Libre Comercio Mercosur - AELC

Franco Metaza habló de oportunidades, nuevos mercados y soberanía

El santacruceño representante en el Parlamento del Mercosur, Franco Metaza, habló con TiempoSur sobre las posibilidades que podría tener Argentina en materia de importación, pero principalmente de exportación al tratarse de países de alto poder adquisitivo.  El agro sería el principal beneficiario, como contrapartida: “los beneficios para el agro no necesariamente se traducen en beneficios equivalentes para el conjunto de la sociedad”.

31/08/2026 • 16:00

La semana pasada, el Senado de la Nación aprobó el Acuerdo de Libre Comercio entre el Mercosur y la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC), firmado en Río de Janeiro en septiembre de 2025.

Vale la pena señalar que la AELC está integrada por Islandia, Liechtenstein, Noruega y Suiza, mientras que por nuestra región participan, junto a Argentina, los países de Brasil, Paraguay y Uruguay, como Estados del Mercosur, tal como establece el texto remitido por el Poder Ejecutivo al Congreso.

El acuerdo crea una zona de libre comercio que persigue liberalizar bienes y servicios, mejorar las condiciones para las inversiones, reducir obstáculos técnicos, ampliar el acceso a compras públicas y establecer reglas comunes sobre propiedad intelectual y desarrollo sostenible.

Ante el acuerdo aprobado por la Cámara Alta, TiempoSur dialogó con Franco Metaza, santacruceño integrante del Parlasur, órgano deliberativo y representativo de los intereses de los ciudadanos de los Estados Partes del Mercosur, quien manifestó que “el acuerdo con la Asociación Europea de Libre Comercio, presenta, en principio, una oportunidad interesante para la Argentina, porque involucra a cuatro países europeos con un poder adquisitivo muy alto. Esto abre una oportunidad para ampliar la venta de productos argentinos en esos mercados”.

No obstante, el parlamentario señaló que se deberá analizar el impacto que el acuerdo finalmente termine teniendo en la sociedad, al señalar que “buena parte de los productos en los que estos países están interesados, y que ocupan un lugar central en el acuerdo, pertenecen al sector agropecuario, y acá aparece una contrapartida desde la perspectiva argentina: los beneficios para el agro no necesariamente se traducen en beneficios equivalentes para el conjunto de la sociedad, debido al carácter extractivista que tiene buena parte del sector agrario argentino”.

A pesar de esta mirada, remarcó que “hacia el futuro, el acuerdo puede generar oportunidades interesantes en materia de importaciones. Puede abrir un nuevo horizonte para incorporar productos e insumos necesarios para nuestras cadenas de valor que hoy provienen, por ejemplo, de Estados Unidos. Esto permitiría diversificar proveedores y facilitar la importación de pequeñas piezas y componentes, especialmente tecnológicos, que puedan ser utilizados en futuras cadenas de valor”.

Por último, donde sí cree que hay que tener principal atención es en lo relacionado a la propiedad intelectual, donde, desde su perspectiva “también es una cuestión de soberanía”, y manifestó: “En ese aspecto soy muy prudente. Prefiero que acuerdos de este tipo, que implican un grado muy alto de liberalización, dejen la cuestión de la propiedad intelectual al margen o, al menos, preserven un margen de decisión soberana para la Argentina en todo lo relacionado con patentes y otros derechos de propiedad intelectual. Es un ámbito estratégico que el país tiene que cuidar”.

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