Puertas abiertas

13/05/201700:00 ¿Sufriste una herida en alguna etapa de tu historia? No importa tu edad. Esa puerta abierta puede cicatrizar y convertirse en la marca de lo que viviste y ahora puede ayudarte a seguir adelante y ser un ejemplo de que es posible superarlo todo y ser una persona totalmente sana.
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Los seres humanos atravesamos cinco etapas a lo largo de nuestra vida. Podríamos compararlas con cinco estaciones de un viaje en tren en las que vamos bajando para luego subir y continuar a la próxima. Al llegar a destino, el viaje concluye. Veamos cuáles son esas estaciones:

 

La niñez

La adolescencia

La juventud

La adultez

La vejez.

 

Todos, sin excepción, tenemos que pasar por ellas pero algunas personas se niegan a seguir viaje hasta la próxima estación, porque se hallan a gusto en ese lugar y temen lo que podrían encontrar más adelante. Hay niños que no quieren dejar la infancia porque sienten que todos se ocupan de ellos; también hay personas que eligen ser eternos adolescentes y se comportan como ellos, aun cuando ya han alcanzado la madurez. Sin embargo, esto no debería ser así porque la vida es un continuo fluir de una estación a la otra. La vida es cambio permanente y es imposible quedar detenidos en una etapa. Cada una tiene su propio encanto, más allá de sus desafíos y dificultades.

 

Algo que sucede con mucha frecuencia es saltarse alguna estación. Hay personas que no tuvieron infancia porque durante los primeros años de vida enfrentaron la adversidad, como la pobreza que las obligó a tener que trabajar, o una situación de guerra, o un abuso. El tiempo en el que se suponía que debían jugar, pasear y disfrutar con sus amigos, ellos fueron obligados a convertirse en adultos de golpe.

 

Permanecer demasiado tiempo en una etapa o saltear una etapa, sea por la razón que sea, nos deja con una herida emocional que necesitamos cicatrizar. Una herida abierta es como una puerta abierta y nos impide madurar para avanzar en la vida.

 

¿Cuándo alguien se convierte en un joven? Cuando abandona la adolescencia e incorpora en su vida la noción de futuro. La juventud, y también la adultez, es la etapa de los proyectos, de los sueños, de la conquista. Quien está herido en esta etapa es incapaz de soñar y, muchas veces, puede en algunos casos caer en depresión. La vida no tiene sentido para esa persona.

 

Y por último llegamos a la quinta etapa de la vejez. Algunos creen que “su tren” está a punto de llegar a destino y que ya no pueden disfrutar; mientras que otros le dan un sentido y un valor único, porque entienden que es el tiempo de la sabiduría. La vejez suele tener mala prensa. La cultura equipara vejez con enfermedad e inutilidad. Pero lo cierto es que el fin de la vida no es la vejez, sino la muerte.

Aun en esta etapa podemos seguir soñando, planeando y disfrutando al máximo. Para lo cual, resultará muy bueno cuidarnos cuando todavía somos jóvenes para llegar plenos a esta última estación. La experiencia de una persona mayor vale mucho y es maravilloso poder compartírsela a las nuevas generaciones.

 

¿Sufriste una herida en alguna etapa de tu historia? No importa tu edad. Esa puerta abierta puede cicatrizar y convertirse en la marca de lo que viviste y ahora puede ayudarte a seguir adelante y ser un ejemplo de que es posible superarlo todo y ser una persona totalmente sana.

 

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a [email protected]



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Perfil Personal

Nació en el barrio porteño de Floresta. Luego de cursar la secundaria en los colegios Larroque y Mariano Moreno estudió Licenciatura en Psicología en la Universidad Kennedy. Es sexólogo clínico. Recorrió todo el territorio argentino brindando asesoramiento y capacitaciones.