Dar vuelta el objetivo

Educación y pandemia ¿Educamos para la crisis?

Por Viviana Sargiotto. 

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Desde el inicio de la pandemia, exigidos por la urgencia de poner en palabras “esto que nos pasa”, hemos incorporado una especie de diccionario-COVID, compuesto por muchas y nuevas palabras. Pero también echamos mano a viejas palabras, intentando sacarles el jugo semántico para que nos ayuden a entender lo que nos pasa y sobrellevar con menor angustia esta excepcionalidad. Una de esas palabras es: “crisis”.

La palabra viene del griego “κρ?σις” que significa “separación”, “distinción”, “elección”, “decisión”, “juicio”. A su vez, el verbo que corresponde a ese sustantivo es “κρ?νω” (krino), que significa “separar”, “distinguir”, “escoger”, “preferir”, “decidir”, “juzgar”, “resolver”. Lxs griegos usaban este verbo para describir la actividad de separar las buenas semillas de las malezas y otros desechos. Para realizar esa tarea, lxs agricultores utilizaban un cedazo o zaranda, a la que denominaban “κριτ?ριον”, que se traduce como “criterio”.

Por su origen etimológico, una crisis implica separar lo que sirve de lo que no, lo valorable de lo desechable, lo importante de lo que no lo es. Para hacer esa selección es imprescindible tener “criterio”, es decir, capacidades y conocimientos para tomar la decisión correcta. Quien tiene esas condiciones es “κριτικ?ς”, “crítico”, porque es “capaz de juzgar”. Usamos el término en ese sentido con lxs críticos de obras de arte, por ejemplo.

Cuando decimos que las crisis son oportunidades es porque abren la posibilidad de revisar y diferenciar, pero sólo lo son si podemos darles sentido. Para eso hay que considerar algunas cuestiones:

En primer lugar, las crisis nos atraviesan, nos pasan, como el Coronavirus. Lo excepcional de esta crisis es su universalidad y simultaneidad: nos está pasando a todxs como humanidad.

En segundo lugar, las crisis son difíciles de soportar porque no podemos seguir pensando como pensábamos. Nuestra manera de ser y estar en el mundo ya no nos sirve y tenemos que cambiarla por una “nueva mentalidad”, para afrontar una “nueva normalidad” que aún no conocemos. La transformación se vuelve a la vez muy urgente, muy difícil y completamente posible (1). Por eso mismo, nos aterra.

En tercer lugar, las crisis nos demandan respuestas urgentes, pero paradójicamente nos exigen bajar la marcha y reflexionar para poder tomar decisiones.

Frente a esto, como educadores tenemos mucho para hacer y pensar, porque lo primero que desnuda una crisis, profunda y extendida como la actual, es que no educamos para las crisis. Educamos, predominantemente, para el éxito, la productividad y la competencia. Educamos para desarrollar la capacidad de resolver problemas de la manera más rápida y eficaz. Educamos para lo útil, lo material y lo concreto. Por supuesto que estas capacidades son importantes y se ponen en juego durante las crisis, pero no alcanzan. Necesitamos otras.

Desarrollar la racionalidad instrumental es importante por su rapidez y eficiencia para adecuar modos de proceder a metas u objetivos asumidos o predeterminados, pero en las crisis tenemos que redefinir esas metas y objetivos, establecer nuevas jerarquías y producir nuevas interpretaciones del mundo que nos rodea y sus sentidos. Esto significa que en las crisis cobren un papel preponderante la capacidad crítica y la creatividad. Alejandro Cerletti y Walter Kohan dicen que “los dos modos principales del pensar crítico y creativo son el descubrimiento y la invención. Descubrir implica hacer visible algo que estaba cubierto u oculto. Inventar es idear algo nuevo, diferente, crear una alternativa. Pensar crítica y creativamente implica inventar y descubrir a la vez. Hay algo de creación en el des-cubrir, así como hay algo de criticidad en creación de algo nuevo. De modo que pensar creativamente no implica necesariamente crear algo totalmente nuevo. La creatividad puede estar dada por el ordenar las mismas cosas de diferente manera o simplemente sacar a luz lo oculto. Pero en todos los casos, del pensar creativo brota una alternativa diferente a lo dado”. (Cerletti y Kohan, 1997: 100) (2).

Las crisis también exigen bajar la marcha y mirar para los costados. No se puede seguir avanzado con las anteojeras de los caballos de tiro que sólo permiten ver el camino hacia adelante y evitan cualquier tipo de distracción. En las crisis para seguir avanzando hay que mirar a los costados. Como dice Carlos Skliar, “la vida no siempre es para adelante. La vida es también hacia los lados”.

Las crisis nos pasan, son difíciles de soportar y nos demandan acciones y respuestas. Es importante que eduquemos y nos eduquemos para afrontarlas de la mejor manera y dotarlas de sentido. La crisis provocada por el COVID-19 genera angustias y desafíos, amenazas y oportunidades, riesgos y esperanzas. Para quienes educamos, esta crisis nos conmina a poner el mundo y la vida sobre la mesa y a equipar/nos de criterios para diferenciar lo valioso de lo desechable y lo importante de lo que no lo es.

*Mg. Viviana Sargiotto

Docente Investigadora UNPA-UACO

ESCUELA EDUCACIÓN UACO