San Julián

Fue violada y la amiga le dijo que no lo denuncie para no estar “en boca de todos”

Ella fue violada en su casa, en donde también estaban sus hijos. Después del ataque, su amiga le sugirió que se olvidara del tema. No le hizo caso, denunció a su violador y está preso. El coraje de hablar para que no le pase a otra y el temor de que siempre se señale a la víctima.

  • 16/05/2018 • 12:04
Este afiche oficial habla de que se puede “permitir” un abuso.
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Por Sara Delgado

M tiene 19 años y el 3 de mayo por la tarde estaba en su casa, cuando Pablo, de 21, la violó. A eso de las 18:00, Pablo entró después de haberse robado unas botellas de vino de un almacén. M no quería problemas, le pidió que ahí no se esconda más, que se fuera, y entonces él la atacó.

Pasaron varios días sin que se supiera del caso. Ningún medio de Puerto San Julián había hecho mención a la detención de un violador. Entonces M se comunicó con TiempoSur, y pidió contarlo.

“Yo quiero que se sepa porque no quiero que quede en la nada como otros casos” dice, después de titubear bastante y preguntarse cómo contarlo.

“Eran las 6 de la tarde y él llegó a mi casa después de haber robado en un negocio. Yo le había dado hospedaje a pedido de una amiga, y justo ese día él se tenía que volver a Bariloche, pero antes me violó. Me pegó, me agarró del cuello, me podría haber matado, mis nenes lloraban y a él no le importó nada” dijo M.

Después de violarla, Pablo S le recriminó que no fuera a ser como “las minas esas que te meten una denuncia”. Ella quedó atónita, pero no lo contradijo para que se fuera tranquilo y no quisiera hacerle más daño.

M pasó de sentir culpa, a vergüenza, de dolor a miedo, pero después de salir de todos esos estados que le atravesaron el cuerpo, pensó que lo mejor era contárselo a sus amigos más íntimos, y entonces se encontró con opiniones divididas.

“Belén me decía que no lo denuncie porque iba a estar en boca de todos, que no hiciera lío, si total él se iba y no lo iba a ver más”, explicó M, que alrededor de las 23:00, terminó denunciando a Pablo en la Comisaría de Puerto San Julián.

La policía lo detuvo a las pocas horas en la Terminal de Transporte, cuando estaba por subirse al colectivo que lo llevaría de vuelta a Bariloche. Mientras tanto, ella fue revisada por los médicos y se constataron las lesiones de la violación como prueba irrefutable, por lo que es poco probable que Pablo espere el juicio en libertad.

Por las mismas razones que esgrimió su amiga Belén, es que muchas mujeres prefieren no denunciar uno de los crímenes machistas más violentos. Por el temor a ser juzgadas por los policías, los oficiales de justicia, por miedo a que no les crean o a terminar siendo las culpables porque se cuestiona qué tenían puesto, por qué estaban en ese lugar, qué hicieron para provocar al otro.

Las dudas de la amiga de M tampoco son tan locas. Por estos días una campaña oficial es fuertemente repudiada por las organizaciones feministas. Se trata de un afiche del Ministerio del Interior, a través de la Oficina de Rescate y Acompañamiento de Personas Damnificadas por el delito de Trata de Personas, en donde se ve a una joven compungida y una frase que reza: “No permitas que abusen de vos”. Pero ¿cómo se permite un abuso? ¿Acaso es eso posible? ¿Existe alguna violación o abuso en donde la víctima lo hubiera permitido?

“Basta de violencia de género, cuando una mujer dice que no, es no”, dice M, que insiste con “que salga la noticia” porque él “le podría haber hecho esto a otras chicas allá en Bariloche”.