CONICET

“La masa de agua que se pierde en la Antártida trae problemas para todas las zonas costeras del planeta”

Así lo explicó Irene Schloss, investigadora del CONICET, quien desarrolla labores científicas en la base antártica.  Cómo afecta el cambio climático a los ecosistemas marinos.

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Uno de los bastiones que expone los cambios que somete el cambio climático al planeta es el continente blanco, la Antártida. Allí donde la Argentina fue uno de los primeros países del mundo en ubicar una base y hoy cuenta con 6 bases permanentes, donde los científicos y especialistas argentinos llevan adelante diferentes estudios relacionados a los ciclos biológicos, tanto lo marítimo como lo terrenal.

En este marco, TiempoSur dialogó con la investigadora del CONICET, Irene Schloss, quien explicó que “este año estamos con los embates de la pandemia y son muy contadas las entradas del buque de abastecimiento”.  

“Hay buques colaborando como de Prefectura con una flota diversa haciendo lo mejor posible”, advirtió sobre la logística en las bases argentinas.

La especialista expuso que “el Instituto Antártico se ocupa en la ciencia en la antártica”, dejando en claro que “hoy por hoy la soberanía la dicta la ciencia en la Antártida y es la actividad primordial”.  

En tal aspecto, el instituto es quien lleva adelante diversos plazos científicos con proyectos de oceanográfica, física, biología y astronomía, entre otros.

DERRETIMIENTO

Schloss trabaja hace más de 20 años en la isla 25 de mayo, donde dio cuenta que “hay una especie de observatorio oceanográfico y biológico para monitorear el cambio global y climático en esa zona tan importante para todo el planeta”.  

Recordó que fue estudiante y becaria y tuvo “la oportunidad de volver hace unos cinco años donde había un glaciar que caía a pique en el océano. Cuando volví en 2016 el glaciar había retrocedido como para dejar una playa de piedra de aproximadamente 100 metros”.  

El retroceso glaciar es algo que pude ver en poco tiempo”, indicó la investigadora, quien dijo que “a masa de agua que se pierde al ingresar al mar aumenta el nivel del océano y trae problemas para todas las zonas costeras del planeta”.  

Por otro lado, advirtió que “trae problemas a los ecosistemas marinos de la zona por las partículas que arrastra como el sedimento, alteran los ecosistemas costeros marinos de la zona”.  

CONSENSO

Para la investigadora del CONICET “tenemos que ponernos de acuerdo internacionalmente en reducir las emisiones de dióxido de carbono que aumente la temperatura del aire y el derretimiento del hielo”.  

“Una forma de evitar que siga aumentando es disminuyendo la cantidad de la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera”, señaló Schloss.

Por este motivo, pidió “una acción coordinada, compromiso serio de cada uno de nosotros consumiendo menos” y destacó la importancia del reciclaje para contrarrestar las consecuencias del cambio climático.  

PLANTAS NATIVAS

Los cambios en la presencia de plantas vasculares en cercanías de las bases de Argentina en la Antártida es uno de los objetivos de monitoreo de flora antártica que el país comenzó en 2015 y que busca profundizar el conocimiento sobre los vegetales que viven en ese continente.

En un continente cubierto en su gran mayoría por hielo y nieve, en el que los ciclos de día y noche limitan la luz solar necesaria para la fotosíntesis, la flora se compone en gran parte de musgos y líquenes, mientras que las plantas vasculares más comunes son el "pasto antártico" (Deschampsia antárctica) y el "clavelito antártico" (Colobanthus quitensis).

Los estudios están a cargo del proyecto de botánica antártica que impulsa el departamento de Ecofisiología y Ecotoxicología de la coordinación científica Ciencias de la Vida del Instituto Antártico Argentino (IAA) en la isla 25 de Mayo en la que se encuentra emplazada la base Carlini.

La base Marambio se encuentra ubicada en la isla del mismo nombre sobre el mar de Weddell al noreste de la península antártica y a 3.304 kilómetros de Buenos Aires. Las temperaturas en el lugar llegan a los treinta grados bajo cero y los vientos a 120 km/h, estos fuertes vientos, a su vez, son los que evitan una gran acumulación de nieve en la zona de su meseta.

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