Relatos de vida

Elsa Guadarrama: "Somos aves de paso"

Así marca el cierre de su relato, Elsa Guadarrama, una vecina de nuestra comunidad que todos conocemos. De cierta forma, en ella, vimos reflejados aquellos relatos de nuestros parientes más cercanos.

Elsa Guadarrama.
Elsa Guadarrama.
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En la recorrida que realiza el móvil del Multimedio Tiempo, se encuentra en esta ocasión con la historia de Elsa Guadarrama, una vecina de nuestra ciudad, que a sus 83 años nos recibe en su hogar de forma muy amable para darnos un pedacito de su vida y conocer cómo era la época de aquel entonces, su paso por la gran ciudad, su familia, sus costumbres y cómo está de a poco superando esta terrible pandemia.

 

Elsa Guadarrama

Acá inicia el relato de Elsa Guadarrama, vecina de la ciudad de Río Gallegos que a sus 83 años nos abre sus puertas para contar una parte de su vida que comienza allá por el año 1937, un 23 de junio de ese mismo año en la provincia de Chaco.

Una familia un tanto distinta al resto, constituida por ella, sus hermanos y su padre quien cuidó de ellos hasta sus últimos días en tierras patagónicas.

“Años más tarde, de vivir mis primeros años en la provincia de Chaco, nos fuimos a vivir en la gran ciudad; en Buenos Aires, donde trabajé desde muy joven y siempre traté de ser autosuficiente; mi primer trabajo fue en una juguetería de la gran ciudad y nunca me voy a arrepentir”.
 

Su infancia

Recordando su infancia lo primero que nos contó Elsa, entre risas, fueron los números que tanto frustraron sus pasos por la escuela primaria y lo hizo de esta forma:
“Si debo recordar mi infancia, mis primeros pasos por la escuela donde realmente fui una pésima alumna, a mí lo único que me gustaba era leer, después matemáticas cero, una materia que me costaba muchísimo y que, hasta el día de hoy, no la paso”.
“Un día recuerdo haber tenido de profesor de matemáticas a mi hermano, fue súper incómodo ya que no me iba bien en la materia. Un día había que dejar todos los cuadernos de actividades completos sobre su escritorio para antes de que suene la campana; yo por supuesto no había hecho absolutamente nada y se lo dejé vacío, al regresar veo en mi cuaderno un INSUFICIENTE gigante, cuando llego a la casa le digo “¿y si en vez de cruzarme el cuaderno, mejor no me enseñás?” Y él me decía que no iba a aprender nunca y fue cierto, nunca me gustó esa materia, pero ahora en la materia de lengua y literatura era excelente y al contrario de mis compañeros me gustaba pasar al frente a leer en voz alta”.
“Tercero, cuarto y quinto grado los hice acá en Río Gallegos, yo vine en el ’50, hasta el ‘52 las clases eran en verano, recuerdo muy bien, y era impresionante el frío que hacía que me salía un sabañón en cada dedo”.

En este paréntesis de tiempo, ella recordó una breve anécdota sobre aquel día gris donde fallecía Eva Perón:

“Después de terminar ese año, me fui a vivir unos años a Buenos Aires, en los días donde justo muere Eva Perón; mi tía que era muy peronista y muy fanática de Evita; me insistía en que teníamos que asistir al velatorio. Impresionante, yo jamás vi un velatorio como ese, en las veredas las velas y en la calle la cantidad magnífica de personas, policías dispersos por allí, lo recuerdo tan claro como si lo estuviese viendo”.

El cambio que marcaría todo

“Una vez entré a mi casa y veo que mi papá estaba preparando la mudanza, yo al ver esto le pregunto adónde se iba a ir, rápidamente me contesta que nos íbamos de la provincia y que íbamos a viajar hacia el sur de Argentina, hacia Río Gallegos”.

“Al enterarme de esta situación me preparaba mentalmente a dejar todo y empezar una vida nueva, mi hermano era de aeronáutica civil y salíamos de Palomar en un vuelo de casi 8 horas y llegamos a Gallegos”.
“A mí me encantaba Gallegos, era un pueblo chiquito de no más de seis mil habitantes; mi tío ya había pisado la ciudad en el año 1919, hizo toda la carrera policial, llegó a comisario y se cansó, vino a Buenos Aires, gestionó otro trabajo que era el de Director General de Tierras, porque todavía no se había provincializado Santa Cruz”.

“Comencé a trabajar en LU12 y al poco tiempo sale mi nombramiento en Ministerio de Asuntos Sociales, yo estaba nombrada en el sector de salud pública, yo no sabía absolutamente nada de eso, veo a la secretaria del Ministro y con el telegrama de presentación me dice: “¿Usted tendría inconvenientes en colaborar con cultura por falta de personal?”. “No, en absoluto, me encantaría”. El director en su momento era el profesor Emilio García Pacheco, empecé a trabajar en el sector lo más bien sin ningún problema hasta que se me dio la oportunidad de trabajar en el sector de cultura, donde la directora en esos tiempos era María Laura Palomba”.

“Una tarde viene un señor y se presenta como el director de Radio Provincia, se para y me dice que necesitaba hablar conmigo, hablaron como unas dos horas con María y al desocuparse me vuelve a recordar quién era, Eduardo Ezpeleta, director de Radio Provincia, y me propuso ir a trabajar a la radio, lo que me intrigaba saber si era para locución o como asistente, la respuesta me dejó asombrada, él quería que yo fuese actriz de la radio, enseguida creó el elenco estable de Radio Provincia para el año 1958”.

 

Cumbres Borrascosas
“Con mucha paciencia y mucho interés el director de aquel momento, el señor Ezpeleta, logra establecer aquel elenco amateur de la radio. Recuerdo haber realizado muchas películas juntos, una de ellas que recuerdo con gran afecto fue Cumbres Borrascosas, siempre fue característico de mí ser muy estricta y exigente conmigo misma, renegaba porque pensaba que no iba a poder ponerme en el papel de un personaje tan principal como era Heathcliff, sin embargo entre colegas y el mismo director me ayudaron a afianzarme aún más en el personaje y poder  llevarlo a cabo. Al tiempo de ponernos en marcha con aquella película y ya sabiéndola a la perfección, renuncia el gobernador y al hacer eso, antes se estilaba a la renuncia total de los directores de todas las áreas, Eduardo Ezpeleta no fue la excepción y renunció, allí fue donde le di fin a mis días como actriz de radioteatro. Al pasar esto regreso al Ministerio y continué con mi labor por unos 30 años más hasta jubilarme”.

El pasatiempo

A través del relato, podemos conocer no solo la historia sino las características de aquella época, las culturas, gustos y costumbres de cada vecino; en este caso, Elsa nos cuenta cuál era su pasatiempo y qué significaba para ella.

“Mi pasatiempo fue y siempre va a ser la radio, antes la escuchábamos en cada tiempo que se podía, como hoy en día lo hacemos con la televisión, era ese momento de desconectarse de la realidad para entrar en un mundo de fantasía muchas veces, escuchando novelas, escuchando música o simplemente esperando el horario para poder informarse de lo que pasaba.

Recuerdo mucho, por ejemplo, programas como el de los Pérez García, un conjunto extraordinario, antes de ellos siempre tocaba una orquesta típica que era estupenda de Alfredo De Angelis”.

“Otro pasatiempo que tengo en la actualidad es escuchar música de géneros como el tango e incluso el folklore. El primer autógrafo que tuve de un músico fue a mis 7 años, donde mi papá le pidió en persona a Alberto Castillo, que le firmase un disco para mí. La música es muy importante para muchas situaciones, no solo como pasatiempo”.

 

Su padre

“Mi papá fue una persona impresionante, que siempre trabajó por nosotros de lo que sea, se ganaba la vida, fue un hombre que no le hacía asco a nada. En un principio, él viene para Gallegos con nosotros porque fue contratado por una empresa de ferrocarril para hacer el recorrido clásico hacia el Turbio, terminó su contrato y se volvió solo a Buenos Aires, desde allí tuvo varios empleos”.

Al pasar los años, sus hijos crecían y empezaban a marcar sus rumbos, uno de ellos estudió hasta tercer año, comenzó a trabajar y de a poco encarando hacia lo que se conoce como “dejar el nido” y solo quedaba Elsa que se autodenominaba como “el plomo de la familia”, un término que suele utilizar a menudo para con sus nietos y conocidos. Cuando vuelve a Gallegos luego de terminar la primaria, con sus 15 años, su padre le hace la pregunta de qué iba a hacer con su vida, ¿estudiar, trabajar, no hacer nada? A lo cual ella contestó que quería ser actriz”.

“Mi papá no quiso para nada esa idea, rápidamente me clavó un rotundo no y me dijo que pensara en otra cosa; mi papá tenía una mala imagen de lo que era ser actriz en aquel momento y menos que viviese en Buenos Aires; siempre fue un hombre que supo cuidarme a su forma y lo voy a respetar siempre”.

 

Su familia

“El primer matrimonio lo tuve con un hombre extraordinario, era periodista, era secretario del gobernador Pedro Luis Priani, jefe de redacción, cuando yo fui actriz, él quería sacar una revista del elenco entero, pero no quise. Ese casamiento me duró unos tres años, era un hombre muy ocupado, pero sumamente maravilloso con el que tuve mis dos primeros hijos, Gerardo Fiorentino, él es arquitecto, y mi hija Verónica Fiorentino, profesora de filosofía y pedagogía, actualmente jubilada. Y el segundo hombre con el que estuve por más de 46 años y con el que tuve un hijo, Fernando García, que es actualmente nefrólogo.
Los tres lo son todo para mí, siempre están muy atentos conmigo, si no me está llamando uno, el otro ya me está visitando”.

En este paréntesis, Elsa relata que uno de sus hijos es muy bueno en la cocina y con una gran sonrisa que la caracteriza me comenta:

“Gerardo tiene unas manos para la cocina y siempre se lo hago saber; él a veces es un poco cascarrabias, me invita a cenar o para algún evento en familia, agradezco mucho tener la presencia de mis hijos y que sean así como son”.

 

Aves de Paso

“En esta vida hay que aprender esto, “somos aves de paso”, tenemos el tiempo contado, desde que nacemos hasta morir, hay personas que fallecen al instante, jóvenes que mueren en accidentes, unos dicen “fue el destino” no sé si el destino existe o no existe. Las personas aprenden o no aprenden a vivir, cada uno busca sus salidas de vida”.

“Un ejemplo de esto es mi vecina, su hijo estuvo en la Guerra de Malvinas, ella religiosamente les preparaba a sus compañeros tortas fritas y mate cocido con leche para los días fríos, un día llegó a Gallegos y le agarró un cáncer en el ojo de un día para el otro, falleció”.

 

Pandemia

“Yo estuve muy mal en esta pandemia, en el sentido de sentirme sola, depresiva totalmente, mis hijos haciendo lo mejor posible, llamándome a levantarme un poco el ánimo. Imagínate levantarte, no poder hacer más que estar encerrada, escuchando o viendo las noticias, todos los días personas muriendo por esta terrible enfermedad y uno no sabe qué hacer realmente”.

“Mi rutina es un garrón, comienza a las 08:00 con el desayuno, seguido de las pastillas que tanto nos mantienen despiertos, estoy pendiente de las noticias lamentablemente, así que, o es la radio o es la televisión la mayor parte del día acompañándome.

Es impresionante que antes no me aburría, ahora con la pandemia, tomo por una cárcel mi casa, sino, sacaba todo de su lugar, lo limpiaba, arreglaba cosas, mis dos gatas que me acompañan en la casa y así estoy, esperando que esto acabe pronto”.

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