Recordando

Leyendas urbanas que llegaron a Río Gallegos

Lo intangible también se recuerda. Cuáles fueron las historias que llegaron a la capital de Santa Cruz en los ´80 y ´90 que pasaban de boca en boca. Adaptaciones e historias propias de un folclore que ya no existe.

A la ciudad llegaron varias leyendas adaptadas.
A la ciudad llegaron varias leyendas adaptadas.
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Como cada sábado en esta sección recordamos un poco del Río Gallegos del pasado. A veces vamos muy atrás en décadas, otras no tanto. Lo que es cierto es que desde un tiempo a esta parte además de haber mostrado los diferentes barrios de la capital santacruceña, hemos ido un poco más allá y en algún punto hemos sido rupturistas, no solo nosotros sino Uds. también. La historia sobre los videoclubs, el Cine Carrera o las salas de Arcade han ganado su espacio propio en el medio gráfico impreso. Pero, ¿qué podríamos recordar hoy de Río Gallegos que vaya todavía más allá de lo esperable? Y surgió la idea de las leyendas urbanas. Se trata de aquellas anécdotas que todo el mundo contó o escuchó alguna vez, pero que jamás, hasta hoy, habían quedado plasmadas en tinta y papel.

Hoy por hoy con el acceso a internet y con la gente en su mayoría un poco más descreída, esta magia se fue perdiendo. Pero seguramente aquellos que hoy tienen más de 30 años recordarán aquellos años de los ´80 y ´90, cuando las historias algo mórbidas o misteriosas se pasaban de boca en boca. Una leyenda urbana nace como eso: Historias modernas de ciudades, que evocan una cuestión paranormal o mágica, pero siempre bordeando la realidad. Se trata de aquellas historias que un amigo del colegio juraba que eran reales porque “le habían pasado al amigo de un amigo” y que por algún tiempo se creyeron. En Rio Gallegos muchas de estas historias eran netamente adaptaciones de leyendas clásicas urbanas que fueron traídas por charlatanes, otras directamente inventadas acá o sencillamente nacían de la ignorancia y el temor.

 

Definiendo

Todas las leyendas comienzan con una historia trágica, mágica o romántica. Luego, existe un rumor popular que se encarga de transmitir la historia y hacerla evolucionar hasta generalizarla. Un factor en común que tienen todas estas historias es la universalidad. Hay cuestiones básicas y premisas que debe tener una de estas historias, siendo quizás la más importante la universalidad. Para que una leyenda funcione tiene que ser creíble tanto en Río Gallegos, en Buenos Aires o Nueva York. Y muchas de ellas hoy quedan olvidadas o casi sin registrar, solamente en la memoria de los vecinos, conocidos o amigos que en charlas de mate o café logran recordar esas cosas que creímos de chicos.

 

Historias de fantasmas

Una de las historias más clásicas de Río Gallegos tiene que ver con fantasmas. La figura del alma en pena que vaga por diferentes espacios acechando o asustando a los que se encuentran en este plano terrenal ha sido objeto de diferentes historias, tanto en la literatura como en el cine. Vamos, que se trata del nivel 1 de las leyendas urbanas. En Río Gallegos durante muchos años existió la creencia que en el viejo hospital de la ciudad, que se encontraba ubicado donde hoy está emplazado el Complejo Cultural, había fantasmas. Han sido incontables las historias –verdaderas o no- sobre trabajadores de las guardias nocturnas que escuchaban llantos, pasos o cadenas deambulando en los pasillos del viejo hospital. De hecho en el año 2012 se volvió viral un video en Río Gallegos, donde un supuesto espíritu deambulaba por el Complejo Cultural, algo que todavía se puede encontrar en YouTube y quedó desmitificado. En el año 2008 en el génesis de las redes sociales, surgió otro mito acerca de un supuesto llanto en una de las escuelas de la ciudad, algo que terminó siendo desmitificado cuando resolvieron que se trataba de una pequeña fuga en el sistema de calderas del lugar.

 

¿Agujas y tatuajes con droga?

Durante la década de los 90 y en plena pandemia de VIH, había mucha ignorancia sobre el tema. Con el correr de los años la información válida científicamente comprada supo avanzar y arrojar luz sobre el tema, pero los primeros años de la enfermedad de transmisión sexual hicieron que mucha gente descargara prejuicios y odio contra los pacientes positivos. Una de las leyendas urbanas que más se transmitió en Río Gallegos por esa época era la supuesta aguja infectada con VIH que se colocaba de manera malintencionada en asientos públicos o en teléfonos públicos. Sin duda la leyenda urbana más triste y que ejemplifica una década de ignorancia y prejuicios y que afortunadamente ya no existe.

Otra de las advertencias que solía escucharse en la ciudad –y que fue importada de localidades más grandes- tiene que ver con los chicles con supuesta droga. En aquel entonces existía toda una lucha contra el consumo de sustancias, que derivó en la creación de este tipo de mitos urbanos. Incluso algunos de los kioscos históricos de Río Gallegos fueron señalados por padres prejuiciosos por esta supuesta venta de chicles con estupefacientes. Algo alejado de la realidad y que suena hoy casi como una película cómica.

Una página en Internet posee información sumamente detallada sobre esta leyenda (Blue Star LSD FAQ). Según su autor, un grupo religioso tomó esta advertencia y la difundió a través de volantes. La leyenda comenzó a crecer y ya en 1987, la misma había ido transformándose en lo que es su forma actual (la versión en español a la que nos referimos, es casi una copia textual de un volante mucho más actual). Se le habían agregado referencias al contenido de estricnina, el nombre de "Blood Star" (que es una marca registrada de calcomanías y tatuajes autoadhesivos), y las ilustraciones de mariposas, payasos y personajes de dibujos animados.

Quienes han rastreado esta leyenda desde sus comienzos, aseguran que no existe a la fecha (más de diez años después), ningún caso documentado de niños que hayan recibido alguna dosis de cualquier droga, a través de tarjetas o tatuajes transferibles.

Una búsqueda en Internet sirvió para encontrar el viejo folleto que se pasaba de mano en mano durante aquellos años. "Es un pequeño pedazo de papel que contiene estrellas azules o puntos de colores, del tamaño de un borrador de lápiz, cada estrella está impregnada de L.S.D. La droga puede ser absorbida a través de la piel con un simple manejo de papel. También hay papeles semejantes a un timbre postal ilustrado con colores muy brillantes que tiene lo siguiente: Bart Simpson, Superman, Mariposas, Payasos, Mickey Mouse y otros personajes semejantes de Walt Disney.

 

Leyendas adaptadas

En Río Gallegos además de las específicas menciones de párrafos atrás, también hubo adaptaciones de historias clásicas de la época. Existen distintas leyendas que fueron adaptadas a las localidades, a fin de darle más realismo. Una de las más conocidas era la supuesta persona que luego de beber algo en un local nocturno, amanecía en una bañera llena de hielo y sin alguno de sus órganos. Había sido víctima de una supuesta red de tráfico. Hechos que se juran verídicos pero que jamás han sido chequeados o denunciados de manera real.

Otra historia que ha llegado a la ciudad es la conocida leyenda del taxista que, en altas horas de la madrugada, levanta a una pasajera vestida de blanco que no es más que el espíritu de una mujer fallecida. En Río Gallegos la adaptación tenía la variante que la pasajera pedía explícitamente la dirección de “Tucumán al fondo”, lugar donde se encuentra ubicado el cementerio local.

Para ir cerrando el artículo, ¿quién no ha escuchado historias durante los años ´90 relacionados al famoso “Juego de la Copa”? Aquella variante nacional de la conocida Ouija, en la que un grupo de amigos realizaban una sesión espiritista y debido a no “cerrar el juego” de manera correcta (una de las reglas era que se debía cerrar la sesión y evitar que se rompiera la copa), sufrían una serie de males y desgracias atribuidas al fantasma o demonio que habían invocado.

Atribuyen fantasmas al viejo hospital.

 

La Trifona

Se trata de una de las leyendas propias de Río Gallegos que sigue en el recuerdo, pero esta vez de los más grandes. Se trataba de una vecina del barrio El Puerto, a quienes muchos le atribuían cierta maldad para asustar a los más pequeños. Se trata de esas historias que utilizaban abuelos y padres para hacer dormir la siesta. Parte de la información de "La Trifona": Se llamaba María Smoyver, nacida en Punta Arenas (Chile), de descendencia yugoslava, hija de Lucas Smoyver y María Jadocich, “La Trifona”, como se la conocía, murió en el año 1972 a los 60 años, padecía artrosis cerebral. Sus prendas largas y sueltas, llena de anillos y collares sumado a que siempre estaba rodeada de perros, hizo que sea utilizada como una figura simbólica para asustar niños. Esto es algo que habla más mal de aquellos padres que de la propia Trifona.

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