Columna

El dolor de una comunidad

Por Mariano Tagliotti (ex residente de Gobernador Gregores)

Lago Cardiel
COMPARTÍ ESTA NOTA

Gobernador Gregores tiene al día de hoy el ritmo tranquilo de un pueblo en medio del macizo central que jamás perderá. Creado como posta de caminos entre la pre- cordillera y el puerto de San Julián, con motivo de reparar los carruajes que transportaban lana, se ubica a orillas del río Chico, que serpenteante lo baña, estimula sus chacras productivas, crea recodos de profunda belleza, le da vida.

Núcleo de la provincia, es una comunidad donde todos se conocen, cruzada por apellidos históricos, pioneros, clanes familiares. Los Barría por caso, son numerosos, y han venido recibiendo golpes insalvables en el último tramo. Ellos han estado desde el principio, participado de la vida social, los emprendimientos, sueños y realidades de un Cañadón León con sus particularidades, tiempos de crecimiento, espera, ansias, tan distintas a diversas regiones de la provincia. Sus vecinos, los de siempre, los han elegido para representarlos varias veces, confían en ellos, en su rol en instituciones, clubes, juntas. Marinelle Boseo era recién llegada a la zona, con sus sueños de aplicar la ciencia veterinaria que estudió, en una región con todo por hacer en ese sentido. Elsa Martínez se fue de este mundo sin saber la suerte de su hijo que, a este momento mientras escribo, sigue desaparecido. Entre tanta desgracia, uno no sabe si eso es un alivio.

 

El lago Cardiel, con su cuota de atracción de turistas que se proveen en la localidad, es un destino de distracción para propios y extraños. Un lago al cual rodea poca vegetación, muy profundo, con una pesca de alto nivel, y la particularidad del kayak como actividad extra. Los vientos patagónicos, en complicidad con el agua helada, esos vientos furiosos que aparecen de la nada, recordando que la inmensidad de este confín sur se puede llevar la vida de un ser humano en un segundo, se cobraron víctimas fatales en esta jornada negra que será muy difícil de olvidar para la comunidad.

Localidades como Gregores son un gran yenga, en relación al famoso juego con maderitas que popularizó en los 90 el extinto Gerardo Sofovich en La Noche del Domingo. Las piezas están encajadas, con amistades y también rencores, se vive en comunidad, por eso el golpe, la falta, la desaparición vital, llega tan fuerte al mentón en un pueblo tan chico. La caja de resonancia es menor, el dolor es más palpable y vívido, el conocido es un amigo, un compañero, o una presencia perpetua durante las vidas que transcurren en la estepa patagónica, en el valle que otrora fue glaciar. Desde la cumbre del inmenso cañadón que mira al pueblo allá abajo, se elevarán las almas de los desaparecidos pero descendiendo la cuesta, en esas calles que rara vez se hartan de ver vehículos transitarlas, la esencia de las piezas que faltan, perdurará por siempre. No se fueron personas, lo que pasó, es que faltará una parte de la comunidad.

Inmenso dolor y resignación a las familias.