Muerte de la reina

La historia de amor de la reina Isabel II y el príncipe Felipe

La muerte de su esposo el Príncipe Felipe en el 2021, a sus 99 años, fue un fuerte golpe para la monarca.

COMPARTÍ ESTA NOTA

Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II, siempre tuvo un papel muy discreto en la monarquía, pero su vida llena de imprudencias y bondades lo convirtió en un ícono para los británicos.

La pareja sobrevivió dos guerras mundiales y todo tipo de controversias públicas y privadas. La partida del príncipe Felipe de Edimburgo dejó a la casa real británica sin uno de sus más entrañables personajes y le puso un punto de inicio a la despedida de la reina Isabel II.

 

La salud de la monarca comenzó a deteriorarse desde la muerte de su compañero de vida. La soledad de su imagen en el entierro de Felipe y la imposibilidad de llorar, dados los protocolos de la realeza, fueron el momento público más triste de su vida.

Ahora, tras el fallecimiento de la reina, muchos analistas de la realeza aseguran que su cuerpo no pudo resistir la soledad.

A pesar de las dificultades económicas y familiares con las que el duque creció (su mamá pasó casi toda su vida en una clínica de reposo y su papá lo abandonó cuando tenía 9 años), logró convertirse en un héroe de guerra y, eventualmente, en el consorte que más tiempo estuvo casado con una monarca británica.

Único hijo varón del matrimonio entre el príncipe Andrés y la aristócrata Alicia de Battenberg, Felipe nació el 10 de junio de 1921 en el comedor de su casa, ubicada en la isla de Corfú, en Grecia.Aunque recibió el título de príncipe de ese país, en realidad no tenía ni una sola gota de sangre helena, pues su familia paterna era danesa y la materna, alemana.

Cuando estalló la Segunda Guerra Mundial, el príncipe se enfrentó a un dilema -mientras estudiaba en la Real Academia Naval de Dartmouth-, al enterarse de que los esposos de sus hermanas eran fieles al Führer. Al final, decidió participar en la guerra del lado de los ingleses, y obtuvo el grado de teniente.

El entonces príncipe tenía 19 años cuando conoció a Isabel, quien con 13 años era princesa de la Corona británica. Se vieron por primera vez durante una visita que ella hizo con su papá, Jorge VI de Inglaterra, a la base de Dartmouth.

 

Se dice que el flechazo fue instantáneo y que a partir de entonces empezaron a intercambiar correspondencia. No es extraño que Felipe la haya cautivado tan fácilmente, pues ya tenía fama de donjuán.

El anuncio del compromiso ocurrió en julio de 1947, a pesar de que los papás de la joven no estuvieron del todo de acuerdo, pues aunque Felipe tenía orígenes aristócratas, seguía siendo un príncipe paupérrimo. Ganaba muy poco como oficial de la Marina y a ciertos cortesanos les parecía que era maleducado.

 

La boda del atlético joven con la entonces princesa Isabel, hace ya más de 60 años, fue el primer evento transmitido por televisión en Inglaterra y fue “un rayo de luz en el difícil camino que debemos recorrer”, como lo calificó Winston Churchill.

Pero la paz que la pareja disfrutó los primeros años de matrimonio acabó de manera repentina cuando Jorge VI murió. Con 25 años, Isabel se convirtió en reina y su esposo quedó relegado a un segundo plano.

Felipe no le pudo dar su apellido a sus cuatro hijos y siempre tuvo que caminar detrás de su mujer durante los actos públicos, según dictaba el protocolo.

El cambio no fue fácil para Felipe, quien debió ser amo de casa mientras su esposa se ponía al frente de la nación, y desde esa época se rumora de sus romances nunca probados con varias mujeres. Su descontento se hizo evidente cuando se quejó por no ser más que “una condenada ameba”, uno de los típicos comentarios salidos de tono que lo hicieron famoso.

COMENTÁ