Préstamos

El FMI y su relación con Argentina

El Fondo Monetario Internacional y quiénes han sido los beneficiados en los sucesivos empréstitos con el mismo. Cómo afecta en tu vida diaria y en el porvenir de tu familia la asimétrica relación con el FMI de los países emergentes o subdesarrollados. Pasen y lean en TiempoSur sobre las famosas recetas del centro crediticio internacional ¿Podrá Argentina en mayo lograr un acuerdo beneficioso que dé tiempo para crecer y pagar el país?  

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El Fondo Monetario Internacional o FMI (en inglés: International Monetary Fund, IMF) es una organización financiera internacional con sede en Washington D. C., Estados Unidos. Nace en 1944 en los acuerdos de Bretton Woods, principalmente de las ideas de Harry Dexter White y John Maynard Keynes,  en una reunión de 730 delegados de 44 países aliados de la Segunda Guerra Mundial, en donde estos alcanzaron un acuerdo sobre diversas medidas económicas con el objetivo de impedir que vuelvan a producirse devaluaciones como las que llevaron a la Gran Depresión de la década de 1930.entrando en vigor oficialmente el 27 de diciembre de 1945 con 29 países miembros con el objetivo de reconstruir el sistema monetario internacional. Después de 1976 y de la desaparición del sistema de cambio fijo, el FMI toma un papel preponderante en el otorgamiento de créditos a los Estados con déficits en su balanza de pagos y en las crisis financieras internacionales. En 2010, durante la 14° revisión general de cuotas los fondos financieros disponibles del FMI se situaban en 755 700 millones de dólares.

En opinión del politólogo Pedro Brieger, el órgano crediticio es por un lado, cuando el FMI aporta ingentes recursos a un país el gobierno que recibe la inyección monetaria argumenta que es una “bendición” que servirá para el desarrollo general y muy en particular para los sectores más humildes, un argumento que nunca falta en las declaraciones del Fondo. Y la tentación de recibir dinero fresco es grande. Sin embargo, por el otro, la ayuda viene acompañada de planes de ajuste siempre adornados con eufemismos que suelen esconder que estos planes afectan, justamente, a los sectores más humildes y que termina transformando la “bendición” en “maldición”.

 

Algo de historia

En 1956, tras el golpe militar, el general Pedro Aramburu pidió asistencia financiera al Fondo e inició una relación que aún perdura. El FMI asistió más tarde al gobierno democrático de Arturo Frondizi (1958-1962) y al de facto de José María Guido (1962-1963). Por aquel entonces, la deuda con el FMI ya había ascendido a 2.100 millones de dólares. El espíritu de aquellos aportes no puede compararse con el actual. “En los 50 y 60 eran prestamos de corto plazo, para enfrentar problemas de liquidez y evitar devaluaciones desestabilizadoras”, explicó Pablo Nemiña, investigador en economía política del Conicet, Unsam y Flacso. El gran cambio llegó en 1971, cuando EEUU pateó el tablero y devaluó su moneda para frenar el expansionismo comercial de Europa y Japón.

Muerto el compromiso de no aplicar devaluaciones competitivas, las monedas flotaron libremente y el poder de préstamo del FMI fue asumido por los bancos. El FMI perdió entonces su razón de ser. Es la década de la “travesía del desierto” del Fondo, cuando no encuentra su lugar en el mundo. En Argentina, sin embargo, apoyó sin reparos la ortodoxia económica de la dictadura. Fue el periodo de mayor crecimiento de la deuda argentina, que pasó de 7.000 millones de dólares en 1976 a 42.000 millones en 1982. “Entre el 76 y el 78 hubo 29 meses bajo acuerdo con el FMI. El PIB creció 1% y la inflación fue del 265%. Todo eso con el FMI controlando las cuentas”, recuerda el historiador económico Mario Rapaport. El FMI “tuvo un papel estratégico para dar apoyo técnico, político y financiero” a la apertura de los mercados diseñada por el ministro de Economía de los militares, José Martínez de Hoz.

“¿Qué van a decir los libros de historia sobre Macri? Que asumió con una ventaja, recibió un país desendeudado y eso le permitió acceder irrestrictamente a los mercados de capitales” (Nicolás Dujovne, entonces panelista de TN en 2017 reporteado por Alejandro Fantino. Dicho economista luego fue ministro de economía del Gobierno de Cambiemos en el tramo de toma de deuda más grande de la historia (2018-2019).

Hay casos en la historia en donde el FMI puede salir airoso en su intervención. Serbia, el país balcánico que en la posguerra, con sangre, sudor y lágrimas a través de financiación, a partir de los 2000 recuperó su economía.

El listado de países que convulsionaron fuertemente por las recetas neoliberales de Washington es interminable. El más reciente el colapso de Grecia en 2008, con manifestaciones callejeras, caída de gobierno y fuerte recesión. Haití, Panamá, Guinea Ecuatorial, Libia y la fila es extensa.

 

Un santacruceño desendeudó

“Decidimos terminar con esa deuda de 50 años, y le dijimos al FMI basta de sometimiento y de intromisión, la Argentina paga, la Argentina se libera, la Argentina construye su destino, la Argentina empieza a construir su independencia”. Néstor Carlos Kirchner, 2006, La Matanza, acto político.

El 3 de enero de 2006 el entonces presidente Néstor Kirchner canceló en un solo pago la deuda que la Argentina mantenía con el Fondo Monetario Internacional por más de 9800 millones de dólares.  Las divisas giradas directo desde las Reservas del Banco Central permitieron, además del ahorro de intereses, cerrarle la puerta a “las intromisiones y exigencias” que imponía la entidad financiera en la economía interna.

Además de la señal política, la cancelación de la deuda le permitió al país un ahorro de 842 millones de dólares en intereses. Las divisas salieron directo desde el Banco Central, que vio descender sus reservas de 28.045 a 18.575 millones de dólares, en una paridad de 3 a 1. Lo cierto es que aprovechando la bonanza del viento de cola que generaban los precios internaciones de los commodities, el recordado ex presidente patagónico accedió a terminar la relación con el FMI abonando en CASH la cuenta argentina.

“Néstor incomodó mucho al FMI, al cual no le resulta simpático la cancelación total de las deudas, porque le quita capacidad de intervención. Ellos quieren rollear los empréstitos, y que vivas girando en la rueda de los intereses eternos”, indicó Julia Strada, economista y Directora del Grupo Banco Provincia.

Por qué se tomó tanta deuda entre 2018 y 2019

Apenas asumió, Macri acordó pagarle a los "holdouts", reabriendo el camino de Argentina al crédito. La deuda argentina volvió a dispararse. Para el final de su mandato, superaba los USD320.000 millones.

En relación al PIB, llegó a estar por encima del 90% en 2019, el último año de gobierno macrista. Las razones esgrimidas por el gobierno de Mauricio Macri fueron “paliar el déficit y volver a sentar las bases del crecimiento”. También la composición de la deuda cambió (de forma perjudicial para el país): Ahora cerca del 80% está en dólares.

Y un quinto es con organismos internacionales, como el FMI. No se observó plan alguno de infraestructura, por lo cual numerosas razones (54.000 millones) esgrimen la necesidad de investigar judicialmente en qué se usó semejante empréstito, tomado sin pasar por el Congreso argentino.

 

En qué te afecta la vida diaria

Las políticas de ajuste cruzan transversalmente la vida de los pueblos. El FMI es una entidad de crédito que busca asegurarse cobrar sus préstamos. Para ello aplica programas de ajuste estructural.

Los mismos son creados con el fin de reducir el desequilibrio fiscal de los países prestatarios. Así, en general, los préstamos tanto del Banco Mundial como del FMI deben ser designados a promover el crecimiento económico, generar ingresos y saldar la deuda que estos países han acumulado. Eso, en las intenciones.

Lo que sucede en la realidad, por lo cual el FMI es mala palabra en el mundo en desarrollo, (80 por ciento imagen negativa en Argentina), es que tener que bajar jubilaciones, presupuestos de salud y educación, y entregar recursos naturales y soberanía no es del agrado de los países empobrecidos, que sufren en carne propias las recetas dictadas desde cómodos sillones instalados en las terminales de poder mundial.


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