Columna

El Frente de Todos, de alianza electoral a coalición de gobierno

Por Rubén Zárate. 

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El Frente de Todos, presentado por algunos como un mero acuerdo electoral en 2019, va adquiriendo la fisonomía de una estrategia destinada a crear una nueva organización política nacional capaz de dar respuesta electoral y de gobierno en el mediano y largo plazo.

Organización y riesgo para vencer al tiempo

Cristina Kirchner demostró que el mismo grupo de dirigentes organizados de otra manera puede ser más eficaz en la producción y administración del poder político que el que generaban las mismas personas en el escenario previo, basados solo en sus estrategias individuales.

No podemos olvidar que muchos sostenían erróneamente en 2018 que Cristina Kirchner apostaría a sostener una minoría intensa como un mecanismo de protección y factor de negociación. Pero en un efectivo ejercicio de liderazgo, pateó el tablero, reorganizó la escena política y creo las condiciones para que el peronismo recupere el gobierno. Asumió el riesgo fundacional que ahora la autoriza a exigirles a ministros y secretarios.

El Frente de Todos no solo mostró su capacidad electoral en 2019 y sino que también durante 2020, en situaciones muy adversas por la pandemia y la deuda, creó las bases para un ejercicio de gobierno que mantiene altas expectativas en la sociedad.

El cambio en la calidad de los problemas es notable. Cumpliendo el primer año se puede decir que afirmados en la certeza de una creciente solidez del frente político prenuncia nuevos debates sobre el sentido estratégico del programa de gobierno y sobre el estilo de gestión.

Alberto Fernández ha demostrado que es un buen presidente para esta coalición en formación, surgida más por el imperio de las batallas que por diseños previos y cálculos de escritorio. Después de todo nadie puede afirmar que las construcciones basadas en ideas son mejores que las que surgen al calor de las batallas. Tuvo la virtud de hacer suya esa máxima de pararse en espaldas de los gigantes que lo antecedieron para ampliar su campo de visión y contribuir a sostener un factor tan preciado como el de la unidad en la acción.

Imágenes y proyecciones

La foto completa del acto del viernes del Frente en Provincia de Buenas Aires con Axel Kicillof, Máximo Kirchner, Sergio Massa y Verónica Magario proyectó la imagen potente de una coalición ganada con organizaciones y votos. Y eso es solo la punta de un iceberg que aún no mostró todo el poder territorial que empieza a emerger con los gobernadores muy afirmados en sus propias provincias, intendentes que afirman sus liderazgos locales, gremios con poder propio y no menos de una decena de grandes organizaciones sociales.

La dinámica que va adquiriendo la nueva coalición exige acelerar la curva de aprendizaje de sus integrantes. Las elecciones de medio término en 2021 van a ser una prueba de fuego para la decena de partidos políticos que la integran y el tránsito hasta 2023 va a ser muy exigente respecto de las reglas de juego en la acumulación legítima del poder sectorial, tanto en los territorios como en el nivel nacional. El método de resolución de problemas y de gestión de conflictos va a ser central.

La naturaleza de la coalición y su morfología aún no puede ser totalmente conceptualizada, pero hasta ahora viene demostrando que el modelo emergente no es intrínsecamente débil; al contrario, demuestra que es pertinente a la complejidad actual de la democracia argentina y que potencialmente puede optimizar el poder de transformación basado en una posibilidad de combinar gestiones potentes y acciones de neutralización de los adversarios. Un aspecto que sí surge de la literatura política es que lo mejor que tienen las fuerzas de coalición en el gobierno es que su poder se puede extender mucho más allá de sus límites originales.

Pedagogía y política: ¿Qué está haciendo cuando dice?

Hay una pedagogía intrínseca en todas las acciones políticas que siempre exceden a los actores directos para involucrar a toda sociedad. En el peronismo, distinto de otras tradiciones políticas, el análisis semiótico clásico solo en la esfera del discurso siempre se queda corto. La pregunta que organiza las acciones de cientos y miles de militantes, que no se aprende en las academias, es ¿qué está haciendo cuando dice?

El discurso de Cristina Kirchner en el acto del Estadio Único de La Plata, Diego Armando Maradona, abrió un gran debate sobre el sentido del gobierno; en particular sobre la macroeconomía, pero desde la perspectiva de la gente.  Puso en el centro la relación de tarifas, salarios y alimentos asociada a una clara opción basada en el incremento de la demanda para motorizar el desarrollo basado en el mercado interno.

Éste no es un debate menor en momentos que se negocia la deuda con el FMI. Si algo enseñó la historia es que el problema nunca es solo financiero con este organismo, sino que debe tenerse en cuenta siempre su rol como posible árbitro de las decisiones económicas que surjan de la letra chica de la negociación de la deuda y como se sabe, los resultados sobre estos temas tienden a estar lejos de estimular la demanda para dinamizar la economía.

El llamado a ¨repensar no solamente el sistema sanitario, sino un diseño de país que olvide la concentración tan injusta e ineficiente económicamente¨ y sobre todo que para evitar que ¨el crecimiento se lo queden tres o cuatro vivos¨ va a ser necesario ¨alinear salarios y jubilaciones, precios -sobre todo los de los alimentos- y tarifas¨, es también un llamado de atención a ministros y dirigentes para que salgan de la zona de confort que significa la mera administración de la crisis.

No se puede dejar de asociar estas definiciones al DNU que el Presidente firmó esta semana y que habilita la renegociación tarifaria de luz y gas, que, si bien no terminó con la posibilidad de dar la vía libre al aumento, generó en los hechos un mecanismo de nuevos consensos en la definición de cualquier tipo de ajuste, dando al Enargas y el ENRE la autoridad para constituir la negociación.

Siempre el coraje es mejor

Alberto Fernández sorprendió con esa frase contundente al inicio de su discurso, ¨hice lo que me mandaste¨, en referencia a aquella recomendación de diciembre de 2019 en la que Cristina le dijo que no perdiera de vista nunca las necesidades del pueblo y sobre todo las de los que menos tienen. Pero más allá de la sorpresa todo indica, que fue premeditada y que fue eficaz para sellar y renovar en público una alianza que aspira a prolongarse más allá de 2023.

¨Siempre el coraje es mejor, la esperanza nunca es vana¨ decía Borges en un poema que perdura por su inestimable caracterización de lo que valora la cultura argentina. Podemos agregar a esta licencia poética que también en la disputa por el poder el coraje para rebelarse es el mismo que se necesita para subordinarse a una estrategia, el resultado de ayer es una revalidación de una organización política más sólida con un presidente que acepta el debate por el sentido de sus acciones de gobierno.  

El último trimestre mostró un creciente rol del parlamento, tanto de la Cámara de Senadores como de la Cámara de Diputados. Una sintonía que se observó tanto en los proyectos enviados por el Ejecutivo Nacional como por las iniciativas realizadas por los legisladores. Es una novedad para una cultura presidencialista, pero es funcional a las formas de la coalición de gobierno. Los años venideros verán crecer esta lógica de toma de decisiones en el Estado.

El Frente de Todos no solo empezó a definir el campo de juego al interior de la coalición gobernante, sino que también empieza a incidir cada vez más en las reglas generales, como por ejemplo en relación al debate sobre sostener o no las PASO en 2021. Más allá de cómo se resuelva el tema en particular lo cierto es que se avanza rápidamente hacia una democracia de partidos, que va a provocar cambios en los perfiles de todos los dirigentes.

Pero estos juegos de la política no se dan en el vacío, se dan en un escenario de una doble crisis generada por las políticas económicas y sociales del gobierno anterior que modificó las tendencias de crecimiento y distribución del ingreso y del impacto provocado por la pandemia que afectó a todo el mundo.

Si bien todo indica que vamos a un fin de año relativamente tranquilo, no puede descartarse que en los próximos meses la situación social empiece también a incidir en las tensiones políticas y las condiciones de gobierno. En tal sentido los debates de la coyuntura deberán ser cuidados para que no afecten la solidez ganada este año. Después de todo no podemos dejar de pensar que siempre el coraje es mejor y la esperanza nunca es vana.

Rubén Zárate es Profesor Titular e Investigador I, Instituto de Trabajo, Economía y Territorio, Universidad Nacional de la Patagonia Austral.

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