Compras en internet

Shein en Río Gallegos: Cómo llega, cuánto tarda y cómo se usa

Los envíos puerta a puerta y precios bajos, la plataforma china revoluciona el consumo online en el país. Pero su impacto en la industria textil argentina, el empleo y la balanza comercial genera fuerte preocupación en el sector. Legisladores ya preparan un proyecto para regular el fenómeno.

 

03/08/2025 • 13:54

Con el auge del comercio electrónico y la flexibilización del régimen puerta a puerta, millones de argentinos cambiaron la forma en que compran ropa. En este nuevo escenario, Shein, el gigante del fast fashion de origen chino, se convirtió en una de las aplicaciones de compras más descargadas del país. A través de una interfaz simple y colorida, ofrece hasta 600.000 productos simultáneos con envíos a domicilio en pocas semanas, sin moverse de casa y a precios imposibles de igualar en el mercado local.

El fenómeno no solo refleja una nueva cultura de consumo digital, sino que también expone a la economía argentina a una transformación profunda. En el mismo momento en que Shein multiplica sus ventas, la industria textil nacional enfrenta una de sus crisis más graves en décadas: caída de producción, pérdida de empleos, cierre de fábricas y marcas tradicionales fuera del mercado. A esto se suma una creciente preocupación por las condiciones laborales, ambientales y fiscales que rodean a la empresa, y que en países como Francia o Brasil ya han derivado en medidas regulatorias concretas.

Cómo funciona Shein: el nuevo hábito de consumo que llegó para quedarse

Comprar en Shein es sencillo, rápido y tentador. Solo hace falta descargar la aplicación oficial, registrarse con una dirección postal en Argentina, y comenzar a navegar entre miles de prendas, accesorios, artículos para el hogar, gadgets y productos para mascotas. Las imágenes están bien diseñadas, los filtros ayudan a afinar la búsqueda, y hay un sistema permanente de cupones, promociones, descuentos y envíos gratuitos. Al finalizar la compra, se puede abonar con tarjeta de crédito o débito, en pesos y sin trámites adicionales.

El sistema puerta a puerta fue clave para su expansión. Los envíos llegan desde China en un promedio de 20 a 30 días, y en ciudades como Río Gallegos, la empresa Urbano es la encargada de distribuir los pedidos en cada domicilio. Según usuarios frecuentes, el proceso es cada vez más aceitado: no hay demoras excesivas, no se requieren gestiones en Aduana, y la calidad, si bien varía, suele ser aceptable en relación con el precio. Para muchas familias, especialmente de clase media, representa una solución accesible para vestir a los hijos, renovar el armario o decorar el hogar sin gastar fortunas.

Los números del boom: récord de importaciones y derrumbe de la industria nacional

El fenómeno Shein no es solo cultural: es económico y medible. Entre enero y mayo de 2025, las importaciones de ropa a través del sistema courier crecieron un 211% interanual, alcanzando los USD 242 millones. A esto se suma el ingreso masivo de productos por otras vías: el país importó más de USD 1.500 millones en indumentaria en cinco meses, una cifra que supera todos los registros históricos desde que se tienen estadísticas.

Mientras tanto, la producción textil nacional cayó un 20% en el primer semestre, acumulando una baja del 40% respecto a 2023. Según la Fundación Pro Tejer, más de 10.000 empleos formales se perdieron en el sector, especialmente en pymes del conurbano bonaerense. Marcas emblemáticas como Vitamina, Uma y Rapsodia cerraron locales o directamente cesaron su producción. Fábricas tradicionales como TN&Platex, que durante años abastecieron a las principales marcas del país, aplicaron suspensiones masivas y reducción de turnos.

Además, el empleo informal creció fuertemente: solo 3 de cada 10 trabajadores textiles están registrados. En los barrios, talleres que antes fabricaban para marcas locales ahora no tienen pedidos o compiten con reventa de productos importados. El golpe también alcanzó a los centros comerciales populares, como la zona de Avellaneda o La Salada, donde se detecta una caída en ventas de hasta el 60%.

Competencia desigual: apertura comercial y ventajas fiscales para el importado

El crecimiento de Shein no habría sido posible sin una serie de decisiones políticas y fiscales adoptadas entre fines de 2023 y principios de 2025. Uno de los principales cambios fue la modificación del régimen de envíos internacionales puerta a puerta: se elevó el tope permitido por envío de USD 1.000 a USD 3.000, y se eximió del pago de aranceles a los primeros USD 400 de cada compra para bienes de uso personal.

Además, el arancel general de importación de indumentaria bajó del 35% al 20%, en línea con los países del Mercosur. Estas modificaciones, impulsadas bajo el argumento de “equidad” para los consumidores que no pueden viajar al exterior, generaron en los hechos una asimetría entre el producto importado y el nacional. Mientras las empresas locales enfrentan cargas fiscales múltiples, costos logísticos internos y exigencias de trazabilidad, Shein puede vender camisetas a menos de 4 dólares, sin tributar IVA ni derechos como una fábrica argentina.

Un informe de la Cámara Industrial de la Indumentaria advierte que una campera nacional paga más impuestos que una importada, y que una prenda traída por courier paga menos carga tributaria que si un consumidor la compra en un local nacional. Así, la competencia no solo es de precio, sino también de reglas de juego: los fabricantes locales compiten con jugadores que tributan en otras jurisdicciones, producen en condiciones opacas y evaden buena parte de la regulación laboral o ambiental que rige en Argentina.

El nuevo mapa del consumo: entre influencers, haul y valijas repletas

Más allá del canal digital, Shein también impone una nueva estética y lógica de consumo. Las redes sociales están inundadas de videos haul, donde jóvenes muestran las decenas de prendas que compraron por pocos pesos, comparan talles, comentan calidades y dan consejos para armar el look “Shein”. Las prendas se usan una temporada, se descartan rápido, y vuelven a comprarse con cada código de descuento.

Al mismo tiempo, el cambio también se nota en el turismo de compras: argentinos que viajan a Chile, Brasil o Miami gastan millones en ropa. Entre enero y mayo, se estima que el gasto de argentinos en indumentaria en el exterior fue de USD 1.572 millones, cifra que supera lo ingresado por las exportaciones de ropa nacional en el mismo período. La “valija llena” vuelve a ser una postal común.

Inclusive, muchas marcas argentinas ahora importan directamente sus productos. Firmas que antes fabricaban en el país ahora traen ropa desde India, Turquía o Vietnam. Incluso las camisetas oficiales de clubes de fútbol como Boca o River ya no se confeccionan en el país: se producen en Brasil y China. San Lorenzo, por caso, terceriza su indumentaria en Asia a través de un fabricante local.

El debate pendiente: ¿una ley anti-Shein en Argentina?

Frente al avance imparable de Shein y el deterioro del sector textil, algunas entidades empresariales comenzaron a presionar por una respuesta legislativa. La Cámara Industrial de la Indumentaria trabaja junto a diputados de distintos bloques en un proyecto de ley “anti-Shein”, inspirado en modelos internacionales como el de Francia, que ya impone multas, aranceles ecológicos y limitaciones a la publicidad de fast fashion.

En Brasil, el gobierno de Lula logró que Shein se comprometiera a fabricar el 85% de lo que vende en ese país dentro del territorio nacional, abriendo talleres propios y contratando miles de trabajadores brasileños. En México, se implementó una tasa del 20% a las compras minoristas del exterior para proteger al mercado interno.

En Argentina, el escenario aún es incierto. El Gobierno defiende la apertura comercial con el argumento de que abarata el costo de vida y democratiza el acceso al consumo, pero aún no hay definiciones sobre una política industrial compatible con esta dinámica. Los empresarios textiles reclaman igualdad de condiciones, reducción de la carga fiscal y trazabilidad para los productos importados. Advierten que sin acción rápida, se corre el riesgo de que la industria desaparezca y Argentina se convierta en un país de revendedores.

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