El monstruo en casa

Violó a su hijastro discapacitado y sigue libre

En septiembre, Lidia denunció a su ex pareja cuando descubrió que le mandaba fotos desnudo a su hijo, que tiene una discapacidad. El nene después le confesó que hacía dos años que lo violaba. El acusado hace su vida, nunca estuvo preso y ayer a ella le negaron medidas de restricción. “Mi hijo quiere suicidarse y nadie me ayuda”, contó.

  • 07/06/2018 • 12:53
Lidia mostró todas las constancias de sus denuncias, peritajes y de la medida cautelar que ahora le niegan
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Por Sara Delgado

La de Liliana es de esas historias que estremecen y que parecen sacadas de una película sombría, en la que la escalada de violencia es tan grande, tan abrumadora, que cuesta entender cómo todavía le toca penar por los pasillos judiciales.

Vive en una casita humilde del Gaucho Rivero, levantada con paneles de madera fina y revestimiento de chapa, que adentro está llena de adornitos chiquitos que cubren con patitos, brujitas y souvenires las paredes, y cuadritos que llegan hasta el techo.

Tiene unos 50 años, es bajita, de piel ajada y ojos vidriosos. En las manos tiene un montón de papeles que pone arriba de una mesita ratona, de la que saca a la gata atigrada, se sienta en un sillón y me sonríe.

-¿Por qué decidiste hacerlo público, Lidia?- “Porque me cansé”, responde, después de haberse enfurecido como nunca en el Juzgado de Instrucción de Valeria López Lestón, donde le dijeron que no van a extenderle la medida de restricción perimetral contra su ex, al que denunció por haber violado a su hijo de 13, que padece retraso madurativo.

Lidia y Pablo se conocieron siete años atrás. Ella sintió que él había llegado para salvarle la vida. Era amable, jamás le gritó ni le pegó. La aceptó con sus dos hijos y los crió como propios. Su único problema “era que no quería trabajar. Conseguía un puesto, cobraba y abandonaba”.

En abril del año pasado se separaron, pero él todavía podía ir a su casa a tomar mates, si quería.

Ya era septiembre y por esa época, Lidia hacía ferias de ropa para costearse las derivaciones de su hijo, al que hace poco le hicieron un trasplante coclear.

“Cuando volví, mi hija me dijo que le revisara el teléfono a A. pero cuando lo hice ya había borrado todo. Entonces le pregunté qué había pasado y ahí mi nene me contó que Pablo le mandaba fotos desnudo” dijo Lidia.

Ella lo encaró, él lo negó, entonces ella y su yerno encontraron por Internet un programa que permitía recuperar archivos borrados en un celular. El plan funcionó y Lidia pudo ver lo que su hijo le escondía. Fotos de Pablo desnudo y mensajes sexuales.

El 25 de septiembre del año pasado, Lidia denunció a su ex en la Comisaría de la Mujer, donde llevó todas las fotos, los mensajes e incluso aquellos en los que él le reconoció haberle enviado toda esa porquería al nene, jurando que no lo había “tocado”.

Al día siguiente, en una charla, su hijo le confiesa que su padrastro no sólo lo había tocado, sino que lo violó durante los últimos dos años de convivencia.

“Lo tuvo amenazado para que no me cuente. Le decía que si yo me enteraba no lo iba a querer por puto, y también le decía que si hablaba la iba a matar a su hermana” de 15 años.

Cuando llegó al Cámara Gesell, A ratificó todo y los peritos dijeron que efectivamente había sido víctima de violación, pero aun así, no detuvieron al padrastro.

“Están todas las pruebas. No hacen nada y mi hijo se quiere matar”, señala Lidia, en absoluta literalidad, porque cuenta que en estos meses “mi hijo se quiso suicidar varias veces, hasta le tuvimos que sacar cuchillos de las manos. Me dice ‘mamá, esto debe ser peor que tener cáncer’”.

Lidia ayer volvió al Juzgado Nº2 para pedir que no cesen las medidas de restricción contra su ex, sin embargo le dijeron que eso no va ser posible, porque el acusado tuvo “buena conducta” y no transgredió nunca la medida cautelar, y que debía sentirse a salvo.

Burlada, Lidia salió del Juzgado hecha una furia y descargó toda su indignación en Facebook, donde escribió una extensa carta en la que rompió el cero de silencio y vergüenza.

“Hoy decidí hacerlo público porque me cansé” dice levantando la voz nerviosa y con llanto. “Desde el año pasado que nosotros no podemos salir, mi hijo sueña con él, con lo que le hizo, se despierta llorando, es un nene de 13 años que está encerrado todo el día porque tiene miedo a encontrárselo ¿por qué no va preso? ¿Por qué solamente a nosotros nos toca sufrir?” se preguntó.

Lo último que supo de su ex, es que sigue yendo a las jineteadas de las que es habitué y la última vez que se comunicaron no fue hace mucho. Él le mandó un mensaje de texto, ella le dijo que no moleste y él le respondió ¿y ahora qué hice?