Cuestión de fe

San Cayetano: historia del Padre de la Providencia

Fieles de todo el país se congregaron durante este sábado para orar por el patrono del trabajo en Argentina. Cuál es la historia del santo que no solamente recibe pedidos, sino también agradecimientos.

San Cayetano.
San Cayetano.
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Una postal típica de argentina cada siete de agosto es la de los fieles congregándose para rendirle homenaje a San Cayetano, el patrono del pan y trabajo. En pleno contexto pandémico, donde la situación económica y laboral tambaleó producto de la crisis obligó a varios rubros a bajar sus persianas, el patrono cobró vital importancia entre sus fieles. En Río Gallegos hubo misas en honor al patrono, siendo de los que más creyentes reúnen en la capital santacruceña. En Argentina lo conocen también como “Padre de la providencia”. Alrededor de toda Santa Cruz –no sollo en las ciudades sino también en las rutas- pueden encontrarse santuarios dedicados a su figura.

Su biografía

Su padre, militar, murió defendiendo la ciudad contra un ejército enemigo. El niño quedó huérfano, al cuidado de su santa madre que se esmeró intensamente por formarlo muy buen.

Estudió en la Universidad de Padua donde obtuvo dos doctorados y allí sobresalía por su presencia venerable y por su bondad exquisita que le ganaba muchas amistades.

Se fue después a Roma, y en esa ciudad capital llegó a ser secretario privado del Papa Julio II, y notario de la Santa Sede.

A los 33 años fue ordenado sacerdote. El respeto que tenía por la Santa Misa era tan grande, que entre su ordenación sacerdotal y su primera misa pasaron tres meses, tiempo que dedicó a prepararse lo mejor posible a la santa celebración.

Cayetano de Thiene fue beatificado el 8 de octubre de 1629 por el papa Urbano VIII y canonizado el 12 de abril de 1671 por el papa Clemente X.

 

Sus milagros

La historia de Cayetano cuenta que debido a su afán de dar siempre comida a los pobres llegó el momento en que en su casa no había quedado para comer. Entendiendo la necesidad de su madre, se dirigió al altar en la puerta del Sagrario donde estaban las hostias y dijo: "Jesús amado, te recuerdo que no tenemos hoy nada para comer". Al rato llegaron unas mulas con gran cantidad de provisiones, y los arrieros no quisieron decir de dónde las enviaban.

Fueron la dedicación al servicio, su bondad y el amor de sus seguidores los hechos más relevantes que lo convirtieron en beato para honrar su vida.

Ya consagrado santo, Cayetano siguió haciendo milagros: cuentan que en épocas de sequía, un campesino le pidió que interceda por la falta de agua y, a modo de agradecimiento, le dejó una espiga de trigo a los pies de su imagen. Tres días después, llovió tanto que la ciudad se inundó.

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