Hace 18 años

Un 25 de Mayo, un pingüino copó la Capital

“Vengo a proponerles un sueño: Quiero una Argentina unida, quiero una Argentina normal, quiero que seamos un país serio, pero, además, quiero un país más justo”, así cerraba su primer discurso, Néstor Kirchner el 25 de mayo de 2003 ante el Congreso Nacional.

El 25 de mayo de 2003 todo un pueblo vio a Néstor Kirchner convertirse en el Presidente Nº54 de la Argentina.
El 25 de mayo de 2003 todo un pueblo vio a Néstor Kirchner convertirse en el Presidente Nº54 de la Argentina.
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“Vino desde el Sur del mundo a proponer un sueño, el de una Argentina unida y más justa. Con apenas el 22% de los votos, una deuda externa agobiante y los mayores índices de desempleo y pobreza de nuestra historia, Néstor Kirchner se puso al frente de la reconstrucción del tejido social. El Estado recobró el protagonismo que las leyes del mercado le habían negado; las decisiones políticas volvieron a tomarse desde la Casa Rosada en beneficio de los 40 millones de argentinos”, así lo recordaba la legisladora nacional patagónica Silvina García Larraburu.

El 25 de mayo de 2003 todo un pueblo vio a Néstor Kirchner convertirse en el Presidente Nº54 de la Argentina. Su investidura además generó un hecho histórico en el ámbito político mundial, ya que le entregó su mandato a la primera Presidenta de la Nación elegida en democracia, Cristina Fernández de Kirchner, su esposa. Un militante, intendente, presidente, diputado y vecino de la ciudad que con su peculiar objetividad posicionó a Santa Cruz en la esfera nacional. Indudable arista de la historia argentina, por bien o mal según qué lectura se tome, el “Lupo” fue un vanguardista de la política nacional.  

NyC por nacimiento, Néstor nació en la capital santacruceña un 25 de febrero de 1950, hijo de Néstor Kirchner -trabajador postal- y María Ostoi, oriunda de Punta Arenas, Chile.

Realizó sus estudios primarios en la EGB Nº1 y los secundarios en escuelas públicas de la localidad, culminando su colegiatura en el Guatemala.

Pero paralelo a ello, se introdujo en el movimiento justicialista como miembro de la Juventud Peronista, un sector de izquierda opuesto al gobierno militar de la Revolución Argentina.

A principios de los ´70 se fue hasta La Plata, provincia de Buenos Aires, para estudiar abogacía, época en la que conoció a Cristina Fernández, quien fuera su compañera de toda la vida. Juntos formaron parte de la corriente izquierdista que apoyó a los Montoneros en los años turbulentos que precedieron al golpe militar que derrocó a la presidenta María Estela Martínez de Perón. Finalmente recibió su diploma de abogado en 1976.

Con su título bajo el brazo y un anillo en su dedo, retornó a Río Gallegos con Cristina para ejercer su profesión con la idea de alejarse un poco de la actividad política, además de formar y consolidar su familia, matrimonio del que nacieron sus dos hijos, Máximo y Florencia. No obstante, sus intentos por ir en una recta paralela a la política no prosperaron y en un par de ocasiones fue encarcelado durante el Proceso. Pero con la llegada de la democracia, en el ´83, que Kirchner se plantó de lleno en la política y se convirtió en funcionario del Gobierno provincial desempeñándose como Presidente de la Caja de Previsión Social, aunque estuvo al frente de este cargo por un corto periodo porque el ex gobernador Arturo Puricelli lo removió de su cargo por una disputa sobre política financiera. Este tropezón no fue caída para el “Lupo”, ya que en sus espaldas ya empezó a cargar popularidad y sumó unos puntos a su novata carrera política.

 

Un perfil distinto

Intrépido, arriesgado, pero con una fiel militancia, Kirchner se lanzó a la pileta de la intendencia riogalleguense, de la que finalmente se adueñó en las elecciones del 6 de septiembre de 1987. Gestionó hasta el 1991, sólo cuatro años que le bastaron para convertirse en el principal candidato a ganar las elecciones de la gobernación santacruceña del ´91, y con un abrumador 61%, el 10 de diciembre de 1991 Kirchner fue electo gobernador, mandato que perpetuó hasta el 2003 tras una reforma constitucional que impulsó en 1994 y en 1998 en la que incluyó la posibilidad de reelección indefinida del primer mandatario provincial. En dicho periodo fue miembro de la Convención Constituyente que reformó la Constitución Argentina, y un año después, con las reformas de la Constitución Provincial en vigencia, fue reelecto gobernador por un amplio margen: el 66,5% de los votos.

El perfil del fundador del kirchnerismo durante su gobierno era una fuerte apuesta a la inversión pública y asistencialismo, medidas que le sumaron adeptos a su creciente movimiento. Asimismo, cuando asumió la provincia tenía un déficit de alrededor de U$S 1200 millones, pero durante los diez años en que gobernó logró mantener un equilibrio o superávit fiscal. Por otro lado, bajó los salarios un 25% que luego elevó a niveles superiores un año después. Asimismo, alentó inversiones en áreas turísticas y de minería, ya que sostenía que “el equilibrio fiscal no es un problema de ortodoxia económica ni de derecha. El déficit fiscal es malo. La inversión pública es buena, pero no se puede hacer a costa de perder el equilibrio fiscal”. Sin embargo, estas prácticas hicieron creer a sus “contras” que seguían la línea menemista, pero Kirchner derribó toda especulación y se distanció del entonces presidente de la Nación y líder del Partido Justicialista, Carlos Menem. Como empezó a ganar terreno, las asperezas con el Presidente se agudizaron y Kirchner se convirtió en un fuerte opositor dentro de las líneas del justicialismo, en donde se alineó con el gobernador de la provincia de Buenos Aires y posterior presidente, Eduardo Duhalde.

Se acercaba el 2003 y todo justicialista que en ese momento pisaba fuerte quería ser presidente, por lo que la puja interna llevó a pelear por las alianzas para las elecciones partidarias y así definir la candidatura peronista.

Las internas se celebraron en febrero de 2003, y el entonces presidente Duhalde intentó jugar sus cartas por el gobernador de Santa Fe, Carlos Reutemann, lo que no prosperó, y se inclinó por De la Sota; como no pudo alcanzar un acuerdo estratégico, en enero de 2003 anunció su apoyo a la precandidatura de Kirchner, aunque este apoyo no era una real garantía.

El 24 de enero, Kirchner, Rodríguez Saá y Menem trabajaron para que el congreso del justicialismo tome la decisión de suspender las internas y permita a todos los precandidatos a usar los símbolos partidarios para presentarse en las generales. Kirchner arrancó la campaña en una posición desfavorable, ya que las encuestas lo ubicaban por detrás de los otros candidatos justicialistas y de Ricardo López Murphy. No obstante, comenzó a subir su popularidad con la instalación de un perfil con el que buscaba diferenciarse de las políticas aplicadas durante los gobiernos anteriores, poniendo acento en priorizar la producción, la justicia, la educación, el trabajo, la equidad y la salud, sintetizado de algún modo en sus eslogans de campaña: “Un país en serio” y “Primero Argentina”.

Si bien la campaña electoral aún estaba salpicada por la crisis de 2001, el 27 de abril de 2003 el Frente Para la Victoria

-con Kirchner como candidato presidencial- obtuvo sólo un 22% de los votos, superado por Menem de Alianza Frente por la Lealtad –UCD con el 24,3%, y ambos fueron a ballotage, elección que no se produjo a pesar de estar las boletas impresas porque Menem se bajó y Kirchner automáticamente se convirtió en Presidente electo y el 25 de mayo de 2003 juró en el Congreso la ley para convertirse en Presidente de la República Argentina hasta 2007.

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