Especial para TiempoSur

El hospital y los médicos que trabajaron en misiones de paz para la ONU y ahora luchan contra el COVID-19

Es el Hospital Militar Reubicable instalado en Pompeya, Buenos Aires, pero que brindó asistencia humanitaria en Haití, Mozambique, Chile, Kosovo y durante la guerra de Malvinas. Montado con containers, es único en el país. La historia de su directora, la Dra. Daniela del Valle Ibarra, que estuvo seis meses en el país caribeño, y de su colega, el Dr. Horacio Hiünicken, que estuvo en Mozambique luego de una guerra civil.

Equipo de profesionales de la salud del Hospital Militar Reubicable.
Equipo de profesionales de la salud del Hospital Militar Reubicable.
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La Fuerza Aérea instaló el Hospital Militar Reubicable en Pompeya, Buenos Aires, con el objetivo de ser apoyo sanitario del Hospital Aeronáutico en la lucha contra el COVID-19.

Este hospital de campaña es diferente y único en todo aspecto. Apostado en una plazoleta en donde antiguamente era un helipuerto, no es un nosocomio que se levanta con carpas, sino que sus paredes son módulos de containers de origen chino, creado originalmente para la guerra química y bacteriológica. 

Conformado por dos módulos de 24 camas de internación -dos de terapia intensiva- baños con duchas, sala de estar para médicos, recepción de emergencia (shock room) y servicios de odontología, radiología e internación general, cuenta con todo el equipamiento necesario para recibir en los próximos días a pacientes con Coronavirus. Dispone de dos respiradores, equipos paramétricos, un carro de paro, pero también con un grupo de profesionales integrado por médicos, enfermeros y bioquímicos. Alguno de ellos participó en misiones de paz en diversos países, de acuerdo al requerimiento de Naciones Unidas.

El hospital tiene un largo recorrido. Estuvo en Mozambique, luego de una guerra civil en 1994; en Kosovo; en Chile, en donde brindó asistencia luego del terremoto que sacudió al país vecino; en Haití durante 14 años; pero además se emplazó en Comodoro Rivadavia (Chubut) durante la guerra por las Islas Malvinas, ya que se encargaba de asistencia de los heridos.

“Al hospital lo empezamos a organizar en las primeras semanas de marzo y en menos de 15 días se terminó se organizar y levantar”, cuenta a TiempoSur la directora del Hospital, Daniela del Valle Ibarra, Vice Comodoro de la Fuerza Aérea.

La médica -especialista en Gastroenterología- estuvo seis meses en Haití y luchó contra el dengue, la malaria, tuberculosis e infinitos problemas del país caribeño.

“Fue todo muy rápido ante la pandemia, pero tenemos experiencia en otras misiones de paz”, agrega.

El lugar está preparado. “En breve este lunes esperamos la última coordinación para recibir a los pacientes con COVID-19 positivo para aislamiento. Tenemos código, verde, amarillo y rojo, como por ejemplo los pacientes de neumonía leve que requieren asilamiento y tratamiento. Vamos a interactuar con el Hospital Aeronáutico central y seremos un brazo de apoyo”, detalla.

La zona en la que trabajarán es complicada porque asistirán a personas que no tienen obra social compuesta por muchas familias en estado de vulnerabilidad social.

“Pompeya está en el límite entre CABA y la provincia de Buenos Aires, cerca del Riachuelo. Es una zona con una población muy vulnerable”, precisa.

Este sector, incluye, por ejemplo, Ezpeleta y el bajo Flores con la Villa 1-11-14.

“Nuestra misión es prestar apoyo sanitario a la comunidad y es nuestra principal misión”, remarca, y aclara: “Este hospital está equipado, ambientado y está totalmente separado con los dos metros de distancia que pide el Ministerio, así que estarán bien atendidos y protegidos los pacientes. Es antiguo, pero está muy bien conservado para atender ante esta pandemia”.

-TS: La historia del hospital es gigante.

Dra. Ibarra: La última misión del hospital fue en Haití, en dónde estuvo 14 años. Éste fue el tiempo que nos convocó la ONU con la crisis que sufrió este país. Prestamos apoyo sanitario con todas las patologías que presentaban los pacientes, como dengue, malaria, tuberculosis, brote de cólera. Cabe destacar que fue el único hospital desplegado en Haití, si bien había batallones de todo el mundo, pero fue el único hospital de campaña organizado fue el nuestro, ya que la Cruz Roja convocó a médicos.

-¿Cómo se conforma el equipo del hospital?

Convocamos a médicos, principalmente de nuestro propio Hospital Aeronáutico, enfermeros y bioquímicos -fundamentales por los test- pero también a psicólogos porque en esta situación en dónde aislamos el paciente sufre de depresión, angustia y temor. Pero además médicos de otras unidades, del área material Quilmes, del área Palomar, de la primera Brigada Aérea, personal del CAR, Centro Asistencial de Retiro, y del INMAE, el Instituto de formación de la Fuerza Aérea. En caso de necesidad, que la pandemia nos supere, van a ser convocados los médicos retirados, que no sean grupo de riesgo.

Cada guardia de 12 horas, con equipos médicos y enfermeros, estará integrada por 4 médicos y 3 enfermeros. Pero lo importante, es que nos estuvimos entrenando sabiendo que este virus es tan contagioso; fue muy importante entrenar al personal de cómo vestirse y desvestirse.

-Los médicos son los que más expuestos están durante la pandemia.

Sí, principalmente el enfermero, donde vamos a hacer el Triage para evaluar los pacientes febriles y no febriles, y si constatamos que el paciente tiene fiebre, inmediatamente le damos el barbijo, alcohol en gel, y tomamos las medidas. Y cuando nos deriven un paciente COVID-19 positivo, antes de que llegue, debemos estar vestidos. Pero para esto organizamos talleres de capacitación con los infectólogos, que nos dirigieron y entrenaron, como la Dra. Edith Carbone, infectóloga. También con la Licenciada en Enfermería Audelina Ramos, con quien hicimos todas las prácticas y nos controla permanentemente. Esto es importante porque sabemos que en Europa los que más se contagiaron fueron los profesionales, enfermeros y médicos, entonces lo que a ellos les pasó, nos sirvió de ejemplo para no cometer los mismos errores.

-Estuvo seis meses en Haití.

Sí, en 2006. También estuve en la Antártida durante seis meses, que fue una experiencia especial pero no fue una misión de paz.

-Vivió una situación de emergencia única en Haití, aunque esta pandemia es diferente.

Sí, es diferente porque como dicen este virus no está en los libros y aprendemos día a día. Cuando estábamos en Haití, sabíamos que atenderíamos patologías en esta zona, y estábamos muy entrenados y preparados. En este caso, es todo muy nuevo y nos actualizamos permanentemente, por eso tenemos reuniones con el Comité de Infectología del Hospital Aeronáutico, que semana a semana, renueva el protocolo. Esa es la diferencia con las misiones de paz en otros lados. En Haití era distinta la modalidad.

 

-No es infectóloga pero en cuanto al comportamiento del virus, ¿qué es lo que más le preocupa?

De la experiencia que me toca a mí, que es dirigir este hospital, me preocupa el personal que tengo a cargo. Estoy atenta todos los días ocupándome de que se entrenen porque mi meta es que terminemos todos juntos. Estoy concentrada y viendo los elementos de protección personal, los barbijos, camisolines, protector facial, que no falte nada y ese es mi principal objetivo, que podamos terminar la misión todos juntos. Mi mayor preocupación son ellos, es mi personal a cargo.

 

 -¿El hospital podría ser enviado a otros lugares del país?

Sí, puede pasar, está acertada esa pregunta. Generalmente se buscan zonas de mayor contagio y se está evaluando desplegarlos en alguna provincia que lo necesite. No sé con precisión a dónde, pero sí se analiza.

Nuevamente la Dra. Ibarra estará en un contexto que la pondrá en el medio de situaciones cercanas a la muerte, pero al mismo tiempo, vivirá situaciones que están en el otro extremo. En Haití, atendió una niña embarazada que estaba dando a luz en plena calle. La beba -de la cual es madrina- lleva su nombre, Daniela.

EN MOZAMBIQUE

“Lo que me abrió la cabeza fue Mozambique”, dice el Vice Comodoro Dr. Horacio Hiünicken (65) médico especialista en Terapia Intensiva, director del Hospital Aeronáutico.

Este profesional de la salud trabajó en el Hospital reubicable, pero en 1994 en Mozambique, más concretamente en Machava a 15 kilómetros de Maputo, su capital (llamada antiguamente Lorenzo Marques).

El nosocomio fue emplazado en una fábrica abandonada lo que trajo aparejado hechos inusitados, como los cortes de luz que sufrían, y que sorteaban -al contar con generador- junto a su equipo de 14 personas, entre médicos, enfermeros y técnicos.

“Atendíamos al personal de Naciones Unidas pero también a la gente, en un país en donde el promedio de vida no superaba los 45 años”, relata.

Al finalizar la guerra civil, interviene la Naciones Unidas en un contexto en el cual se buscaba un equilibrio luego de una “anarquía total”. “Llegamos en una situación pacificadora, pero todavía existía conflicto”, recuerda.

La palabra conflicto parecería no ser exactamente la correcta, es quizás, un poco benigna. El Dr. recuerda, por medio de palabras de la Dra. Carmen Fernández Vidal, médica en la misión en Mozambique, que era una zona de guerra, con “hambre, abandono y desolación”.

La médica -destaca- advierte que al día de hoy siguen muriendo personas a causa de minas antipersonales “hechas con un simple vaso de plástico”. Ese “paisaje” debió sortear Hiünicken. “La vida no valía nada para ellos”, remarca.

En la calle, los niños le decían “tengo hambre”, en idioma portugués. “Durante la siesta hacíamos pasar a chicos y les dábamos de comer. A la bioquímica le pusieron de sobrenombre “Mãe Teresa”, que significa Madre Teresa, ya que cuando ganaba su sueldo, compraba comida para los chicos”.

En el hospital se dispuso de un área con 40 camas para enfermos endémicos. Se realizaron más de 7000 análisis de rutina a miles de pacientes, y se detectaron diferentes enfermedades como malaria, parasitosis y HIV con alto porcentaje positivo. “El personal de la Fuerza Aérea Argentina trabajó incansablemente las 24 horas del día para llevar un poco de alivio a una comunidad castigada por flagelos de diversos tipos. Las patologías que más frecuentemente se atendieron fueron las relacionadas con enfermedades tropicales, como el cólera, fiebre tifoidea, malaria, a lo que debe agregársele las afecciones pulmonares y el SIDA. La actividad quirúrgica también fue intensa. Se operaron casos de apendicitis, perforaciones intestinales provocadas por la fiebre tifoidea, así como fracturados, gente politraumatizada y quemados, entre los casos más frecuentes. Y como “recreo” de tanta calamidad se atendieron también algunos partos”, expone.

Por el calor y la exposición, el mismo Hiünicken debió ser internado en el hospital reubicable. “Me quemé por el calor y como soy muy blanco me quemaba muy fácil al tener piel sensible”, dice.

Al lado de su cama había pacientes con diversas infecciones. “Fueron los últimos casos en el mundo de peste bubónica, en donde la mayoría de casos estaban en Madagascar, que está cerca de Mozambique como la distancia que existe entre Río Gallegos y las Malvinas”, menciona, y describe: “El país en ese momento era el más pobre del mundo, con un territorio que estaba todo minado, parecida la extensión a lo que es el sur de la Argentina desde el Río Colorado hasta Río Gallegos”, describe.

Las dos comparaciones en las que menciona la capital santacruceña, no es casual. Hiünicken conoce Río Gallegos porque la  visitó en 1984, luego de finalizar la guerra de Malvinas, con el objetivo de realizar tareas de custodia. 

TS: ¿Con qué se encontró en Mozambique?

Nos encontramos con una gran cantidad de patologías infecciosas que no veíamos acá en la Argentina y empezamos a ver por primera vez, ya que en esa época no era muy común, casos de HIV positivo. No se conocía tanto la enfermedad pero no había tampoco un tratamiento. La pobreza abundaba, y así también las enfermedades infecciosas, como epidemia de fiebre tifoidea, que había desaparecido, pero que después comenzó a aparecer. Había enfermedades que se habían erradicado.

Si bien hubo progresos en el mundo con los antibióticos y las vacunas, en este país había mucha desnutrición que fue un desencadenante sumado a que no había agua potable porque era una ciudad totalmente devastada y no había absolutamente nada.

Todo esto que se ve con las enfermedades a nivel internacional que están en todas partes, como el Coronavirus, uno tiene que estar preparado. Son importantes los planes de vacunación porque la Argentina es un país que sufrió tanto enfermedades como epidemias, como la fiebre amarilla durante el gobierno de Sarmiento que devastó Buenos Aires después de la guerra del Paraguay. También la poliomielitis, que nos pasó en la década del ‘50. Uno ve así la importante acción de los sanitaristas. Aprendimos cuando sucedió la gripe A, que fue temeraria pero que teníamos la suerte de tener un tratamiento como el Tamiflú. Por eso, las vacunas son fundamentales y hay campañas antivacunas que no ven el daño que le hacen a la población, porque hay que recordar la vacuna contra el sarampión, la rubeola, cómo esto fue avanzando y fueron muy importantes para nosotros.

-Después de haber trabajado y vivido situaciones extremas en Mozambique, ahora debe luchar contra el Coronavirus.

Hay que tenerle mucho respeto, porque hay cosas que no conocemos del virus. Estamos aprendiendo mucho de otros países, como España e Italia en donde han sufrido muchísimo, e incluso Estados Unidos. Esto nos sirve muchísimo para tener que enfrentarlo. Por ahora hay una situación inestable hasta que podamos encontrar una vacuna que es lo que solucionaría este problema.

-Se están preparando para el pico de casos.

Esto es una preparación continua. Tratamos que nos afecte con la menor cantidad de víctimas, y en nuestro caso, el hospital está preparado para salir adelante. Habrá situaciones difíciles en pacientes vulnerables de diabetes, hipertensión, insuficiencia cardíaca, oncológicos, inmunodeprimidos. Son muchas cosas las que hay que tener presente por lo cual el cuidado con el personal y la familia debe ser lo más importante. Con mucha educación, con medidas preventivas como el uso del jabón, el alcohol en gel y utilizar los barbijos.

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