En base a lo que el tiempo decide hacer con nuestro tiempo uno lo puede objetar, decidir tomar cartas en el asunto y elegir hacerse cargo de su vida buscando un respaldo o ayuda, en algunos casos no como fuere, pero definitivamente el tiempo va a pasar igual, quieran o no. Se puede sacar diferentes conclusiones de historias de vida, pero en esta oportunidad Beto Merino, el músico percusionista que se encuentra en Buenos Aires actualmente, nacido en Río Turbio y criado en Río Gallegos, en la actualidad está casado, con hijos, y viviendo una etapa en la que dijo no se puede quejar, en contacto con Tiempo FM en La Parada Primera Edición, donde habló sobre su actualidad y su historia, esa que lo llevo a buscar crecimiento, esa que empezó estudiando para perfeccionarse y encarar nuevos horizontes, poniéndolo a tocar gratis en la calle muchos años, soportando soles por $20 pesos (como dijo), de la mano del sacrificio para empezar a incursionar en grupos musicales, y sobre todo, lo que destaco el músico, el apoyo familiar es el que empuja para seguir dando los pasos más fuertes en donde en la actualidad está próximo a ser parte de cuatro recitales en el Gran Rex con Luciano Pereyra.
En la entrevista destacó sus principios, que aclaró ante la consulta si uno nace para un destino: “La vida se maneja con un perfil bajo, no se trata de ser mejor o peor músico, se trata de que sabes quien sos y el lugar que la vida te presenta se suma al esfuerzo que uno hace o no, pero el respeto es parte de una esencia. Hoy estoy tocando con Luciano Pereyra y Pimpinela, después pueden venir más o no, pero me parece que es sumamente importante tener los pies sobre la tierra y buscar no sacar ese foco, porque puede pasar cualquier cosa y uno tiene que seguir con sus principios, con músicos reconocidos o no”.
Ante un presente fructífero se consultó a Beto Merino sobre cómo maneja esta etapa de su vida, y expresó: “Estoy contento del resultado que se dio después de remarla durante tanto tiempo en un ambiente que es muy especial, no todo es tan simple. Yo estoy desde el 1999 en Buenos Aires, desde la idea de estudiar para perfeccionarme, jugármela sabiendo lo que significa quedarse acá, con el simple hecho de extrañar horrores Santa Cruz, es todo un tema en el que hay muchos que no pueden llegar a salir y de alguna forma uno los representa y para mí es un orgullo representar a mi provincia”.
Agrego que “hace ya cuatro años empecé a tocar con gente muy importante, como lo es Luciano Pereyra, el Chango Spaciuk, el grupo Los Pimpinelas, por decir algunos, con ellos aprendés mucho y te vas ganando un poco de respeto”.
El cambio de escenario
Es importante destacar la magnitud de lo que uno busca, no es salir a la vida por probar nada más, hay tener fundamentos para ese viaje, y pueden llevar a dejar de tocar en los espacios que ofrece la ciudad y romper algunas barreras, como explicó el músico: “Hice dos Luna Park con Los Pimpinelas, estuve en el Orfeo de Córdoba que es más grande; ahora tenemos el Arenas de Mendoza que tiene espacio para 8.000 personas y estamos por hacer el Gran Rex, era el teatro que me faltaba. Luciano se va a presentar en cuatro oportunidades a así que estoy más que contento”.
Cómo se llega a contactar y trabajar
con los llamados músicos grandes
Ese paso es el que se pasa mentalmente de forma mágica, donde muchos analizan el que uno toca con tal o cual músico porque es bueno en lo que hace y es el mejor, todos elogian el presente pero ignoran el pasado que llevó a ese momento, dijo Merino al respecto: “Todo va en el boca en boca, empezás tocando con uno que le cuenta a otro, otro te ve y se va haciendo un circulo del cual se tiene en cuenta el currículo que se va creando en lo personal del artista, te van convocando y cada vez se hace más fuerte el nivel de quien te convoca y genera la posibilidad de que alguno sea más conocido que otro, pero no dejan de ser músicos muy buenos todos que te van recomendando”. Para cerrar, algunas ilusiones de la procedencia de Dios en la capital de la Argentina, expresó: “Muchos piensan que Dios atiende en Buenos Aires y no es tan así, acá se trabaja como en todos lados y cuesta más. Puedo asegurar que hay músicos sumamente talentosos que tocan por $100 haciendo covers, porque no se abren las puertas, es muy difícil hacer música en serio”