Tiempo de Pensar

Plan de Juventud

El objetivo central de un Plan es ser una herramienta de trabajo eficaz que proporcione soluciones mediante un modelo de intervención que reconozca la situación de los jóvenes y promueva cambios y mejoras en sus condiciones en un modelo participativo e integrado del sector público y los jóvenes, organizados o no.

  • 11/02/2019 • 11:38
Juan Szymankiewicz, integrante de la FAM
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Por: Juan Szymankiewicz

  • ¿Qué es un Plan de Juventud?
  • La importancia de elaborar una Guía de Buenas Prácticas.
  • Lecciones aprendidas
  • ¿Por qué una Política Municipal de Juventud? 
  • Características de la Política de Juventud

1. ¿Qué es un Plan de Juventud?

El objetivo central de un Plan es ser una herramienta de trabajo eficaz que proporcione soluciones mediante un modelo de intervención que reconozca la situación de los jóvenes y promueva cambios y mejoras en sus condiciones en un modelo participativo e integrado del sector público y los jóvenes, organizados o no.

Los proyectos y actividades programados apuntan a lograr que los jóvenes conozcan la oferta del sector público (especial enfoque en la oferta de la Municipalidad) tanto culturales, como participativas, asociativas o deportivas; y por otro lado, en estimular la integración de dicho colectivo en la definición, diseño y ejecución de las acciones.

El Plan de Juventud está justificado desde el punto de vista conceptual porque permite organizar la política de juventud, presentar de manera sistematizada las propuestas, las acciones que se llevarán a cabo en cada área, las coordinaciones y resultados que se esperan alcanzar.

La importancia de elaborar una Guía de Buenas Prácticas.

En una “Guía de Buenas Prácticas de Juventud – se recopila el conjunto de principales acciones, proyectos y programas desarrollados y se destacan las razones por las cuales se eligieron como buenas prácticas.

El resultado más importante que se puede obtener es la amplia participación juvenil, en los más variados campos, como los culturales, deportivos, comunicación, voluntariado, medio ambiente, entre otros.

La multiplicidad de oferta ha permitido convocar desde los más diversos ángulos y en muchos casos fueron los propios jóvenes los que definieron y ejecutaron las propuestas. La participación de los jóvenes en la toma de decisiones y la decisión sobre diversas acciones ha sido el signo distintivo que en general presentan en todas las áreas de su gestión y primordialmente en lo social.

La participación permite la integración juvenil en las estrategias y acciones y genera un desafío porque en algunos casos las propuestas no tienen la convocatoria o los resultados esperados y posibilita la evaluación y ajuste de las más diversas acciones.

Lecciones aprendidas

La participación es un instrumento ampliamente usado por las aéreas juveniles en múltiples ámbitos y en el caso de los jóvenes promueve el sentido de apropiación y de identidad. La apropiación se da principalmente porque mediante el diálogo, los talleres y los cursos se identifican las propuestas y son ellos quienes las priorizan y participan en su instrumentación. Por lo cual son actividades sentidas como propias y ejecutadas con su mirada. La identidad –elemento sumamente importante para los jóvenes— se logra porque no sólo se apropian de las acciones sino que éstas están definidas desde su perspectiva, lo cual significa que el tiempo y espacio empleado en determinadas acciones son definidas por “quiénes son” y por “cómo se sienten”.

La transversalidad puede ser considerado otro de los aprendizajes que se rescata de la acción de las Municipalidades, porque no se trata de integrar a los jóvenes solamente en los temas de juventud, que sería la visión más tradicional, sino que se generan espacios para que puedan participar en la definición de estrategias tanto en temas juveniles como en temas ambientales, culturales, de salud, etc.

Asimismo, al considerar a la juventud como parte de las políticas públicas ha permitido que se produzca la retroalimentación necesaria producto de la transversalidad no solo de la acción sino también de las políticas.

Por otra parte, el interés de los jóvenes por la capacitación y la participación en talleres es un aprendizaje que lleva a enfocar parte de la estrategia futura en profundizar y ampliar el espectro de oportunidades y buscar espacios donde sean los propios jóvenes los que capaciten u orienten en diversas áreas.

Para finalizar, un aspecto que tiene incidencia clave en el logro de resultados es el apoyo político de las máximas autoridades (Intendentes, Directores). Porque aumenta la visibilidad de las acciones, tanto a nivel de prensa como de los propios involucrados, genera un reconocimiento a quienes las llevan adelante, muestra un compromiso institucional que asegura la continuidad y promueve la sensibilización de la propia administración y la incorporación de resultados a su gestión.

¿Por qué una Política Municipal de Juventud?

La política local de juventud expresa la voluntad del gobierno de garantizar la plena participación de los y las jóvenes en la vida económica, política, social y cultural. Se busca mejorar sus condiciones de vida, su participación activa, así como la capacidad institucional para que las políticas que con y para ellos se desarrollan sean de calidad, con enfoque de derechos que los posicione en sujetos activos de su propio desarrollo.

Desde hace décadas que los países identifican la necesidad de revertir o poner fin al círculo de la reproducción inter generacional de la pobreza, que afecta en diferente medida a la pirámide de población. Es la infancia en primer lugar y los y las jóvenes en segundo a quienes habrá que equipar con oportunidades para que puedan ser los protagonistas de las transformaciones necesarias. Los y las jóvenes siguen presentando indicadores que ameritan el diseño de una política específica, es necesario que los gobiernos sean esos nacionales, regionales, o locales inviertan en el desarrollo de la juventud, a través de compromisos y acciones concretas, ya que son las nuevas generaciones quienes influirán en temas como la convivencia democrática, la cohesión social, los nuevos modos de relación en la sociedad de la información  y en la forma en que se utiliza el conocimiento en todas las esferas.

Por tanto, como se señalara debe existir una decisión gubernamental clara para que ésta se traduzca efectivamente en resultados e impactos en la juventud, el municipio, por estar más cerca de las necesidades y propuestas de la ciudadanía, debe asumir la responsabilidad de diseñar, desarrollar y evaluar una política pública de juventud, con criterios de equidad y de derechos.

Con un enfoque que supere los esfuerzos sectoriales con los cuales históricamente se ha venido trabajando (en las áreas de salud, educación, trabajo, recreación, cultura) y que busque articular y adecuarlos es necesario promover el desarrollo de una política pública local para y con los jóvenes.

Es imperativo por tanto, fortalecer las actividades orientadas a los jóvenes, ya que, además de garantizar los derechos fijados por la constitución, el derecho de la juventud a la participación en el ámbito público, se encuentra consagrado por la Convención sobre los derechos del niños (ONU, 1989) y por la Convención Iberoamericana de los Derechos de los Jóvenes (OIJ, 2005).

Características de la Política de Juventud

1.Toda propuesta con jóvenes debe partir de su propia realidad

Es clave que para trabajar con jóvenes uno de los primeros aprendizajes que se tiene es que es necesario conocer y respetar las identidades juveniles. Reconocer y aceptar la percepción que de sí mismos tienen, y de la forma de ver y analizar la realidad  es una estrategia necesaria de respetar y aceptar.

Realizar intervenciones para los jóvenes con categorías y preconceptos puede ser tan contraproducente, como negar su capacidad para reconocer, identificar y generar sus propias propuestas.

2. Es necesario, casi imprescindible, abrir la cabeza y todos los sentidos para trabajar con la juventud

En todo municipio existen agrupaciones juveniles y jóvenes que ni tienen ni buscan un protagonismo negativo, muchas veces padecen una estigmatización que la propia sociedad local les asigna. En consecuencia debemos acercarnos sin prejuicio de creer que tienen vocación de conflicto y que es prácticamente imposible trabajar en forma conjunta. El agente externo, técnico o político, no debe preconcebir una tipología de jóvenes en particular.

3. El desafío en el trabajo con los jóvenes es la ampliación de la base social de participación

Uno de los caminos más frecuentemente empleados es llegar a los jóvenes escolarizados; si bien es una buena estrategia debemos señalar que este grupo accede, por estar dentro del sistema educativo, a servicios sociales y culturales y por los tanto están más propensos a la integración y a la cohesión social. Sin embargo, para ampliar verdaderamente la base social de participación es también indispensable llegar a esa franja que carece de escolaridad. Por lo cual será encontrar formas de participación y oportunidades para aquellos que están fuera del sistema educativo para promover su integración social y facilitar su reinserción en el sistema educativo (formal o no formal) mediante acciones focalizadas.

4. Propuestas claras y concretas

Se debe evitar movilizar a la juventud sobre ideas, aspiraciones y promesas que no se pueden cumplir. La convocatoria debe limitarse a obtener resultados tangibles a corto plazo. Esto los animará mantenerse agrupados y proyectarse.

Lo prometido debe concretarse rápidamente, más que definiciones vagas, ni que den lugar a dobles lecturas. La claridad y la traducción de las propuestas en acciones reales son la garantía de la credibilidad  y respuesta de los jóvenes. Ello permite sostener el interés y compromiso con las acciones futuras.


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