Herencia

El mejor amigo de Maradona: “Diego me dijo que tenía cien palos verdes y hoy esa plata no está”

El “Feo”, como lo apodan, contó cómo fueron sus últimas charlas con el astro y aseguró que el entorno lo tenía completamente “blindado”. 

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“Vengan más seguido: no me dejen solo, no me abandonen”, les dijo Diego Maradona al despedirlos después de compartir con ellos una larga jornada. El calendario marcaba el mes de febrero de 2020 y el astro se dirigía a Mariano Israelit, su amigo de toda la vida, y al doctor Mariano Castro, quien también formaba parte del círculo de sus íntimos. Después, llegó la pandemia del coronavirus y el encuentro no se pudo repetir.

Mientras revuelve las miles de anécdotas que rondan por su cabeza, El Feo -como había apodado el astro a Israelit- no puede dejar de pensar en aquella frase. “Fuimos a comer un asado a Los Fresnos, en Bella Vista. Estaban Rocío (Oliva), el padrastro (Digno Valiente) y Charly (Ibáñez). Y, cuando nos íbamos, Diego nos llamó a un costado para decirnos eso”, recuerda en diálogo con Teleshow.

¿Cuál fue la respuesta de los amigos de Maradona? “Le dijimos: ‘Nosotros jamás te vamos a abandonar. Lo que tenés que saber es que nos filtran y, a veces, no nos dejan llegar a vos. Nos bloquean, nos cambian el teléfono y es imposible. Y a vos también te borran nuestros números para que no nos puedas llamar”, cuenta el productor de radio y televisión. Y ratifica lo que muchos vienen remarcando desde que murió el astro: “A Diego lo tenían blindado”.

—¿Cómo nació tu amistad con Maradona?

—Lo conocí en el año ´82, porque yo iba a la escuela con uno de sus hermanos, Hugo (Maradona), así que iba a su casa a estudiar. Y compartí muchas comidas con su familia. En esa época, él justo se estaba yendo a España para jugar en Barcelona.

—Ya era una figura…

—Sí, claro. Había salido campeón con Boca en el ’81. Pero, en ese momento, yo no tenía mucho trato con él porque mi amigo era su hermano. Por ahí, lo veía en algún cumpleaños cuando venía a Buenos Aires, pero nada más. Después, por el año ’98, lo vi en el VIP de la disco La Diosa. Pero no lo fui a saludar porque pensé que él ni se iba a acordar de mí. En una de esas, siento que alguien me pega un cachetazo en la cabeza y, cuando me doy vuelta, no había nadie. Mis amigos se mataban de risa. De repente, otro cachetazo. Y era Diego, que me había pegado y se había tirado en el piso para que no lo descubriera.

—¿Un chico?

—Tal cual. Ahí me dice: “¿Estuviste en mi casa y no me venís a saludar?” Yo le expliqué que me había dado vergüenza. La cuestión es que me hizo pasar con mis amigos al VIP y, tipo seis de la mañana, me dijo que fuera al Hotel Cristóforo Colombo, donde estaba viviendo él, que nos encontrábamos en una hora. Llegó coleando con su camioneta Montero a eso de las nueve y media. Ahí empezó mi relación con Diego.

—¿Se puede saber qué hicieron a esa hora después de una noche de boliche?

—Me empezó a contar por qué se había separado…

—¿Y qué te contó?

—Y bueno, que él se iba de la casa…¡La de siempre! En ese momento, Diego estaba saliendo con Laura Cibilla. De hecho, esa misma noche la conocí, porque estaba con él. Y, a partir de esa charla, empezó nuestra relación de amistad.

—Después conviviste con Maradona en Cuba…

—Sí: estuve yendo y viniendo durante cuatro años, porque en ese momento yo laburaba como manager de Alejandro Lerner y no podía descuidar mi trabajo.

—¿Vos nunca fuiste empleado de Diego?

—No. Como productor de Fox Sport y otras cadenas, hice trabajos para él. Pero nunca fui parte de su staff. Así que yo iba cuando quería o cuando arreglaba algo con él.

—¿Cómo transcurrían los días en la isla caribeña?

—Mucho golf. En una época, estábamos desde las ocho de la mañana hasta las diez de la noche en el campo de golf. Era como una adicción que tenía.

—¿Al no poder jugar al fútbol se aferraba a ese deporte?

—Claro. Fueron varios años en los que íbamos todos los días al golf. En un momento, Guillermo Cóppola había comprado unos cascos con unas luces de minero y unas pelotitas transparentes, a las que rellenábamos para que se hicieran fosforescentes. Porque era tal el fanatismo que le había agarrado a Diego, que quería seguir jugando a la noche. Me acuerdo que íbamos con Omar Suárez y Mariano Castro a hacerle el aguante.

—¿Y el tratamiento?

—Lo hizo. Todos los días venían los médicos a la casa de La Pradera a controlarlo. Y el doctor Alfredo Cahe llamaba todo el tiempo para ver cómo estaba.

—¿No siguió consumiendo?

—Yo no lo vi. Y estuve mucho, ¿eh?

—¿Tuvo novias e hijos en Cuba?

—Hijos no. Y novias le conocí dos: Mavys, que fue la que más tiempo estuvo con él, y Adonay.

—¿No hubo más mujeres?

—Yo conocí sólo a esas dos. Y era muy difícil que vinieran otras estando ellas…

—Hay fotos, Mariano.

—Las vi, pero eso debe haber sido en alguna de mis idas y vueltas.

—¿Y Laura?

—Con ella ya había cortado para esa época.

—El hijo de Cibilla nació en el 2003...

—Yo al nene lo conocí cuando Guillermo ya no estaba y Cuqui Laborda, al que le quedó grande estar al lado de Maradona, nos consiguió una casa para el lado de Cañuelas. Era un country de golf. Y me acuerdo que Diego lo paseaba en el carrito. Esto habrá sido entre el 2004 o el 2005.

—¿Él decía que era su hijo?

—Sí, porque Laura le había dicho que era suyo. Pero después hubo un ADN que le dio negativo.

—¿Qué pensás al respecto?

—Yo leí en la nota de Teleshow, que Laura dijo que entró mucha gente. Y después me llamó. Entonces yo le dije: “Mirá, si vos no estás segura del resultado, volvelo a hacer”. Pero ella me dijo que no quería.

—¿Maradona te había pedido a vos el teléfono de Cibilla hace un año?

—Sí, fue en diciembre del 2019. Habíamos estado comiendo en la casa de Diego y, cuando yo me fui, él se quedó con Mariano Castro. Entonces, cuando estaba por llegar a mi casa, me suena el celular y era él. Me dice: “¿Puede ser que vos hayas estado hablando con Laura Cibilla?”. Yo le expliqué que ella me había llamado pero no la había atendido, porque no quería problemas, y que después me había mandado un mensaje pidiéndome hablar con él…

—¿Entonces?

—Me preguntó: “¿Y por qué no le diste mi teléfono?”. Y yo le dije: “Porque no quiero quilombo con nadie”. En esa época estaba Rocío y yo nunca me metí en sus problemas de pareja. Pero ahí me dijo: “¿Vos amigo de quién sos?”.”Amigo tuyo”, le dije. “Entonces pasame el teléfono”, me contestó.

—¿Cómo se había enterado él de que vos habías estado en contacto con Cibilla?

—Se lo contó Castro y por eso me llamó. Así que le pasé el número de Laura. Y, a las dos horas, me llamó Rocío desde uno de los dos celulares de Diego.

—¿Para qué?

—Me preguntó: “¿Vos le pasaste el teléfono de Laura?”. Le dije que sí. Y por atrás se lo escuchaba a Diego diciendo: “¡Yo no se lo pedí!”. No quería pelearse con Rocío…

—¿Y ella por qué estaba con el teléfono de Maradona?

—Porque se lo revisaba. ¡Queda en evidencia que era así!

—Pero, ¿por qué no quería que hablara con Laura?

—Ellos estaban que se peleaban y volvían. Rocío dijo que ya habían terminado, pero después se vieron unas fotos en las que estaban juntos. Porque ella seguía yendo a la casa. La última vez que yo fui a ver a Diego fue en febrero del 2020. Y ella estaba.

Fuente Infobae. 


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