Santa Cruz

Murió Fernando “Morsa” Orozco, el piloto de Malvinas que también dejó huella

El ex teniente coronel del Ejército Argentino falleció y su muerte generó conmoción entre ex compañeros, organismos vinculados a veteranos de Malvinas y comunidades de la Patagonia, donde construyó una trayectoria marcada por su participación en la guerra de 1982 y por su posterior labor en operativos de emergencia en Santa Cruz, en algunos de los episodios más críticos que atravesó la región.

28/03/2026 • 15:42

El fallecimiento de Fernando Rubén “Morsa” Orozco impactó en distintos sectores ligados a la historia reciente del país y a la vida comunitaria patagónica. Su nombre quedó ligado tanto a su desempeño como piloto militar durante la Guerra de Malvinas como a su tarea posterior en territorio santacruceño, donde fue convocado para intervenir en rescates y asistencias aéreas en contextos de extrema complejidad.

Formado en la Aviación de Ejército durante la década de 1970, Orozco se especializó en el manejo del helicóptero Bell UH-1H “Iroquois”, una aeronave central para operar en zonas sin infraestructura y bajo condiciones adversas. Esa preparación técnica fue una de las bases de una carrera que luego tendría capítulos decisivos tanto en el plano militar como en el civil.

Durante el conflicto bélico de 1982 integró la Compañía de Helicópteros de Asalto “B” del Batallón de Aviación de Combate 601. Con el grado de teniente primero, desarrolló misiones de transporte de tropas, evacuaciones y abastecimiento en el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur, en uno de los escenarios más exigentes de la guerra.

Uno de los episodios más críticos de su participación ocurrió el 21 de mayo en Monte Kent, cuando aviones Harrier británicos atacaron posiciones argentinas. En ese contexto, logró sobrevivir junto a su tripulación, en medio del fuego enemigo. A lo largo de la guerra también se destacó por realizar vuelos a baja altura para evitar radares y por la precisión de sus maniobras en situaciones de alto riesgo.

Tras su retiro del Ejército, Orozco se radicó en Santa Cruz y comenzó una nueva etapa ligada a la asistencia aérea en operativos de emergencia. Desde entonces, su experiencia adquirida en contextos de combate fue trasladada a misiones civiles, en las que volvió a ocupar un lugar decisivo en situaciones límite.

Su participación fue clave durante la erupción del volcán Hudson en 1991, cuando voló en condiciones atravesadas por ceniza volcánica para evacuar pobladores y trasladar suministros a zonas aisladas. Esa intervención lo posicionó como una referencia en operaciones complejas dentro del territorio patagónico, en un momento de enorme dificultad para numerosas comunidades.

También tuvo un rol central en 1995, durante una de las nevadas más intensas del siglo en la Patagonia. En ese marco, lideró un puente aéreo que permitió rescatar familias, distribuir alimentos y concretar evacuaciones médicas en localidades como Río Turbio y 28 de Noviembre, en medio de un escenario climático extremo.

Más allá de los operativos de emergencia, Orozco también impulsó mejoras concretas en la vida cotidiana de pequeñas comunidades. En El Chaltén, por ejemplo, promovió la instalación del primer locutorio, una herramienta considerada clave en tiempos previos a la conectividad digital y de gran importancia para los habitantes de la localidad.

Esa combinación entre experiencia técnica, conocimiento del territorio y cercanía con la comunidad consolidó su figura como la de un piloto profundamente comprometido con los pobladores rurales y con la asistencia en momentos críticos. En distintos puntos de Santa Cruz, su nombre quedó asociado a intervenciones decisivas en zonas de aislamiento, nevadas y contingencias naturales.

En 2019, su estado de salud volvió a poner su nombre en el centro de la escena pública, cuando se generó controversia por un traslado sanitario que finalmente fue realizado por el Ejército, situación que reavivó el debate sobre el reconocimiento a los veteranos. Ese episodio volvió a exponer el vínculo entre su historia personal, la institución militar y la memoria de quienes participaron en la guerra.

La trayectoria de Fernando “Morsa” Orozco condensó el recorrido de una generación que atravesó la guerra y luego transformó esa experiencia en servicio comunitario. En Malvinas participó de la defensa argentina y en la Patagonia puso su conocimiento de vuelo al servicio de rescates, evacuaciones y asistencias en condiciones extremas. Su figura quedó asociada durante décadas a la vocación de servicio y a una presencia aérea que, en Santa Cruz, se convirtió en sinónimo de ayuda en los momentos más difíciles.

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