Columna de Opinión

Antiguas historias de mar

Por Rubén Zárate. 

Rubén Zarate.
Rubén Zarate.
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Los 40 años de la guerra de Malvinas movilizaron la memoria colectiva. En un contexto mundial donde las guerras colocan la geopolítica y los recursos naturales en el centro de las disputas, renovamos la convicción que Malvinas es la gran causa nacional. En estas y en antiguas historias de nuestro mar resuenan ecos de nuevas reflexiones soberanas.

Ballenas, lobos y ganancias extraordinarias.

“¡Nantucket!, sacad el mapa y miradlo”, escribe Melville en Moby Dick. La historia inspirada en el buque ballenero Essex hundido en 1820, era uno de los que entre 1804 y 1876 cazaron más de 250.000 cachalotes. En la última escena de la película ¨En el corazón del mar¨, donde Philbrick retoma la historia de Moby Dick, su protagonista dice con nostalgia que dejarán de aventurarse a los mares del sur porque se descubrió un aceite en Texas que desplazará el de ballena para las lámparas.

En esos años la industria de los recursos del mar fue la que explicó el mayor desarrollo industrial del este de Estados Unidos en asociación con las grandes compañías del Reino Unido de los territorios de ultramar asociadas económicamente a los mares del sur.

El ejemplo del buque Neptune entre 1796-1799 ilustra uno de los circuitos comerciales y productivos más desarrollados desde fines del s. XVIII. En 1796 partió de New Haven, muy cerca de Nantucket, para conseguir pieles de lobos marinos, aceite y otros insumos de ballenas. Su tripulante E. Townsend en sus notas sostenía que las Malvinas pertenecían a España, pero que ¨a ellos les importa muy poco la lobería, pero son muy tenaces acerca de la soberanía¨.

También registró que el Neptune operando entre Malvinas, San Julián, C. Matas y Deseado luego de depredar y obtener miles pieles de lobos, aceite y otros recursos de ballenas, mediante operaciones comerciales en Cantón (China) y Nueva York, multiplicó por 16 la inversión, obteniendo al final más U$ 2.040.000 en valores de 1799.

Economía y soberanía

La ubicación bioceánica de la Patagonia hizo que estuviera históricamente ligada a circuitos económicos globales. Este principio estratégico que combinaba economía y soberanía fue lo que llevó al Gobierno de las Provincias Unidas a designar a Vernet en 1828 como comandante de las Islas Malvinas, las islas adyacentes al Cabo de Hornos y el Océano Atlántico y la Isla Grande de Tierra del Fuego, mediante un decreto publicado en la prensa extranjera.

Este decreto fue comunicado formalmente a la flota pesquera de todo el mundo que operaba en la zona desde Patagonia cambiando el estatus económico del ejercicio de la soberanía, no solo la transferencia de España al gobierno patrio; hoy diríamos no solo la jurisdicción sino también el domino de los recursos naturales. El rápido avance de la colonia argentina provocó la inmediata reacción del Reino Unido mediante la protesta formal de Henry Fox en 1828.

Luis Vernet frenó decididamente la depredación de los extranjeros en particular de lobos y focas. Esto fue repudiado por los cónsules británicos y estadounidenses en Buenos Aires, que afirmaban su derecho a seguir explotando los recursos naturales en las islas y el atlántico sur, denunciando a Vernet ¨cómo criminal de piratería y robo¨ cada vez que decomisaba cargas ilegales, desconociendo la soberanía para reglamentar la pesca y el manejo de los recursos naturales.

La primera acción militar contra el gobierno de Malvinas fue en 1831, cuando el Lexington, de la armada de EEUU, saqueó bienes y propiedades, destruyó piezas de artillerías y tomó prisioneros que fueron llevados a Montevideo. El consulado de EEUU justificó la acción, pidió destituir a Vernet; pero Juan Manuel de Rosas expulsó al cónsul. Luego de esta acción el Reino Unido en enero de 1833 invadió Malvinas con la fragata HMS Clío, dejando en ruinas Puerto Soledad y una gran cantidad de civiles asesinados.  

Causa Malvinas

Definir políticas soberanas en el Atlántico Sur en el siglo XXI es un desafío complejo, equivalente al de aquel primer gobierno patrio que identificó con claridad a los enemigos de una soberanía que incluía el interés económico y geopolítico, no solo de los recursos naturales de las islas y el océano sino también de la Patagonia continental.

 

* Las palabras vertidas en esta columna son de su autor y no reflejan necesariamente la postura del Medio.

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