Conociendo la ciudad cordial

La oscura historia del Marjory Glen, el barco incendiado de Punta Loyola

La embarcación es uno de los símbolos de la historia de Río Gallegos . Quien vive o pasó por la ciudad tiene un recorrido o una foto. Pero, ¿qué hay detrás de la tragedia ocurrida y por la cual terminó en las costas?

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Cualquier persona que viva en Río Gallegos o haya pasado por la capital santacruceña conoce “el barco de Punta Loyola”. Se trata de uno de los emblemas de la localidad y que se erige hoy como un recuerdo triste de uno de los hechos más trágicos que marcó la historia. Hoy el barco se encuentra cubierto completamente por el óxido y vandalizado, algo que solo se ha visto empeorado con el correr de las décadas. Quienes van a Punta Loyola recorren el interior de la embarcación, en una asfixiante cabina que retrotrae a películas de terror psicológico. Un verdadero atractivo turístico para aquellos que buscan algo más ¿alternativo? a los puntos más tradicionales de la ciudad. Pero, ¿qué esconde el famoso barco de Loyola? Su nombre original es Marjory Glen, de origen británico. Fue construida en el año 1892 por la empresa “The Grangermonth Dockyard Company”, en Escocia. Según se pudo reconstruir a través de registros escritos sobre el barco del 1800, se trataba de una nave con propulsión a vela, con tres mástiles y dos cubiertas, sin galerías. El casco de acero estaba remachado. Si bien parecen datos técnicos del lenguaje náutico, lo cierto es que el armado del barco sería de vital importancia para los hechos que terminaron desembocando en su naufragio. Se trata de una historia de desidia y de una seguidilla de errores humanos que terminaron en tragedia. En medio, un negocio, gente que buscó aprovecharse de la situación y un pueblo pujante que quedó temeroso de las nubes negras.

El viaje del desastre

Su capitán para el viaje hacia el sur de Argentina era J.M Holmsen y según quedó constatado para el 8 de junio de 1911, transportaba 1701 toneladas de carbón, como así también embalajes, atados y mercancía. El objetivo del triste y último viaje hacia Río Gallegos era entregarse en el puerto “si los enemigos del señor, el fuego o cualquier otro peligro no lo impiden”, rezaban los viajeros. Partieron el 12 de junio de ese año, con el capital, oficiales y la tripulación de 16 personas.

El naufragio

Con todas estas características partieron con el Marjory Glen llevando una importante cantidad de carbón para ser entregado en la hoy capital santacruceña. Tras varios días de viaje, se encendió la primera alarma en el barco: Las primeras nubes negras de carbón que advertían del peligro de la carga. Poca atención se le prestó a ese principio de incendio, que fue apaciguado con agua y dejado en segundo plano. Cuatro días después lograron llegar al puerto, negociando el capitán Holmsen la venta del carbón con las familias que habían comprado la carga. Pero el fuego que habían creído controlado en aquel entonces continuó, avivado por el carbón obviamente. Se enteró un día después de la muerte de dos de los compañeros de tripulación, por lo que un subprefecto le sugirió “abrir un rumbo al buque por la parte exterior”. Poco caso le hizo, solamente retirando algunos remaches de plancha de la popa, lo que no alcanzó para inundar la barca con agua. Pero nada bastaba. Tuvieron que abrir las escotillas, aunque hay voces que señalan que no fue por decisión del capitán sino por la presión del gas ejercida desde adentro. Esto generó una mayor combustión todavía, propagando el incendio por toda la embarcación.

Los cuerpos fueron llevados a cubierta para tratar de reanimarlos y se despachó un mensajero en busca de un médico. Acudió a la emergencia el Dr. Fenton, para constatar la muerte por asfixia de gas carbónico. Con el mismo diagnóstico, el médico de la gobernación, Dr. Larrauri, deja constancia de las causas de la muerte en el expediente N°3542-A-1911, folio N°362, legajo N°33 del Juzgado de Santa Cruz.

Las personas que residían en cercanías empezaban a ver el fin del Marjory Glen como un hecho que iba a marcar la historia de Río Gallegos. Los curiosos y temerarios se acercaban al lugar, siendo detenidos por la Subprefectura. El fuego avanzaba de manera descontrolada y se vivía una situación trágica que ya se había cobrado la vida de dos personas.

Como tampoco Subprefectura tenía elementos para sofocar el incendio, se ofrece el patrón de la chata "Cabo Vírgenes", Manuel Cantariño, a hacerlo, a cambio de un pago. Momentos después junto a personas particulares rompen una plancha del casco de "Marjory" para inundarlo y sacan también algunas velas y víveres en cajones. Luego de esto arriba al puerto el vapor chileno "Araucanía" y propuso inundar al "Marjory Glen" con sus bombas, lo que no se pudo llevar a cabo por la peligrosidad del fuego; en cuanto a este hecho, existe otra versión del Diario La Unión que, el día 24 de septiembre de 1911, señala: "El vapor "Araucanía" de la casa armadora "Braun & Blanchard" de Punta Arenas, que acababa de llegar, colocó dos mangueras en la barca con el objetivo de anegar el fuego, pero no consiguió dar agua, y la marea que se retiraba rápidamente, obligo al capitán a retirarse sin poder prestar auxilio".

La situación el día 21 de septiembre, se tornó en extremo peligrosa, habiendo fundado temor por la inminente caída de parte de la arboladura y porque el humo y el fuego se volvieron intensos, por lo que a la tripulación solo le quedó como opción hacer ingresar agua por las aberturas en el casco, con lo cual logró controlar el incendio para el 22 de septiembre.

El barco durante el incendio.

 

Las consecuencias

El día 26 de septiembre de 1911 se dictó la prisión preventiva para el capitán Jans Martin Holmsen. Se lo procesó “por el Articulo 366 del código de procedimiento en lo criminal y el día 9 de octubre es sobreseído por considerarse que actuó con ”las medidas que la práctica y la prudencia aconsejaban”. La Cámara de Apelaciones de La Plata confirmó la medida el día 23 de diciembre del mismo año.

El código de procedimiento en materia penal regía desde el 1º de enero de 1889, en el fuero federal y en los tribunales ordinarios de la Capital Federal y de los territorios nacionales sancionada por Ley 2372, el 17 de octubre de 1888, por lo tanto aplicable en el territorio de Santa Cruz en esa fecha.

Los conflictos también involucraron a la firma contratante, a la compañía de seguros, a la comunidad de Río Gallegos y a aquellos que buscaron obtener alguna ganancia en medio de la desgracia, con el barco de bandera noruega Marjory Glen.

 

La actualidad

Pero cómo llegó hasta donde está ahora es un misterio. Son varios quienes aseguran que fue debido a las mareas o el temporal de vientos. Otros insisten que fue llevada por pobladores. Historiadores náuticos aseguran que fue gracias a la intervención del transporte “Vicente Fidel López” de la Armada Argentina. Hoy lo cierto es que el Marjory es el emblema de un siglo que pasó hace mucho, de un mineral que llegó con dos vidas menos y varios errores humanos que agravaron la situación. El lugar es actualmente utilizado como un resguardo para el fuego, para el material fotográfico de cientos de capturadores de imágenes amateurs que ven en el barco una postal del óxido de un siglo que ya pasó.

 

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