Fútbol de salón

Bien igual

Se jugaron las semifinales del Torneo Nacional de Selecciones A de Fútbol de Salón. Fue el pasado viernes por la noche. En uno de los partidos de esta instancia, Cuenca Carbonífera cayó ante Río Grande por 3 a 2. De esta manera se terminó el invicto y el sueño de campeonar para los dirigidos por Hugo Navea. Por el otro lado del cuadro, Mendoza venció Comodoro Rivadavia por 5 a 3. La borravino sigue entonces con posibilidades de ganar el quinto título consecutivo y el 13° de su historia. Ayer, al cierre de esta edición se jugaba la última fecha del certamen.

  • 23/06/2019 • 11:12
Los santacruceños lo dieron todo y la gente se lo reconoció.
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Sufrió durante todo el torneo. Lo hizo primero para después festejar. Así fueron cada una de las primeras cinco jornadas. Bueno, cuatro en realidad, porque en el debut, Cuenca Carbonífera goleó a Rosario. Y fue la única vez que pudo conseguir una diferencia a favor mayor a la mínima. En los otros partidos de la fase de grupos y en el arranque de los playoff ganó, con trabajo, sacrificio y buen juego pero siempre de manera ajustada. Con merecimiento también, claro está. En estos partidos de alto impacto emocional, la suerte estuvo siempre del lado de los locales. Necesaria esta, además de otras cuestiones que tienen que ver más con lo específico del deporte, como para sortear cada uno de los escollos que una competencia genera. El azar jugó entonces a favor hasta que dejó de hacerlo. Quizás, en uno de los momentos más importantes del torneo. Pero, pese a la derrota y a las consecuencias que trajo esta, quien le quita lo bailado a Cuenca Carbonífera. Absolutamente nadie. Porque lo vivido, vivido está y bien hecho.

El último viernes por la noche las que se jugaron fueron las semifinales del Torneo Nacional de Selecciones A de Fútbol de Salón. En uno de los partidos de esta jornada, disputados en un repleto Polideportivo Lucas Moussou de Río Turbio, Cuenca Carbonífera perdió contra Río Grande. Los fueguinos le pagaron con la misma moneda y derrotaron al representante santacruceño, único en este certamen, de manera ajustada y agónica. Los nuestros, entonces, murieron en su propia ley. Y con las zapatillas bien puestas.

 

El partido

Por tratarse de una semi y por todo lo que había en juego, el inicio del partido fue el esperado. Con mucho nerviosismo por parte de los jugadores de uno y otro lado.

En los primeros minutos, ambos equipos se estudiaron mucho y se dedicaron más a cuidar su propia valla que a pensar en la de enfrente.

Con el correr del tiempo, y a medida que se fueron acostumbrando al partido y el ambientazo que había en el recinto, se fueron soltando y mostrando cada uno lo que realmente tenía para dar y por lo que habían llegado a esta fase del torneo.

Les faltó más para inquietar a los porteros que se fueron casi sin haber trabajado en esta primera mitad. Los 20 minutos iniciales del juego pasaron sin peligro de quiebre para ninguno. Hubo quizás acá, una deuda con la gente.

En el complemento, la cosa cambió un poco.

Río Grande tomó la iniciativa y en los primeros minutos de la segunda mitad, convirtió en figura a Sormani, el arquero santacruceño. Los fueguinos insistieron tanto hasta que marcaron. Lo hizo a través de Fernández. El 1 a 0 en contra pareció encender las alarmas y despertar a los nuestros. Estos dejaron de lado la modorra del vestuario y la timidez de todo el juego. Se fueron a presionar alto pensando en la igualdad. Cuando lo consiguieron, siguieron empujando, junto con la gente, hasta que metieron el segundo tanto. Lo hizo Hardy. Faltaban casi dos minutos para el cierre del partido y la ventaja y el momento parecían confabularse para una victoria local. Pero la caprichosa, no lo quiso así. En cuestión de segundos, el juego cambió. Para mal. Un par de distracciones llevaron a los fueguinos a repetirse en los festejos. Primero gracias al gol de Carrillo y después al de Fernández, quien marcó el segundo tanto de su cuenta personal en este cotejo.

En un abrir y cerrar de ojos Río Grande lo dio vuelta. Sorprendió al anfitrión y lo noqueó. Cuenca Carbonífera no tuvo casi posibilidad, por el tiempo que faltaba para terminar el partido, de reaccionar. El 3 a 2 final sentenció al equipo de Hugo Navea. Lo dejó sin invicto y sin la posibilidad de jugar por el título.

Más allá de esto, la campaña hecha por el equipo santacruceño en este campeonato fue más que buena. Eso es lo que importa.

 

Pasó Mendoza

En el otro partido de las semifinales, Mendoza superó a Comodoro Rivadavia por 5 a 3. Pese a la diferencia, el partido fue bien parejo y disputado. Empezó cuesta arriba para el último campeón. Cristian Nieto de contragolpe había sido el autor del primer tanto para el conjunto chubutense. Empujado por la experiencia y calidad de sus jugadores, el elenco cuyano salió rápidamente a cambiar sus monedas. Antes del descanso, Mendoza lo dio vuelta. Martín Páez y Gonzalo Pires pusieron el 2 a 1 a favor con el que la borravino se fue al vestuario para el descanso del medio tiempo. En el inicio del complemento, Pires volvió a marcar y estiró así las ventajas con respecto a su rival. En ese momento se esperaba una goleada de Mendoza, que estaba mejor en el partido. Pero Comodoro Rivadavia, un viejo zorro de esta competencia, no bajó los brazos y fue a por la histórica. Lo empató con tantos de Nieto y “Pelé” Núñez.

Los cuarenta minutos oficiales se esfumaron y quedó la igualdad.

Hubo entonces que estirar la acción en busca de un ganador. En los diez minutos de alargue, el cansancio se hizo notar. De un lado y otro.

Faltaban ideas y minutos. Los penales estaban al caer pero el arresto individual del mundialista Marcelo Mescolatti decidió que la cosa terminase antes. Este marcó el cuarto tanto para Mendoza. Bastó uno para que llegara otro. De contra, Diego Koltes puso el 5 a 3 definitivo.

Con esta victoria, Mendoza se aseguró jugar su sexta victoria consecutiva. Viene de ganar las últimas cinco. Va por una más, la 13° estrella de su historia.

Ayer al cierre de esta edición se jugaba tanto el partido por la medalla de Bronce como el cotejo por la de Oro.

Era lo último ya de un campeonato que quedará, más allá del resultado final, en la historia del salón santacruceño.


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