdota para contar. Lo que sí tengo presente fue algo que me dejó mucha enseñanza. Cuando jugamos nuestro primer torneo de invierno, allá en el 2017, pensaba que me iba a quedar sin jugadores. Claro, es que por ese tiempo, los resultados no eran buenos, positivos y cuando perdés, todo cuesta el doble. Me acuerdo que el equipo que jugaba con nosotros casi que tenía asegurado el llevarse los tres puntos. Después de cada partido, yo pensaba que la fecha que seguía no íbamos a poder completar el equipo para jugar. Era una goleada tras otra la que recibíamos. Pura frustración.  Pero lo cierto es que esto no pasó. Fue todo lo contrario. Quizás porque nunca dejamos de alentarlos a los chicos. Yo les decía que “habíamos jugado bien pero que nos faltaba conocernos para poder ganar”. También usaba otros argumentos como “tranquilos que la semana que viene la cosa va a ser diferente”. Después en la realidad, no era así. Y nos costó un tiempo hasta que pudimos ganar nuestro primer partido y después otros más. Hoy esos mismos chicos, casi en un 90%, siguen siendo del club. Siguen jugando con nosotros. Varios, incluso, siendo tentados por otras entidades. También nos pasa al revés. Que son muchos los que jugando en otros clubes quieren pasarse a Espartanos. Todas buenas señales éstas para nosotros. Y para los chicos, que siguieron trabajando y creyendo, hasta conseguir dar vuelta situación. Convirtieron todo eso malo de los inicios en cosas buenas que estamos viviendo y disfrutando ahora. Incluso de mirar para atrás y recordar los primeros y sufridos años que pasamos.


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