Hasta el último día

Ese amor llamado amistad

Eso es lo que alimentaron durante años Lola Claret y María Belén Burgoa, hasta el fallecimiento de esta última por leucemia. “Tengo los pies en la tierra y el corazón en el cielo”, contó Lola conmocionada tras acompañar a su amiga hasta el último segundo de vida. Una historia conmovedora.

María Belén y Lola compartieron 25 años de amistad.
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Por Fernando Tornau

El fallecimiento de María Belén Burgoa por leucemia, luego de un fallido trasplante de médula ósea, todavía conmociona a los vecinos de Río Gallegos que siguieron de cerca la causa que tuvo una campaña solidaria enorme para tratar de salvar la vida de quien finalmente hoy nos mira desde el cielo.

Y en ese último trayecto de su vida, María Belén contó con un apoyo tan emocionante como incondicional de Lola Claret, una amiga de fierro que hoy la recuerda con tanta tristeza como amor, aceptando dialogar con TiempoSur una vez que pasaron los peores días.

Lola Claret nació en Gualeguaychú, Entre Ríos, mientras que María Belén lo hizo en Río Gallegos, pero el destino se encargó de reunirlas en la Universidad de El Salvador, donde ambas comenzaron la carrera de derecho.

Allí también comenzaron una amistad que terminaría siendo la que cualquier persona quisiera tener, llena de amor y contención.

“Desde el primer día nos hicimos muy amigas. Las dos estábamos solas, porque ella estaba viviendo con su abuela y yo con una tía abuela, con la cual no nos conocíamos mucho, por lo que me iba a la casa de María Belén con su abuela que nos hacía esas comidas de olla que extrañaba un montón, porque yo venía de una familia numerosa”, comenzó relatando.

Luego indicó que fue así como terminaron por unirse mucho y que siempre estuvieron conectadas también desde el dolor, ya que al año Lola perdió a su padrino por un cáncer y a dos meses moriría un tío de María Belén también de cáncer.

“Siempre estuvimos también unidas en los momentos de tristeza, no sólo en la facultad y en las alegrías o en las salidas, sino también desde ese lugar y la verdad es que la amistad nació y siguió desde los 17 años”, comentó.

Con el tiempo, Lola abandonó la carrera de derecho y se cambió a marketing, estando en universidades separadas, pero continuando con su amistad.

“Luego ella conoció a “Coco”, su marido y yo conocí al mío, ella se casó y compartimos a su primer hijo. Siempre nos veíamos una vez por mes porque estábamos en facultades diferentes y una vez que nacieron nuestros hijos, yo le cuidaba a Camila porque ella había empezado a trabajar y yo no, así que siempre estuvimos conectadas. Además, en esa época yo sufrí la muerte de un hermano y ella me acompañó un montón, así que siempre estuvimos unidas y sobre todo en los momentos dolorosos”, señaló.

 

LA PRIMERA BATALLA

En este camino de recuerdos, Lola advirtió que ya en el año 2013 María Belén sufrió una neumonía muy fuerte, en la que estuvo muy grave y allí también la acompañó.

“En ese momento también estuve con ella, sólo que fue más corto que ahora porque estuvo 20 días internada y en ese momento yo la despedí varias veces porque los médicos nos habían dicho que no iba a salir de esa neumonía, por lo que, con el marido, llamamos tres veces a un sacerdote para la extremaunción y por eso yo siempre le decía en broma que ya la había llorado tantas veces. En esa oportunidad, estuvo 20 días entubada y se enteró recién después lo grave que estuvo”, contó.

Con el tiempo, María Belén se trasladó a Río Gallegos nuevamente y sus reuniones comenzaron a darse a fin de cada año, cuando viajaba a Buenos Aires para pasar la Navidad porque su mamá y sus hermanos viven allá, mientras que su papá ya había fallecido.

“Ella pasaba las fiestas y luego se iban a algún lugar de vacaciones y ahí nos veíamos”, recordó.

Lola contó que durante su amistad siempre les pasó algo muy particular y era que cada vez que una sentía llamar a la otra era porque generalmente la otra finalmente tenía un problema.

“Teníamos como ese contacto y esa intuición y el 24 de noviembre del año pasado me tuve que ir a Gualeguaychú porque internaron a mi papá por una neumonía igual que la de Belén y el día del cumpleaños de Belén y cuando me pasa lo de mi papá empecé a pensar en ella a partir del 1º de diciembre, que fue cuando ella se enteró de la gravedad de su enfermedad, pero no quiso decirme nada a mí porque sabía que yo estaba con mi papá”, indicó.

Finalmente, el papá de Lola murió el 13 de diciembre y recién después de eso María Belén le contó de su delicado estado de salud.

“Ella no me quiso contar nada hasta que pasó lo de mi papá y allí es cuando me entero lo de ella que fue tremendo porque no conocía bien la enfermedad, el marido me contó y después comencé a buscar en internet”, agregó.

 

UNA AMIGA DE FIERRO

En esta historia, sorprendió el acompañamiento de Lola a María Belén, dándole unas fuerzas increíbles para seguir hasta el final.

“La verdad es que yo no tomé la dimensión de lo que significaba para tanta gente. Empecé haciendo eso como algo más personal y nunca creí la dimensión que iba a tomar el caso de Belén. Yo soy muy activa en las redes y me lo tomé así al principio y después, como se creó la página de “Todos x Belén” y se armó la campaña, fue como que me di cuenta de todo, pero siempre lo hice como algo personal”, comentó.

Luego agregó: “La verdad que he recibido mensajes divinos de la gente, pero la verdad es que lo hice por mi amiga, porque la quise y la quiero mucho, y también lo podría haber hecho por cualquiera de mis amigas. Nunca pensé que iba a ser tan grande el asombro de la gente por estar al lado de una amiga. Gracias a Dios tengo un marido y cuatro hijos que me apoyaron todo el tiempo para hacer lo que hice de acompañar así a Belén. Para mí fue un placer acompañarla y lo volvería a hacer porque no me pesó, aunque los últimos días fueron muy difíciles y no me arrepiento de nada”.

 

LA DESPEDIDA

En el momento de contar cómo fue el momento en que se dio cuenta que su amiga iba a morir, expresó: “La verdad es que fue muy difícil y yo nunca había vivido nada igual porque he perdido seres queridos jóvenes, pero de ninguno me pude despedir como me pasó con ella, aunque en realidad ella me sorprendió siendo increíblemente inteligente y sumamente fría a la hora de tomar decisiones y no porque no le doliera, pero los últimos días ella estaba bastante deteriorada y agotada. Yo siempre traté de darle fuerzas y buscar el lado positivo, pero llegó un lunes en el que el marido habló con los médicos, quienes le indicaron que Belén no iba a llegar al segundo trasplante”.

Fue en ese momento cuando llegó una charla que nunca olvidará y contó entre lágrimas: “En ese momento, ella me sentó y me pidió disculpas, diciéndome que gracias a mí ella había llegado hasta donde llegó, recuperando la fe, ya que todos rezábamos por ella y aunque ella a esa altura ya no leía nada, sabía todo por mí, ya que todas las noches publicaba algo en la página y le reenviaba por WhatsApp mis rezos, así que de alguna manera ella veía el rezo entero y por eso yo publicaba todo el Ave María y todo el Padre Nuestro. Ahí me dijo que no quería seguir más y que pretendía que la durmieran, porque no quería ir a terapia ni entubarse, como tampoco que le hicieran diálisis porque ya estaba con mucha retención de líquidos y así se despidió de mí. Me dijo que me quería un montón, que era una amiga de fierro y que no le iba a alcanzar la vida para agradecerme por lo que había hecho en su vida y que no todo el mundo lleva una amistad de 25 años como nosotras. También me dijo que iba a estar acompañándome siempre desde donde estuviera, desde donde Dios lo quisiera y que la perdone por no poder seguir más, pidiéndome que le busque el médico”.

Sin embargo, Lola contó que lógicamente el médico le dijo que no podía cumplir con eso porque eso era eutanasia y que ellos estaban para curar, pero que iban a respetar lo que ella quería dejando de sostenerla mecánicamente.

 

LAS CARTAS

Dentro de esta historia, hubo otra pequeña en la que Belén decidió dejarle cartas a sus seres queridos y Lola lo contó.

“Lo del médico fue el lunes y el martes, cuando llegué por la mañana, le hicieron un fondo de ojo y confirmaron que tenía el hongo en la retina y por eso no estaba viendo bien, así que ella preguntó por lentes y le dijeron que no la iban a perjudicar, por lo que se puso nerviosa y ansiosa”, relató Lola, quien le oscureció el cuarto y le puso música con un pequeño parlante para ayudar a que duerma.

Luego contó que, al despertar, le dijo que tenía que escribir cartas para los chicos, porque tenía a Camila que estaba organizando su viaje de 15 años y se iba el domingo a la madrugada, volviendo el jueves, mientras que Belén falleció el miércoles.

“En ese momento me pidió que la ayude y las escriba. Así que ella me dictó y yo escribí las cartas para los chicos como me lo pidió ella, ahí me pidió que lo de Camila sea algo divertido, con buena onda, porque su voluntad era que Camila viajara, pasara lo que pasara, y la de Valentín fue más de despedida, en la que le habla más a futuro contándole que ya no iba a estar, pero que lo imaginaba siendo un gran piloto de karting y se despedía”, contó.

También recordó que en ese momento entró la mamá y que le pidió que se quede para despedirse de ella también.

“En ese momento, ella le dijo a su mamá cuál era su voluntad respecto a Camila, a Valentín y también a ella porque quería que la cremaran, todo como más puntual. Ella tenía el final organizado”, indicó con un acento de tristeza que conmueve hasta por teléfono, vía por la cual se concretó la entrevista, ya que Lola viajó para el entierro y volvió para retomar su vida en Buenos Aires.

 

EL RECUERDO

En el momento de recordarla, dijo que el presente para ella “es muy difícil” porque no tenía pensado llegar a Río Gallegos, porque Belén siempre la había invitado y ella por diferentes motivos nunca había podido visitarla en la ciudad.

“Fui porque el marido me lo pidió, porque en realidad ella ya no estaba y para mí iba a ser todo muy doloroso, tal como fueron todos estos días porque Belén estuvo 80 días internada y yo estuve ahí, al pie del cañón a días de haber perdido a mi papá, así que venía con una carga tremenda con la muerte, con esto de despedir seres queridos y lo de Belén fue muy fuerte, porque fue una amiga con la que compartimos una vida. Yo tengo 45 años y compartí con ella más de la mitad de mi vida. Entonces, yo siempre digo que estoy con los pies en la tierra y mis ojos en el cielo. Hasta mi corazón te diría”.

Además, contó que el final también fue difícil porque llegó a Río Gallegos el viernes a la mañana temprano, un día antes que Belén y su esposo, pasando un día completo en su casa, con sus cosas, donde ella había vivido, aunque recién la habían terminado tras construirla juntos, pero sin que Belén alcanzara a estrenarla.

“Tienen una casa que se hicieron juntos con “Coco” y allí estaban todos los cuentos desde la infancia y su vida en esa casa que yo estaba conociendo sin ella que llegó con el marido el sábado a la noche, por lo que yo estuve todo el viernes y todo el sábado en la casa con su olor, con sus cosas y su vida entera y eso fue muy doloroso”, recordó.

Ella no quiso dejar pasar la oportunidad de agradecerle a toda la gente que le brindó mucho cariño por la fuerza que le brindó a Belén.

“Ellos me agradecían y la verdad es que yo lo hice por mi amiga y no me imaginaba la dimensión de todo esto. Es más, estoy hablando con vos y no lo puedo creer, porque es algo que podría hacer por mis amigas, porque tengo muchas y las quiero un montón, aunque Belén siempre fue muy especial para mí. Fue una persona increíble, que no tenía maldad y no pensaba mal de nadie. Siempre estuvo con una sonrisa, una sonrisa eterna”, finalizó sabiendo que ahora tiene un ángel en el cielo que la cuidará por siempre.