San Valentín

Un amor para siempre en Río Gallegos

Adelina y Daniel: la historia de amor de dos vecinos de la ciudad que empezó en 1964, tardaron 28 días en casarse y nunca más se separaron.

14/02/2021 • 10:12

56 años después la vida los encuentra con una casa grande donde se reúnen con sus cuatro hijas, siete nietos y once bisnietos, un jardín y huerta con muchos años de dedicación y la esperanza de un futuro mejor sin pandemia.

Ayer por la tarde, el Intendente Pablo Grasso visitó la casa de Daniel Verdugo de 84 años y Adelina Roa de 76 años, ambos oriundos de la localidad chubutense de Trevelin, que se casaron en 1964 y jamás se separaron forjando su destino en Río Gallegos.

Esta pareja de vecinos desde el 5 de diciembre de 1964 viven juntos en Río Gallegos, el había venido a la ciudad 7 años antes y regresó a Trevelin. Estuvieron 28 dias de novios y el 24 de noviembre se casaron y a los pocos días se mudaron a Río Gallegos.

En la visita Adelina le contó al Intendente que le costó mucho adaptarse a Río Gallegos, la vida era muy dura. No tenían servicios y debía ir a buscar el agua desde su casa de la calle Berutti hasta Pasteur y Darwin, pero tuvo a sus hijas y luego empezaron el colegio y se fue integrando y nunca más pensó en dejar esta ciudad.

Pablo Grasso les entregó una réplica del corazón que está ubicado en la Costanera local: “Son las primeras personas que lo tienen”, les dijo.

Daniel es retirado de la Policía y contó que las plantas, los árboles y todo lo verde son su vida, y que ha dedicado mucho a tener su jardín lleno de especies. Esto su pasión, además de su familia compuesta por su compañera de toda la vida, sus cuatro hijas, siete nietos y once bisnietos.

El intendente estuvo acompañado por la Secretaria de Coordinación Ejecutiva, Claudia Picuntureo y el Jefe de División Archivo Histórico Municipal, Jorge Achimon.

Todos los derechos reservados ©2022 TiempoSur Digital - Río Gallegos, Santa Cruz, Patagonia Argentina
Dirección Lic. Roberto Gustavo Torres. Presidente LJK Editorial S.A. Responsable Editorial