Día del Periodista

Con derecho y para lxs humanxs

El desafío de gestar una comunicación que incluya, que acompañe, que abrace, que tenga perspectiva de derechos humanos parece seguir tan vigente como en los principios del periodismo. La globalización, las correcciones políticas y la sociedad más dinámica de la historia de la humanidad, más que obstáculo, puede ser una oportunidad para repensarla.

Foto ilustrativa
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Por Constanza Ryan - Periodista Tiempo FM

*Contiene lenguaje inclusivo

Todas las personas tienen derecho a una información libre de discriminación, violencia simbólica y que no atente contra la integridad de las personas. Lo que no se nombra no existe y cómo se nombra, construye imaginarios y realidades. Habitar los espacios de enunciación con derechos humanos ya no es solamente una efeméride de la dictadura, pero vale destacar, que no sería posible sin democracia.

La retroalmientación con quienes leen y consumen los mensajes de los medios no tiene precedentes. Las redes sociales generan noticias y la comunicación hace eco en facebook, twitter e instagram, ya no se puede decir que es algo de nativos digitales o millennials, es el poder de la palabra.

Que la mitad de los habitantes del mundo tenga una cámara en la mano y pueda subir sus registros en tiempo real a internet nos permitió estar en las calles de Mineápolis viendo como la violencia institucional le aplastó la cabeza a George Floyd hasta matarlo y dentro de una casa en Chaco viendo las temblorosas declaraciones de una mujer Qom después de ser golpeada, abusada y amenazada de muerte por la policía argentina.

Revivir vulneraciones de derechos en primera persona, hace que el registro de CORREPI de una muerte cada 19 horas por represión estatal en 2019 sean más que un número y a la comunicación, una problemática innegable. La rotura de maxilar de lado izquierdo de la cara a un joven en Río Gallegos el mes pasado, el mojar a la intemperie a dos mujeres en San Julián, los disparos de balas de goma a una manifestación de despedidos en Pico Truncado también. Que la causa de Gustavo Gerez, a quien mataron a golpes en una comisaría de Caleta Olivia no tenga imputados, también.

La elección de palabras como disuasión o la figura del código penal de apremios ilegales suaviza bastante la situación en las que la población de Santa Cruz temió de quien debía cuidarla. Y quizás cuando chorrea sangre y reina el miedo la vulneración sea más evidente, pero tiene muchas formas y siempre golpea más fuerte a las poblaciones que no son hegemónicas.

Lxs protagonistas de estas historias son de descendencia afro, que también existe en argentina, de pueblos originarios, que aún resisten en la provincia y mujeres y diversidades sexuales, que deben vivir ante el acecho de la violencia de género y los crímenes de odio. Todxs de clases medias y bajas.

Hay que seguir enunciando que el racismo y la homofobia no son opciones, porque lamentablemente alguna vez lo fueron. “Mueren dos personas y un boliviano” redactó el canal de TV famoso por sus placas rojas en una de ellas en 2008. En seis palabras lograron un concepto xenófobo, racista y deshumanizante. Desconocer lo que está escrito en la constitución no es una opinión. Anunciar con orgullo que chilenxs no ingresarán a Argentina, más allá del contexto de COVID-19, es ir en contra de la ley 25.871 de política migratoria del país.

Pero no todos los mensajes de odio quedaron en la década pasada, NOVA agencia de noticias internacional en 2019 tituló “Repudio al actor travesti Flor de la V por exponer la sexualidad de los famosos” en referencia a un video que posteó la actriz en el marco del día del orgullo, junto a muchos artistas y músicxs. El cuerpo de la nota es aún peor, el único sustento son dos tuits y la tratan de varón todo el tiempo, incluso usando su nombre anterior. La ley de identidad de género se sancionó en 2012.

Quizás la violencia hoy es más sutil, probablemente un medio ya no titule “crimen pasional” en referencia a un femicidio, pero quizás si relate que Melina Romero era “fanática de los boliches”, como lo hizo Clarín en 2014 culpabilizándola, matándola otra vez. No saber absolutamente nada de, Joel Fernández, alias “Chavito”, el condenado por su asesinato en 2017, también es una elección mediática.

“Mujeres que no fueron tapa”, “Prácticas periodísticas”, “Dispenser de Noticias” de Vera Ferrari o “País de Boludos” son ejemplos de comunicación joven y autogestiva que critica los regímenes impuestos de la comunicación hegemónica. Los últimos dos incluso hacen humor, bajo el cual se ha escondido y excusado el odio durante mucho tiempo en Argentina. Invitan a reír, sin reírse de nadie.

Contar historias que reflejen una humanidad plural y diversa, enriquecer los relatos visibilizando las voces históricamente silenciadas son opciones. Vulnerar los derechos a través de las construcciones periodísticas no. Transformando una frase de los feminismos “la comunicación será con derechos y para todxs lxs humanxs o no será”.


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