Fútbol de salón

Decime qué se siente

El pasado 7 de este mes se cumplió un año de lo que fue la consagración de la Albiceleste en el Mundial de Fútbol de Salón que se disputó en Misiones. Uno de los que formó parte de aquel equipo fue Rafael Romero. El ex Ce.Ju.Sa. entre otros, integró el cuerpo técnico. En una entrevista exclusiva de TiempoSur , Rafa revivió lo que fue aquel buen momento. Su próximo sueño es, ni más ni menos, que “dirigir a la Selección Argentina”.  

El cuerpo técnico campeón del mundo a pleno.
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El 7 de abril de 2019, no fue un día más. Fue único e irrepetible. Como todos. Y para todos en general. Aunque también lo fue en particular para la Selección Argentina de Fútbol de Salón. Es que fue ese día, cuando el combinado albiceleste se consagró campeón del mundo, en la competencia que tuvo lugar en nuestro país. En Misiones, más precisamente.

Este 7 de abril, no fue tampoco como otros. A diferencia del mismo día pero del año anterior, en lugar de estar todos en la cancha o pendientes del partido, que se pudo ver por televisión en todo el territorio nacional, ahora nos tocó estar en casa. Sin más opciones. Por el COVID-19 y la cuarentena mundial declarada para combatir a esta pandemia. Lo que está claro es que ni un día ni el otro serán jamás olvidados. Aquel del 2019, seguramente y de manera especial, se mantendrá siempre vivo en la memoria de quienes tuvieron la suerte de formar parte de semejante éxito. Uno de éstos fue Rafael Romero. El ex DT de Ce.Ju.Sa., entre otros equipos, integró el cuerpo técnico de Ariel Avveduto y fue uno de los que al finalizar la competencia se colgó la medalla de Oro. Respetando el confinamiento, Romero festejó el primer aniversario de este título en su casa, rodeado de su familia. Unos días más tarde de esta íntima celebración, el DT habló en forma exclusiva con TiempoSur. Con alegría se acordó de todo lo vivido. No sólo durante el torneo sino también antes. Además, hasta se animó a contar su nuevo sueño. Como lo hizo una vez con ser campeón del mundo y con la ilusión, también, de poder hacerlo realidad.

-Pasó ya poco más de un año de tu experiencia mundialista, ¿qué recuerdos tenés de ese torneo?

La verdad es que los recuerdos que tengo del Mundial son los mejores. Si bien era mi segunda experiencia mundialista como integrante del cuerpo técnico argentino, fue la primera vez en mi país, con nuestra hinchada apoyando. Justamente ese es el mayor recuerdo, el amor incondicional de la gente de todo el país, que nos hacían llegar como podían su afecto, saludos y apoyo. Además de la hermandad creada por el grupo de trabajo y los jugadores.

 

-¿Este Mundial fue lo máximo que te tocó vivir como entrenador?

Este Mundial fue distinto. En tres oportunidades se realizó en nuestro país esta competencia. La primera fue en el año 1994 y la segunda en el 2011. Éste era nuestro tercer mundial como anfitriones y se jugó en Misiones. Tuvo, sin dudas, por estos detalles, otro plus. Que fue, como mencioné antes, el que le aportó la gente. No sólo en el estadio sino también en las calles de Oberá, Posadas y Montecarlo, que fueron las ciudades en dónde nos tocó jugar. Dicha provincia parece tener algo especial con el Mundial y la Selección, ya que fue en esta misma en donde Argentina se consagró por primera vez campeón. Fue en 1994. Desde esa época no se podía ganar un Mundial. Antes de este título, habíamos hecho podio en el 2000, en Bolivia, cuando salimos terceros. En ese campeonato también tuve la suerte de estar y participar. Integré el cuerpo técnico con Demetrio Luizón. En el 2011, fuimos segundos y gracias a Dios, el año pasado, nos tocó volver a levantar la copa y festejar. Por segunda vez logramos el objetivo máximo con el que cualquier deportista anhela y sueña. Por todo eso, entonces, te puedo decir que sí, que fue lo máximo que me tocó vivir. Los que estamos en el deporte, sabemos que integrar una Selección de tu país y representarla son momentos únicos y yo tuve la fortuna de poder vivirlo.

 

-¿Cómo fue que se te dio la posibilidad de participar del proceso previo y también del mismo Mundial?

La primera vez en el año 2000, llegué a la Selección por una propuesta que me hiciera el profesor Demetrio Luizón, quien además de ser amigo, fue la persona que me dirigió desde los 15 hasta los 18 años en el club Casa Magallanes de Ushuaia. Cuando a él le llegó su designación por parte de la CAFS, me convocó a mí para ser su asistente técnico. Participé del Panamericano de Paraguay, en 1999, y también del Mundial de Bolivia, en el 2000. En ese tiempo comencé a dirigir en la ciudad de La Plata, al equipo de Reserva de la Universidad Nacional. Ahí a la posibilidad me la dio el profesor Daniel Capocceti, quien me invitó a jugar en el equipo y me pidió que aportara mi conocimiento. A él le estaré siempre más que agradecido por su generosidad. Le debo mi primera experiencia a cargo de un equipo. De ahí en más me propuse comenzar a aprender más y dirigir fútbol de salón e intentar llegar nuevamente a consideración de la CAFS para algún proceso de Selección. Al llegar a Río Gallegos comencé a dirigir en AMSA, un grupo fenomenal de mucha experiencia en el salón santacruceño. Con ese equipo salimos campeones en el 2004. Después, pasé a dirigir a Ce.Ju.Sa., que fue el equipo con el que más tiempo estuve y al que le debo mi posicionamiento como técnico a nivel nacional. Ese fue un gran equipo, con jugadores que siempre apuntaban a más y me exigían mucho. Con ellos obtuvimos cinco campeonatos locales y un cuarto puesto en una competencia nacional. Fue en la Copa de la División de Honor, en el 2015. En ese torneo fue que conocí a Ariel Avedutto con quien nunca había hablado, pero por intermedio de quién era su segundo entrenador, Martín Bonvehi, tuvimos en algún momento una video conferencia en la que hablamos del proceso mundialista del 2000. Al poco tiempo, Ariel (Avveduto) me consulta sobre la posibilidad de que sea un colaborador externo en el proceso de ellos. Le dije que con gusto lo haría. Pasó el Mundial del 2015, en Bielorrusia. En ese campeonato salieron terceros y cuando terminó el mismo, Martín (Bonvehi) decidió no continuar su trabajo en la Selección por motivos personales. Cuando se generó esa vacante, Ariel (Avveduto) decidió incorporarme a su cuerpo técnico. Fue en el 2018.

 

-¿Imaginaste alguna vez que esa posibilidad se te iba a dar?

Era un sueño para mí. Como tal, lo perseguí y por suerte lo pude cumplir. Ser parte del cuerpo técnico de la Selección Argentina es algo muy importante y de mucha responsabilidad. Uno tiene que aportar, desde dónde le toque, para que el equipo juegue mejor y pueda alcanzar sus objetivos. También lo tiene que hacer para que la disciplina crezca. Los que jugamos fútbol de salón CAFS tenemos un sentido de pertenencia muy grande y amamos este deporte que es federal por excelencia.

 

-¿Cuál la función específica que tenías  dentro del cuerpo técnico?

Mi función dentro del cuerpo técnico de Selección Argentina fue la del análisis de la defensa rival. Es decir, tenía que ver aspectos colectivos, tiros libres, laterales y corners de los equipos que íbamos a enfrentar. Se basaba todo en la observación, estadística y análisis de videos. El equipo de scouting lo integrábamos cuatro personas. Luciano Delía de Rosario, se ocupaba de toda la estadística de Argentina en el momento; Enrique Oropel de Mendoza, tenía a su cargo los aspectos del ataque rival; Néstor Jaquet de Misionero, era el responsable de los aspectos individuales de los rivales y, por último, mi función, representando a Santa Cruz, era la de ver los aspectos defensivos de nuestros adversarios. Cada uno tenía un rol y función que cumplir. Como en muchos casos los partidos se jugaban en el mismo horario; nos separábamos y realizábamos en primera instancia la filmación del video y también hacíamos un primer análisis en el momento. Después, teníamos que volver a ver el video y seleccionar lo más relevante de cada aspecto. Por último, editábamos un video final, con informe incluido, y lo teníamos a disposición de Ariel (Avveduto) para cuándo este decidiera compartirlo con los jugadores en alguna de las charlas habituales de la concentración. A simple vista parece fácil, pero eran distancias largas, había que editar todo el material y preparar el informe en el cual todos aportábamos para intentar que no se nos escape ningún detalle.

 

-¿Cómo está hoy tu relación con la CAFS?  ¿Seguís formando parte del cuerpo técnico?

Nuestro proceso termino el día que salimos campeones del mundo. Ariel (Avveduto) tenía decidido no continuar y nosotros, por ende, debíamos esperar el informe que él tenía que presentarle a la CAFS. También teníamos que esperar el informe del coordinador de selecciones de la Confederación, para ver después qué resolvería dicha entidad con respecto a este tema. Todo eso ya ocurrió y la CAFS eligió un nuevo cuerpo técnico que ya está en funciones y al cual le deseo el mayor de los éxitos. En lo personal, voy a seguir trabajando para que en algún momento pueda ser considerado por CAFS y tener otra oportunidad. Más allá de esto, estoy feliz por lo vivido y por el aprendizaje adquirido hasta hoy.

 

-Jugar un Mundial debe ser algo increíble pero hacerlo en nuestro país, ganar el título y que sea nada más que ante Brasil, supongo que el sueño fue completo, ¿no?

Sí, la experiencia fue más que emotiva. Jugar ante nuestra gente y con su apoyo. Fue único. Ojo, pero también era una presión para nosotros. Linda, pero presión al fin. El cariño que nos dieron fue permanente. Sobre todo en la calle, algo impensado también. Fue así desde el momento en que nos instalamos, lo hicimos un mes antes del Mundial, hasta que comenzó la competencia. Ni que hablar del aliento durante los partidos. Nunca dejaron de creer en este equipo y eso se vio reflejado en cada partido. Creo que ayudó, y mucho, lo que dieron los jugadores y también nosotros desde el cuerpo técnico. Armamos un grupo muy humilde, honesto y genuino.

 

-¿Cómo viste el rendimiento del equipo durante todo el torneo?

El rendimiento fue muy bueno durante todo el torneo. Fuimos superiores tanto física como tácticamente. A mí lo que más me gustó del equipo fue la actitud ganadora, la agresividad táctica con que jugaba y el respeto que tenía por todos los rivales. Me resulta difícil decir qué es lo que no se hizo bien, sobre todo después de haber salido campeones, pero creo que en la final sufrimos más de lo que debíamos. Nos costó tener cierta tranquilidad, que se vio cuando faltaban seis segundos. Tengo grabado el momento en que Miguel Tapia va caminando a sacar el lateral y el Chelo (Mescolatti) se coloca en el área. En esa jugada a los dos se los vio serenos dentro de la situación y eso nos permitió convertir el empate. Con ese gol fuimos al alargue y, después, ganamos el partido.

 

-Si tuvieras que elegir un jugador de Argentina que se destacó y fue clave en todo el campeonato, ¿quién sería?

Es difícil elegir a uno en especial. Teníamos un equipo muy parejo en todos sus cuartetos. Cada uno sabía lo que tenía que hacer y el rol que cumplía dentro de la cancha. Para mí, sin dudas, el mejor jugador fue el equipo.

 

-Hubo alguno que llegó en silencio y que después por rendimiento se puso en boca de todos, ¿quién?

En realidad no llegó en silencio porque era una de las promesas de este equipo. Estoy hablando del mendocino Gonzalo Pires. Éste, durante la concentración sufrió una lesión grave en la rodilla, que pudo en duda su participación en el Mundial. Recuerdo que Ariel (Avveduto) estaba muy mal por él, porque Gonzalo (Pires) se había preparado muchísimo para estar y llegar bien. Por eso mismo, se lo esperó. El jugador hizo una muy buena rehabilitación y estuvo finalmente entre los convocados. En los partidos previos a la final, ingresó pero no pudo realizar su juego con plenitud. Pero el tiempo le dio su revancha. Apareció cuándo debía y nos dio el gol con el que ganamos el título.

 

-La final fue una locura, sobre todo los últimos minutos. Pasó de todo. ¿Cómo viviste el partido en particular?

La verdad que Brasil fue de menor a mayor durante el campeonato. Argentina, entonces, llegaba como candidata. Pero nos costó mucho. Yo lo comparo con esas películas que tiene todos los condimentos, y el suspenso predominó. Peor fue cuando, cobraron penal; yo estaba en mi puesto en la cabina con Darío Brusadin, periodista de Mendoza, y cuando vimos al árbitro sancionar la infracción a favor de Argentina, nos miramos. Un poco sorprendidos e incrédulos porque no habíamos visto lo mismo desde nuestro lugar. No compartíamos lo que estaba pasando pero, lo cierto es que me dio un poco de tranquilidad porque era la chance que necesitábamos para ir a buscar el triunfo en el período suplementario. Creí que con eso, la historia ya estaba. Pero no, había más. Fallamos el penal y después pudimos empatarlo de manera épica. Creo que todo lo que pasó en ese partido, va a quedar guardado en mi memoria para siempre. Esos últimos seis segundos fueron terribles. No nos quedaban muchas posibilidades pero tuvimos esa cuota de suerte que tienen los campeones y pudimos revertir la historia y el marcador.

 

-¿Qué otro equipo de los que pudiste ver te sorprendió por nivel de juego o capacidad de sus jugadores?

Me sorprendió Sudáfrica. No teníamos mucha información sobre ellos y fuimos viendo los partidos y tenían individualidades que jugaban muy bien. Les complicó la vida a varios equipos durante el torneo.

 

-En cuanto a lo organizativo, ¿qué te pareció el certamen?

En cuanto a lo organizativo fue un Mundial increíble, creo que a la altura de lo que debe ser un campeonato así. La inauguración, la televisación, el ingreso de los equipos al estadio, la custodia para las delegaciones y hasta el servicio médico. Creo que la vara quedó alta. Ojalá se pueda superar lo realizado en el país, sería bueno para dar un golpe de calidad en lo que respecta a la organización de este tipo de eventos.

 

-Entendiendo a tu experiencia mundialista como el haber hecho realidad un sueño. ¿Cuál sería ahora el próximo a cumplir?

En lo personal, el próximo sueño por cumplir sería dirigir a la Selección Argentina. Voy a seguir trabajando y preparándome para ese momento.

 

¿CABULERO YO?

El día de la final, Ariel me dice que me quede en la cancha para vivir este momento todos juntos. Arrancó el partido y todo bien. En el momento en que Brasil pasó a ganar, internamente me dije: “Yo no tengo que estar acá”. Entonces agarré y me fui a la cabina de transmisión. Es que ese había sido mi lugar durante todo el Mundial. Y para qué cambiar justo el último partido. Además, había dejado mi cámara filmando, entonces tenía la excusa perfecta para irme. Gracias a Dios, las cosas después en el partido cambiaron y pudimos salir campeones. No sé si fue por mi cábala o no, pero pasó y es lo importante. Mi señora, que lo vio por TV, les decía a unos amigos, “seguro que Rafy se fue a la cabina porque estábamos perdiendo, es más cabulero”. A confesión de parte, relevo de pruebas, dice el refrán.

 

LO PRIMERO, LA FAMILIA

Los títulos se celebran, pero también se dedican y agradecen. Lo hizo Rafa en aquella oportunidad y lo reiteró ahora. “Dejame agradecer, primero a mi familia, mi señora Fernanda, mi hijo Martino y mi hija Agustina. Sin el apoyo de ellos yo no podría haber logrado todo esto. Además, son también los que ahora me empujan para que siga persiguiendo mis otros sueños”.