Y financia la ocupación

Pesca de calamar en Malvinas genera pérdidas millonarias para Argentina

La primera campaña española de calamar en Malvinas de 2026 cerró con un valor de casi 500 millones de dólares. Analistas advierten sobre la perdida de recursos locales, la exclusión de Argentina en el negocio y el financiamiento directo a la estructura británica.

15/05/2026 • 18:15

El cierre de la primera campaña de pesca de calamar Loligo (conocido comercialmente como calamar patagónico) en las aguas circundantes a las Islas Malvinas ha dejado un balance económico histórico. Tras 64 días de intensas operaciones en el Atlántico Sur, la flota de buques congeladores de capitales españoles concluyó la temporada con un volumen de capturas superior a las 42.000 toneladas.

Sin embargo, detrás del festejo empresarial en los puertos de Vigo y Marín, se esconde una multimillonaria transferencia de recursos que reaviva el conflicto geopolítico y económico entre la Argentina y el Reino Unido.

El impacto del "saqueo" autorizado

Mientras la prensa económica de España celebra los miles de puestos de trabajo indirectos y la reactivación portuaria, desde el lado argentino la lectura de los números adquiere otro matiz. Analistas y sectores catalogan esta actividad como una extracción sistemática de recursos pesqueros dentro de la plataforma continental argentina, afectando directamente a la capacidad y arcas locales.

Flota española navegando las aguas de Malvinas

Para los armadores españoles, la primera zafra de 2026 representa un alivio tras dos años de profunda incertidumbre biológica y climática que obligaron a cierres anticipados en 2024 y 2025. Las prospecciones científicas de febrero ya anticipaban un escenario favorable con una biomasa estimada de casi 42.000 toneladas.

Los 16 buques arrastreros congeladores que operan bajo el régimen de sociedades mixtas —controlados por corporaciones de la talla de Lanzal, Pescapuerta y Grupo Pereira— lograron pescar con altísima eficiencia, perforando el techo de las capturas del año pasado. Con un descarte técnico mínimo debido a la selectividad de los sistemas de captura, el volumen neto procesado y enviado a los mercados europeos ronda las 37.800 toneladas.

El impacto económico de este cargamento es colosal. Con el precio del kilo de calamar promediando los 11,30 euros en las góndolas del mercado minorista europeo, el valor final de venta al consumidor final se catapulta hasta los 427 millones de euros. Traducido a la moneda estadounidense, el negocio global del calamar extraído en esta primera etapa del año representa una masa de riqueza de 499,4 millones de dólares. La corona se financia con recursos argentinos.

Los millones de dólares en juego representan un factor clave en la geopolítica del Atlántico Sur por tres razones esenciales:

El entramado comercial demuestra una aceitada "operación de pinza": el Reino Unido actúa como el administrador que comercializa derechos sobre aguas en disputa, mientras que las firmas de Galicia aportan la tecnología naviera, la logística de frío y el acceso directo al mercado de la Unión Europea (UE). Para los consumidores del viejo continente, el calamar patagónico es una delicatessen cotidiana; para la soberanía argentina, representa una fuga constante de recursos naturales legítimos.

A medida que las bodegas de los 16 barcos completan su descarga en los puertos españoles, el debate vuelve a instalarse en la agenda pública suramericana. Las cifras de esta primera campaña de 2026 demuestran que la disputa por Malvinas no se juega únicamente en los foros diplomáticos de las Naciones Unidas, sino, de manera fundamental, en los balances comerciales de las grandes potencias pesqueras globales. (Crónica)

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