Justicia

Válvula de ventilación ECO-19 funcionaba mal pero culpan a submarinistas

Desde hace ya muchos meses que en Juzgado Federal de Caleta Olivia se tiene conocimiento, en base a declaraciones testimoniales y documentación oficial, que la válvula ECO- 9, dispositivo del sistema de ventilación del submarino ARA San Juan, presentaba fallas de estanquidad.  

  • 05/11/2018 • 23:38
Ayer declararon otros dos suboficiales de la Armada en el Juzgado de Caleta.
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Agencia Caleta Olivia 
Ello hace suponer que por allí pudo haberse filtrado agua de mar que habría llegado hasta uno de los compartimientos de baterías  provocando  el supuesto cortocircuito detonador de la tragedia.
Según un informe que publicó el diario Clarín, la comisión de expertos de la Armada que depende del Ministerio de Defensa, habría llegado a la conclusión de que la  hipótesis “más probable” de la causa del naufragio “fue un error de operación de la válvula de ventilación llamada E19 que provocó un cortocircuito en las baterías y la generación de hidrógeno que inutilizó a la tripulación y más tarde produjo una implosión”.
Aunque ese nuevo y supuesto borrador aun no es oficial, el citado medio periodístico porteño señala que la citada comisión habría llegado a la conclusión de que “estaba mal cerrada”  y a pesar que había una tormenta en altamar,  las normas de seguridad se “relajaron”.
De oficializarse esa versión, llamaría la atención que los tres expertos en submarinos, los contralmirantes Adolfo Trama y Alejandro Kenny y el capitán de navío Jorge Bergallo (todos ellos retirados de la fuerza 
naval), hayan puesto en duda la capacidad operativa de sus camaradas porque sería algo así como dudar de profesionales de la aviación que se olvidan de cerrar la escotilla de una aeronave antes de despegar. 
En el caso de un submarino, se pondría en riesgo la vida de toda una tripulación y, más aún, cuesta creer que Bergallo haya avalado esa hipótesis ya que es el padre de uno de los tripulantes desaparecidos junto al ARA San Juan.

VAYA NOVEDAD
No en vano la jueza federal Marta Yáñez estuvo hace pocos días en los astilleros Tandanor (Buenos Aires) para observar detenidamente algunos dispositivos del submarino ARA Santa Cruz ya que se trata de un gemelo del ARA San Juan (S-42 del tipo TR.1700) fabricados en Alemania).
La magistrada puso especial interés en ver la ECO-19 porque en la causa dispone de datos sobre problemas en su funcionamiento  e incluso a una de las abogadas querellantes, Sonia Kreischer -que también estuvo en ese lugar-, se le permitió manipularla ya que es manual.
Ella llegó a la conclusión –en base a insistentes consultas- que nunca pudo haber existido un error humano “porque los submarinistas son muy meticulosos ya que sus vidas dependen de que todo funcione bien”, declaración que hizo a fines de octubre.
Pero hay más, ese no era el único problema que presenta el ARA San Juan, tal como también se ventiló en la reunión de submarinistas celebrada en abril de 2017. 
En esa ocasión, el comandante Pedro Fernández (desaparecido) presentó personalmente una serie de problemas que tenía la nave y a la segunda reunión anual celebrada en julio (en la cual no estuvo presente) envió un informe escrito por el mismo tema.
Sin ir más lejos, ayer declararon en Caleta otros dos suboficiales de la Armada, Rodrigo Romero y Adolfo Sosa y lo destacado es que Sosa (mecánico), admitió que en una misión que lo tuvo como tripulante, el ARA San Juan llegó a perder casi 120 litros de aceite lubricante.

EL GRAN BONETE
No por algo el “decano” de los submarinistas declaró en esta ciudad a medios periodísticos, luego de dar su testimonio ante la jueza Yáñez (13 de abril), que si él hubiera estado a cargo de la fuerza de sumergibles no hubiera permitido que el San Juan zarpara hacia  su última y trágica misión.
Ese “decano” es nada menos que el capitán de navío Gabriel Attis, actual de la Base Naval Mar del Plata, pero además es oportuno recordar los partes sobre reparaciones que necesitaba la nave, los dejó sentado el ex jefe de auditores (Dirección de Inspección General), Guillermo Lezana, los que a su vez fueron avalado por su sucesor, que también reviste el grado de contralmirante, Eduardo Pérez Bacchi.
Ellos prestaron declaración testimonial el 31 de enero y el último de los nombrados argumentó que no controlaban si se hacían las reparaciones  ya que ello era  responsabilidad de otras  áreas.
 


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