En obras

Mujeres de la construcción

Son 51 mujeres que se encontraban desocupadas y hace cuatro meses que se incorporaron al rubro de la construcción para llevar adelante mantenimiento y refacciones en diferentes establecimientos y barrios. La historia de Stefanía, una mujer que se hizo lugar entre los hombres y hoy coordina a sus compañeras en distintas obras.     

Stefanía Saavedra coordina los trabajos de las obras. (Fotos C. Robledo).
Stefanía Saavedra coordina los trabajos de las obras. (Fotos C. Robledo).
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Desde hace muchos años que la relación entre el género y el trabajo ha dejado de presentarse como un obstáculo para desarrollar una actividad laboral determinada. La historia lo demuestra que, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, países como EEUU debieron incorporar a las mujeres a rubros de la industria para llevar adelante la economía nacional, una transformación que se emprendió a nivel mundial con la incorporación cada vez más pronunciada de mujeres a distintos rubros de la economía formal. Una lucha que ya se manifestada en las primeras Olas del Feminismo a fines del siglo XIX y principios del siglo XX, pero que tuvo más preeminencia con un contexto que posibilitó su acceso ante la necesidad de mano de obra en tiempos de conflictos bélicos.

Sin embargo, en nuestro país, en varios sectores del trabajo formal aún hoy sigue restringida la labor solo para los varones.

Es el caso del rubro de la construcción, donde en el discurso prima la “fuerza del hombre” en la mano de obra, ante las mujeres quienes son definidas como el “sexo débil”. Algo que podría estar cambiando en Río Gallegos donde –más allá de los casos particulares de mujeres que emprenden la albañilería de su hogar- hay un grupo de constructoras que inició su camino trabajando en una empresa, ocupando labores de manera formal en diferentes obras y juntando experiencia como “mujeres de mameluco”.     

Miedo y oportunidad

Stefanía Saavedra tiene 30 años, es madre de cuatro niños y durante varios años estuvo desocupada, pero hace unos meses encontró trabajo en un sector donde nunca se imaginó que podría trabajar: En la construcción.  

“Antes de trabajar en esta empresa hacía cursos y capacitación de tres a cuatro horas en la UOCRA sobre electricidad y durlock”, explicó a TiempoSur, donde percibía un subsidio que le alcanzaba para subsistir mes a mes. Llegó la pandemia y “no se pudo seguir”, por lo cual ni siquiera tuvo ese ingreso.   

Pero, meses más tarde, recibió un llamado desde el gremio de la construcción: “Me llamaron para ser parte de una obra con tareas livianas”, indicó Stefanía, quien agregó: “Me daba miedo porque era la primera vez que trabajaba de albañil, soy mujer y lo único que hacía era limpieza”.

Sin embargo, muy pronto se habituó a las tareas encomendadas en la obra junto a otras 50 mujeres que se incorporaron al rubro de la construcción, trabajando para la misma empresa.   

“Techamos la Industrial 4, cambiamos los pisos en la Escuela 33 y ahora estoy como encargada”, advirtió con entusiasmo Stefanía, quien trabaja hace ya 4 meses en las respectivas obras que toma la empresa para la cual lleva adelante su labor. Su jornada empieza a las 09:00, con cuatro horas al día y se dividen las tareas por dos turnos: Uno de 09:00 a 13:00 y otro de 13:00 a 17:00.  

De las 51 mujeres de la construcción, Stefanía y Lucía Ulloa son las encargadas de obra, quienes coordinan el trabajo de las otras 49 compañeras –quienes ingresaron a través del Plan Mujer que se desprende del Ministerio de Trabajo de Santa Cruz-. 

“El señor Pablo Núñez nos dio la oportunidad de tomarnos porque nadie toma mujeres para obras en construcción”, subrayó agradecida.

Manos a las obras

Las mujeres constructoras llevan adelante refacciones y mejora de edificios públicos como escuelas, comisarías, cordones en sectores de la ciudad y veredas. Por estos días trabajan con cordones en el barrio Evita, en calle Juan Manuel de Rosas y las Escuelas N°41, 33 y 39.  

“Empezamos con las refacciones y picando cordones, cambiando la cerámica y accesorios del baño”, indicó Stefanía, dando cuenta que “ahora se sumaron las Comisarías Segunda, Tercera y Cuarta” donde realizan trabajos de pintura.   

La albañil destacó que la empresa les provee de la indumentaria y elementos de seguridad: Mameluco, casco, guantes y gafas. “No nos podemos quejar, desde el día uno hay una seguridad bárbara”, sostuvo.   

Somos iguales

“Nunca me imaginé y el primer día dije ´no voy a poder techar´, y gracias a Dios pude y estoy más que contenta con lo que hago”, expresó Stefanía sobre este nuevo rol que la incorporó a un rubro acaparado históricamente por los varones.    

Reconoció que “siempre dependía de alguien para arreglar algo o tenía que pagarle a alguien para hacer algunas cosas, como sacar un zócalo, pegar un azulejo y pintar una pared”, pero hoy ella emprende esas tareas de las cuales la experiencia le brindó el oficio.

Stefanía dejó en claro que “hoy una mujer lo puede hacer y no es necesario que lo haga un hombre” y expresó que “hoy la mujer y el hombre están en igualdad”.

La mujer constructora se mostró muy “agradecida y feliz con el trabajo que hago”. “Doy todo de mí y es una experiencia única”, precisó en su relato.  

“Mi meta es seguir creciendo”, sostuvo Stefanía con la perseverancia que se desprendían de sus palabras siendo que, por estos días, para ella “no hay días grises, sino que son todos los días felices”.  

El grupo trabajando con la pintura de la Comisaría Cuarta (Fotos C. Robledo).

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