Chubut

La Justicia le prohibió acercarse pero hostigó a su expareja y le rompió el auto

La mujer lo denunció en varias oportunidades e igual se acercaba. Hubo hostigamiento y contacto físico, además de roturas y daños en su vehículo.

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Una decena de denuncias y cuatro violaciones a la restricción de acercamiento no han sido motivo para que la policía y las autoridades judiciales de Puerto Madryn aseguren la integridad de una mujer.
El caso, expuesto en las redes sociales por la propia damnificada, revela de qué manera el sistema de seguridad y jurídico mantiene en vulnerabilidad a las víctimas de acoso, violencia psicológica y en algunos casos violencia física.


Yanet Bona relató a Jornada los hechos ocurridos entre agosto de este año y el último viernes, por los cuales está denunciado quien fue su última pareja, un joven de 30 años que según el testimonio de la mujer incumplió en al menos cuatro oportunidades la prohibición de acercamiento que le impuso la justicia.


“En agosto dejé a mi expareja. Era obsesivo, celoso, me revisaba el teléfono, la computadora, me celaba con mis amigos, con el padre de mi hija. Hasta ese momento nos habíamos peleado tres veces, siempre por el mismo tema y tres veces volví, porque me decía que iba a cambiar, la típica”, dijo la joven, quien decidida a cortar la relación dio por finalizado el vínculo a mediados de agosto.
El primer episodio violento ocurrió tres días después de la separación. “El 23 de agosto me aparece la luneta del auto rota. Yo lo dejo estacionado cerca de mi casa, al lado de una parada de taxi. Primero lo tomé como un hecho vandálico más, y si bien no tengo pruebas, con lo que fue pasando después no tengo dudas que fue él” asegura.


Pocos días después y con el auto estacionado en el mismo lugar “veo que le habían puesto excremento en todos los picaportes. Ahí me fui a la policía. Me dijeron que iban a llamar para pedir cámara en la parada de taxi, pero después me dijeron que no andaba esa cámara”.


Entre aquellos primeros episodios y la denuncia formal pasaron varias semanas. “Durante un casi un mes tuve que aguantar tener que cruzarlo en todas partes. Salía a la playa a pasear mi perra y se paraba a hablar, o sino se metía en mi trabajo ”.


La mujer contó que “un día cuando salí me estaba esperando afuera, yo me subí al auto y él también se metió. Le dije que no quería hablar con él y se puso violento y se bajó. Al otro día lo mismo, cuando termino de trabajar estaba otra vez afuera y me dice quiero hablar con vos, no quiero que terminemos mal. Cuando yo le digo que no quiero hablar más con él, que deje de perseguirme, o iba a hacer una denuncia, me responde `hacé lo que quieras´ y me patea la puerta del auto”.


Yanet fue hasta la comisaría de la mujer y radicó la primera denuncia sobre los hechos que venían ocurriendo desde fines del mes de agosto, primero contra su auto y también respecto al hostigamiento personal que estaba sufriendo. En ese momento le aplicaron al hombre una restricción de acercamiento a un perímetro menor de 200 metros del lugar donde vive la mujer o donde la misma se encontrara.
Días después ocurrió el primer episodio de desobediencia. “Yo estaba en un boliche y él vino, se acercó y me zamarreó. El policía que estaba en la puerta solo le pidió que se retirara y yo le reclamé porque no estaba solo adentro del mismo local sino también me estaba molestando. La persona que estaba conmigo le dijo que se vaya y el policía me dijo a mí que si él no se iba me tenía que ir yo”.  La mujer dejó el lugar y al otro día su auto apareció con “un rayón de punta a punta”.


La segunda violación a la prohibición de acercamiento ocurrió una tarde en que la víctima iba desde el gimnasio a su trabajo, donde había dejado el auto. En esa circunstancia su expareja pasó dos veces por el lugar donde estaba y cuando salió, a las pocas cuadras apareció caminando a su lado. “Le dije que dejara de molestar porque estaba con una perimetral. El fin de semana anterior había ido a una fiesta a Trelew y él empezó a preguntarme porqué no estaba en mi casa el sábado a la madrugada, adónde había ido y sabía  a qué hora había regresado”.
La mujer relató que el denunciado le quitó el teléfono cuando ella intentaba llamar a la policía y que un joven que había visto la situación intercedió. El denunciado se fue del lugar pero de acuerdo al testimonio de la mujer “el patrullero nunca llegó”.


“El 11 de diciembre se cumplió el plazo de la perimetral que él tenía. Y fue ahí que primero me persigue con su auto por cuatro cuadras. Después el viernes fue cuando aparecieron las cuatro cubiertas del auto tajeadas en la puerta de mi casa. No lo hizo solo en una, en las cuatro. Se tomó su tiempo. Al otro día salí con mis padres en el auto, manejaba mi papá y en un momento él se cruza con el auto y pega un volantazo como que quería chocarlo”.


Tras eso fue a Tribunales con una abogada designada y pidieron una nueva medida de restricción, además de plantear en Fiscalía la necesidad de tener protección, no solo para ella sino también para su hija. Esto último en virtud que un día el denunciado se habría presentado frente a la escuela donde concurre la menor sin que tenga relación familiar con la misma, lo que disparó el alerta en la familia.
De los 60 días solicitados para la restricción de acercamiento, la justicia solo autorizó la mitad y como ya existe un expediente, la joven asegura que “en la comisaría de la mujer ya no me toman las denuncias. Me sentí poco contenida e incluso mi mamá que me acompañó a hacer una denuncia se sorprendió del trato en el lugar”.

Fuente: Diario Jornada. 


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