Fallecimiento de Diego Maradona

El día después

Una jornada negra para el mundo, en particular para los argentinos que tuvieron que despedir a su astro del fútbol. Una multitud se acercó para darle su último grito de aliento. Alberto y Cristina estuvieron presentes en el velorio acompañando a la familia, al igual que deportistas, funcionarios y celebridades del país. Incidentes apresuraron el traslado de sus restos mortales al cementerio de Bella Vista, donde ahora descansa junto a sus padres.

Jueves negro para el pueblo argentino.
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Agobiante y caótica fue la despedida de Diego Armando Maradona en Casa Rosada. Pero el “AD10S” no se mancha. Lealtad, respeto y lágrimas no faltaron en un jueves negro para los argentinos que tuvieron que despedir al futbolista más importante de la historia.

Era la despedida a un grande. El más grande. Y el pueblo argentino estuvo a la altura. Miles tuvieron la suerte de acercarse a la Rosada para darle el último adiós, mientras que los otros, los que están a kilómetros de Ciudad de Buenos Aires hicieron lo propio desde las calles de sus ciudades o bien frente a la pantalla de la tele.

“Diego era Argentina en el mundo y nunca le vamos a poder pagar tanta alegría”, había dicho el presidente Alberto Fernández luego de conocerse la penosa noticia de la muerte de Maradona en la tarde del miércoles 25 de noviembre. Minutos después anunció la cancelación de las actividades oficiales que tenía programadas en la provincia de Santa Fe y en Chaco por el duelo nacional de tres días, con motivo del deceso de Diego.

Con el visto bueno de la familia del “10” el Gobierno nacional se cargó al hombro el velatorio de Maradona como todo prócer merece.

El lugar escogido para despedir sus restos mortales fue la Casa Rosada, evento para el cual se esperó la llegada un millón de personas. El Coronavirus no se tomó un parate por el velorio, pero el Gobierno entendió que el pueblo demandaba despedirlo. Y así fue.

 

La vida sin el “10”

Como previa de ese acto de afirmación para la memoria colectiva, sus familiares más directos, amigos y allegados le dieron el último adiós a cajón abierto en una ceremonia fúnebre íntima. Luego, Presidencia de la Nación informó que el horario de apertura de puertas para el público en general era a partir de las 06:00. El ingreso se realizó por Avenida de Mayo y 9 de Julio, entrando a la Casa Rosada por Balcarce 50. Por indicación de la familia, el horario se extendería hasta las 16:00. Luego se corrió a las 19:00. Pero finalmente se apresuró la finalización del velorio por incidentes afuera de la Rosada.

Alberto colocó sobre el féretro de Diego una camiseta de Argentinos Juniors, club de sus amores y primer escudo defendido por el astro en su trayectoria de leyenda. Por su parte, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner le ofrendó al “10” una camiseta de Gimnasia y Esgrima La Plata, que también depositó sobre el cajón.

El país entero estuvo envuelto en un clima de inmensa sensibilidad, emoción y fervor a lo largo de toda la jornada, caracterizada por la festividad de la mañana y la violencia desatada a la tarde cuando se acercaba el horario del final del velatorio y todavía había miles de hinchas que pugnaban por llegar al hall central de la Rosada.

Hasta pasado el mediodía, la muerte de Maradona, a sus 60 años, fue factor de una movilizante unidad en torno a una figura de divina condición que trascendió edades, clases sociales, ideologías políticas y preferencias futboleras.

Desde la madrugada se empezó a copar Plaza de Mayo, en donde los maradonianos cantaban con fervor mientras esperaban el ingreso a la sede de Gobierno.

Por la explanada de Rivadavia y 25 de Mayo arribaron el presidente de la AFA Claudio Tapia, el titular de la Liga Profesional, Marcelo Tinelli; los jugadores de Boca Carlos Tévez y Ramón "Wanchope" Ábila, además de los exfutbolistas Martín Palermo y Rolando Schiavi, entre otros.

También sus compañeros del seleccionado argentino Sergio Goycoechea, Oscar Ruggeri, Jorge Burruchaga, Oscar Garré, Nery Pumpido y Ricardo Giusti, además de su exmanager Guillermo Coppola.

Javier Mascherano, Gabriel Heinze, Maxi Rodríguez, Mariano Andújar y Daniel Osvaldo; el cantante Luciano Pereyra y el actor Nito Artaza junto a su pareja Cecilia Milone se sumaron a la nómina de presentes.

Sorprendió la presencia del histórico líder de la barra brava de Boca, Rafael Di Zeo, incluido en la lista de personas autorizadas. Situación contraria ocurrió con Rocío Oliva, última pareja del astro, quien se presentó en la Casa Rosada y constató que no estaba entre los nombres permitidos.

 

Todos los honores

Las puertas para el público se habilitaron y los fanáticos comenzaron a despedir a Diego tras permanecer entre cuatro y cinco horas desde su llegada al microcentro porteño.

Para tener el acceso al velatorio debían sortear dos controles del operativo de seguridad montado sobre Avenida de Mayo desde las calles Bernardo de Irigoyen y Carlos Pellegrini.

En el primer retén, los efectivos policiales de la Ciudad revisaban las pertenencias de los asistentes y en el segundo los sometían a un cacheo para luego habilitarles el paso en pequeños grupos. De ese modo, los hinchas llegaban hasta la Casa Rosada de manera fluida y sin desbordes por el corredor formado con vallas.

En el recinto miles fueron las expresiones de afecto de los fanáticos. Identificados con los colores de la Selección Argentina o los clubes argentinos pasaban por delante del cuerpo del “10” durante un puñado de segundos, antes que la seguridad los invitara a seguir circulando para darle paso a quienes venían detrás.

Ofrendas, aplausos, gritos y llantos acompañaban ese breve andar, todo para Diego.

Alrededor de las 14:00 la situación se enrareció. Ante el final programado la policía de la Ciudad bloqueó el paso por Avenida de Mayo y se registraron los primeros incidentes, ya que todavía miles de personas estaban fuera del dispositivo de seguridad.

Más tarde, los disturbios se trasladaron a la zona del vallado, en el corredor hacia la Plaza de Mayo. Hubo gases lacrimógenos y balas de goma, y finalmente se registraron disturbios en la puerta de la Casa Rosada, donde ingresó un amplio grupo de personas sin respetar los protocolos.

Cuando la situación se desbordó dentro de la sede de Gobierno, la seguridad del lugar retiró el féretro del hall central y lo puso a resguardo junto a su familia en el Salón de los Pueblos Originarios, donde había trascurrido la ceremonia familiar a la madrugada.

Por este inconveniente, las autoridades en acuerdo con los familiares de Diego habían acordado extender el funeral hasta las 19:00, pero la situación no se calmó. Un grupo de hinchas tomó un emblemático patio interno de la Casa Rosada y en el exterior el ambiente se hizo insostenible con gente trepada a las rejas.

Con el espíritu de priorizar el deseo de la familia, el velatorio quedó suspendido antes de tiempo y minutos antes de las 18:00 el cortejo fúnebre partió hacia el cementerio Jardín de Bella Vista, provincia de Buenos Aires.

Vale mencionar que otro episodio que opacó la despedida fue la viralización de dos fotos de Diego adentro del cajón. Personal de una casa velatoria de La Paternal se sacó selfies al lado del féretro abierto y la subió a sus redes. Esta repudiable acción les costó su empleo, pero el daño ya estaba hecho.

 

En paz

El féretro llegó pasadas las 19:00 al Cementerio Jardín de Bella Vista, a 40 kilómetros de la Ciudad de Buenos Aires. Familiares, amigos y seres cercanos lo despidieron en una ceremonia íntima.

Sus hermanos Ana, Rita, Elsa y Raúl, sus hijas Dalma, Giannina, Jana y Diego Fernando, su exesposa Claudia Villafañe, su expareja Verónica Ojeda, su sobrino Daniel Líopez Maradona, su exrepresentante Guillermo Cóppola, el embajador de Italia en la Argentina, Giuseppe Manzo, y supervisando el acto de sepultura el ministro de Seguridad, Sergio Berni, fueron los más conocidos concurrentes a ese momento final, indicó Télam.

Alrededor de 40 personas asistieron a esa ceremonia privada en la que tras el arribo del cortejo fúnebre al cementerio de Bella Vista exactamente a las 19:00, luego de poco más de una hora de viaje desde la Casa Rosada, el féretro con los restos de Diego fueron llevados a mano a través del parque hasta su morada final, situada a la vera de la tumba de su madre, Dalma Franco, "Doña Tota", y muy cerca de la de su padre, Don Diego Maradona.

Por delante de todos, en el lado izquierdo del féretro, llevaba la empuñadora Cóppola, mientras que del otro lado se ubicó Raúl "Lalo" Maradona.

El recorrido de unos 50 metros hasta el gazebo blanco instalado sobre la tumba reunió a los asistentes en un responso ofrecido por un sacerdote que fue el primero en llegar al Jardín Bella Vista a primera hora de la tarde, inclusive mucho antes que la familia de Maradona.

Luego de unos 20 minutos, se dispuso el entierro, que al momento de culminar encendió un cerrado aplauso de todos los concurrentes a modo de último adiós. Un aplauso como los tantos que supo cosechar a lo largo de su vida futbolística, pero que seguramente no será el último, porque su recuerdo siempre motivará un aplauso para Diego.

Mientras tanto, desde afuera llegaba el cántico de medio millar de hinchas de Diego que entonaba algunas estrofas del tema La Mano de Dios, del recordado cuartetero Rodrigo Bueno, rodeado de varios cordones policiales.

Eran las 20:00 en Argentina, y mientras Maradona descendía a su sepultura, en todo su país, y en el resto del mundo, los homenajes se sucedían simultáneamente, desde una Nápoles que lo ama hasta una Alemania que lo respetó y lo evocó en el partido que jugó Bayer Leverkusen por Europa League, donde su compatriota y ex figura de River Plate Lucas Alario lució el número 10 en la espalda en homenaje a la figura más representativa de la historia de la Selección.


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